“Yo creo que se salvó por un árbol”, asegura Sonia Crespo del Risco directora del centro educacional por más de siete años. “En la parte de atrás había uno grandote que estaba seco y sus ramas amenazaban con caer sobre las últimas aulas. Los vecinos en las asambleas de rendición de cuenta plantearon en varias ocasiones el peligro que ello representaba para los niños, hasta que atendieron el reclamo”.

Las visitas de varias autoridades del municipio y de la provincia advirtieron las condiciones de la “Vilo” y la dirección de Educación asignó un presupuesto de 2 800 pesos para su reparación y mantenimiento.

El 26 fue el puntillazo final

“Nosotros logramos hacer mucho más de lo previsto porque, por suerte, a Minas le correspondió ser la sede de las celebraciones por el 26 de julio y lo aprovechamos bien. Se impermeabilizó la cubierta de las 33 aulas y del resto de los locales, se puso la cerca perimetral, instalaciones eléctricas, se sustituyeron las 59 puertas y 224 ventanas, se azulejaron las mesetas, se sustituyó la cocina de leña por una de gas licuado y se pintó todo el centro; la hicimos nueva prácticamente.

Tuvimos al lado nuestro muchas personas que nos ayudaron, por ejemplo la directora provincial de Educación y el director municipal, profesores de otras instituciones, la brigada de la EPASE, entre otros. Desde enero hasta el 20 de julio fue una locura constructiva. Aquí se incorporaron muchas familias y todos los maestros, nadie más vino vestido de gala, todos de campaña. Yo todavía estoy prieta del sol”, aseguró orgullosa Crespo del Risco.


Aunque la parte constructiva fue lo fundamental, se cambiaron también las cajillas de las mesas en todo 4to, 5to y 6to grado. Se beneficiaron además con la instalación de un laboratorio con clientes ligeros y otras máquinas.

En siete meses la Juan Vitalio Acuña sufrió un cambio extraordinario, que benefició a sus 89 trabajadores docentes y sus casi 700 estudiantes, hijos en su gran mayoría de las mujeres trabajadoras de ese territorio camagüeyano, pues es el único seminternado de la cabecera municipal.

Quienes la viven

¿A quién no le gustaría estudiar, trabar o vivir en un lugar bonito y confortable?, por eso es fácil entender la alegría de los niños con su escuela nueva y la satisfacción de sus maestros.

Así le ocurre a Keyla Almarales Rodríguez, quien estudia en el quinto grado y le contó a Adelante de su asombro cuando llegó el primero de septiembre y encontró una realidad muy diferente a la que había dejado a inicios de julio. Semejante fue la experiencia de Betsy Hernández Días: “Me encantó como la arreglaron, la dejaron bonita, hasta le hicieron acomodos a la plaza José Martí y a las áreas deportivas.

Por su parte Jessica Sifonte Pérez, también del 5to, advierte sobre la necesidad urgente de cuidar todo aquello “no podemos dejar que la rompan ni le escriban las paredes”, afirmó.

“Yo soy fundadora de este centro”, nos dice María del Carmen Varela Chacón, maestra de 2do grado. “Doy clases aquí desde hace 32 años y puedo decirle que las condiciones de ahora son mejores a las que tenía cuando se terminó por primera vez”.

“Nos dio tanta satisfacción ver el resultado, pues todos trabajamos muchísimo, incluso de noche. Todavía no hemos terminado, queremos embellecerla más, mejorar la jardinería y sembrar árboles. Todo este esfuerzo debe reciprocarse con mejores clases y conducta intachable de nuestros alumnos”, expresó Madelaine Peláez de Loyola, guía del colectivo y profesora de educación física.

Da gusto ver la alegría de niños y maestros, ahora, como ellos mismo reconocen, deben cuidar lo logrado y no desatender el mantenimiento sistemático de la instalación. Solo así el deterioro no volverá a ser la carta de presentación de la Vilo.

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