Este colectivo de producción arrocera tiene la responsabilidad de cosechar cada año gran parte de las semillas del popular cereal que se sembrarán en las provincias de Ciego de Ávila, Las Tunas y Camagüey. En la última campaña, por ejemplo, “El Cenizo” excedió en más de 12 000 quintales el plan previsto, para lograr el mejor rendimiento productivo de la provincia.

Si usted le pregunta a Mario García Ojeda, administrador de la UBPC, cómo logran tales resultados, siempre responde: “Con la entrega y disciplina de los muchachos”. Y es que el promedio de edad de los 120 trabajadores no supera los 34 años, número que desciende aún más dentro de los que se vinculan directamente al surco.

Para García Ojeda, la clave del éxito de esta unidad radica en la confianza que hemos depositado en los jóvenes. “En cuanto terminan el politécnico los buscamos y les mostramos las virtudes de trabajar la tierra, les explicamos que el cultivo del arroz es tarea difícil, pero también trae grandes beneficios monetarios. Al inicio siempre dudan, pero cuando se recoge la primera cosecha ya están convencidos. Aquí usted los ve por todos lados y apoyando cualquier tarea, tal parece que no se cansan.

“Hace más de un año la dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas en el municipio detectó que el comité de base estaba deprimido, eran solo cuatro militantes, pero había potencial para congregar a otros. Entonces le dimos la tarea a Yunior Rodríguez López, el Secretario, que tratara de involucrar a todos los que reunieran las condiciones”.

Hasta los extensos campos de arroz llegó Adelante Digital en busca de los “famosos muchachos”. Confieso que por el camino me imaginaba un grupo de jóvenes rozando los treinta años —aparentando cuarenta—, quemados por el sol, arrugados, descuidados y delgados de tanto trabajar. Pero vaya sorpresa que me llevé al descubrir debajo de los sombreros de guano rostros veinteañeros, de “cejas sacadas”, pelados extravagantes y hasta algún que otro piercing.

Giraldo Coto (24 años) y José Enrique Rodríguez (26), después de secarse el sudor y preguntar si habían salido bien en las fotos, nos contaron sobre su desempeño dentro del colectivo.

“La mayoría de los segadores somos jóvenes, este es un trabajo duro, pero bonito. Nuestra labor empieza cuando preparamos el campo, lo limpiamos; después le sigue la siembra y el ciclo se acaba tres meses después, con la cosecha. En ese tiempo no nos podemos separar de las diez caballerías que ‘te tocan’. Hay que estar pendiente de que no se abra un dique, que ‘las mojas’ se hagan con calidad en el tiempo adecuado y velar que no crezca hierba en el campo. Tenemos un salario básico de 520 pesos, pero al final de la cosecha nos pagan ‘primas’ de alrededor de 60 000 pesos. Uno ‘se faja’, pero ve los frutos del trabajo, así sí se puede”, afirman estos entusiastas jóvenes.

A Yunior lo encontramos a la hora del almuerzo, nos esperaba despojado de su ropa de faena. “Me dijeron que estaban tirando fotos y corrí a cambiarme”, dijo antes de que le preguntáramos algo. Lleva nueve de sus 27 años como jefe del Lote 7A, un terreno de alrededor de 190 hectáreas al que dedica todo su tiempo y sacrificio.

“El antiguo director, Michel Ballarte, fue el que empezó a traer a recién graduados y gente joven, nos enseñaron ‘las cositas’ del arroz y nos dieron toda la confianza para trabajar. Ahora los resultados hablan solos, nosotros aquí ‘estamos como el arroz blanco: en todo’”.

—¿Cuánto has logrado al frente de la UJC en “El Cenizo”?

—Esa tarea no ha sido tan difícil, los muchachos siempre están dispuestos a trabajar en lo que sea. Hemos brindado horas extra para apoyar la zafra, construcción, y lo que nos pidan desde la dirección de la Cooperativa y la UJC provincial; sin embargo, nada más había cuatro militantes. En un año triplicamos esa cifra. Yo les digo que a ellos solo les falta el carné porque reúnen todos los requisitos, ya somos 12 y seguirán sumándose. Están muy motivados; el último año algunos ganaron hasta 150 000 pesos. Aquí se da un fenómeno poco habitual entre los arroceros; aunque ellos sean responsables de sus 10 caballerías no trabajan aislados, se agrupan y se ayudan.

—Parece un panorama perfecto. ¿No tienen dificultades o preocupaciones?

—Tenemos nuestros problemas; no hay electricidad en la UBPC y eso afecta el trabajo de oficina, la iluminación y el tiempo de descanso. Lo hemos planteado varias veces porque el tendido eléctrico pasa a cinco kilómetros de aquí. En ocasiones hay desabastecimiento de medios de protección que escapan a la gestión de la Cooperativa, aunque en estos momentos es estable.

“Otra cosa que podría mejorarse son los medios de transporte. Usted ha visto el polvo que se levanta en el camino, y un camión no es lo más adecuado. Por lo demás no hay quejas, la atención de la administración es constante, por ejemplo, en fechas como el 26 de Julio y el 31 de diciembre nos estimulan con 2 000 o 3 000 pesos y un módulo de aseo y alimentos. La verdad es que nos sentimos bien”.

Para quienes aún no encuentran la fórmula para hacer producir la tierra, “El Cenizo” es un buen referente. Allí, además de recursos técnicos, productos y semillas, la sangre joven marca la diferencia. Rompiendo tabúes trabajan estos muchachos, con el simple propósito de sacar de la tierra la prosperidad de sus vidas.

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