La planta es otra desde el año pasado, cuando concluyó la modernización de su tecnología. Solo los equipos transportadores del grano siguen viejos. Tal disparidad no permite sacarle el máximo al novedoso equipamiento, pero según afirmó Luis Ramírez Villalobos, jefe de producción, “si la materia prima no falla y aquí no ocurre un imprevisto de marca mayor, procesaremos las más de 34 000 toneladas de cereal en cáscara planificadas para el 2015”.

Con 104 trabajadores pendientes de la calidad a costo de sus salarios, las máquinas de la reconocida marca brasileña, Zaccaria, deben proporcionarle a esta industria del municipio de Camagüey una molienda como hace décadas no se logra.

UN NUEVO “CÁNDIDO”

Las nuevas tecnologías permiten, según explicó Miguel Ángel de la Cruz Ayubí, especialista de procesos, cumplir con la voluntad del Estado y del Grupo Agroindustrial de Granos de mejorar las normas de calidad del arroz destinado al consumo de la población.

“Se eliminó la de un 40 % de los granos partidos en un saco de 110 libras y se disminuyó la del 30 %, para aumentar la del 20%, algo que sin dudas será muy bien recibido por el pueblo”, opinó Miguel Ángel.

Una de las nuevas ventajas resulta la obtención de la harina del salvado, que antes salía junto a las cáscaras desechadas. Ahora este alimento, útil para la alimentación de cerdos y aves, se recoge aparte y se destina a las granjas estatales de la Empresa Agroindustrial “Ruta Invasora”.

Las inversiones alegraron mucho a Bárbara Fernández Domínguez, técnico del departamento de control de la calidad. “Antes no era fácil hacer los análisis de rendimientos, pero con este probador de muestras, que es como un molino en miniatura, procesamos en 45 segundos 100 gramos del grano, y así examinamos todos los parámetros que ayudan a la industria a obtener buenas producciones”.

Los tres lustradores fueron noticia incluso para el experimentado Miguel Ángel. Él siempre escuchó que el arroz ligaba con el agua solo en la olla, pero no en el proceso industrial. Pero sí, estos equipos utilizan el líquido por aspersión y con unos 20 litros son capaces de limpiar cuatro toneladas del grano en el día.

El pesaje de los vehículos que trasladan el arroz hasta el molino figura como otra fortaleza después de la inversión. El montaje de una nueva báscula digital, que en una tara máxima de 80 toneladas da un margen de error de 10 kilogramos, le facilita la labor a Juan Bautista Martínez Santana, jefe de la base de silos, quien se ocupa de pesar y de comprobarle in situ el peso de su carga a cada cliente. Esta fiscalización, según Juan Bautista, le sirve para proteger el cereal desde la misma entrada de la materia prima.

¿NOVEDAD Y EXPERIENCIA? ÉXITO

Con más de tres décadas de explotación esta fábrica enfrentó esta reparación casi capital con un personal experimentado y, sobre todo, comprometido con su labor. Los salarios mensuales que promedian en un rango de 500 a 600 pesos pueden mejorar de cumplirse con las producciones, gracias a la Resolución 17 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

Aun sin desdeñar los ingresos Vifredo Recio Aldabó, ayudante molinero, agradece las mejoras. “Los conos que teníamos eran americanos, de 1953, si no me equivoco, por eso el polvo aquí era mucho. Ahora hay muchísimo menos polvo y aquí en los pulidores todo es más cómodo: controlo todo mediante botones”.

Leonardo Estrada López, estibador, acumula ocho año de faenas en el molino. Para él la técnica y el tesón hacen la fórmula para durar en un oficio tan duro. “Aquí se gana bien, pero el trabajo siempre es bravo, pero no es tanto de fuerza como de maña. Hemos tenido compañeros de trabajo de 300 libras de peso corporal y no han durado ni una semana”.

Si para Leonardo lo más difícil es el “burreo” (como le llaman a estibar sacos de una pila hasta el camión), para su compañero, Yosvany Martínez Muñiz, “todo es difícil: acomodar las tongas es lo que más me gusta, porque soy curioso y además porque es muy importante, si queda mal hecha te puedes hasta matar a la hora de bajarla”.

Tres turnos de producción con jornadas de doce horas cada uno describen por sí solo a esta industria como una de las más intensas de la provincia. Eso bien lo sabe Rafael Sánchez Martínez, encargado de la limpieza. Gracias a sus 23 años él puede bajar y subir las escaleras de los cuatro pisos de altura que conforman al “Cándido”, y limpiar con aire a presión el polvo de tuberías, paredes y ventanas.

Luis Ramírez Villalobos, jefe de producción, informó que las inversiones continuarán. “Este año deben incorporarse a nuestra jurisdicción cuatro silos refrigerados con capacidad de unas 1 500 toneladas, cada uno. Para que todo funcione iniciamos la construcción de las bases de concreto que sostendrán modernos equipos de traslado del arroz para los otros 24 graneros, ya en uso y acoplados al molino”.

Baches. El camino cuando una se va del molino está plagado de baches, pero ya uno no piensa en caos, le duele que la calle no combine en lo más mínimo con la agroindustria, pero hasta allí, por la mente no pasa ni una sola sombra después de ver cómo mejoran el plato principal de las mesas camagüeyanos: el arroz.

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