O sea, ahora mismo, los más de 100 trabajadores del Centro están inmersos en los dorados 25. Y, ¡qué bien los aprovechan sus hombres y mujeres! Cuando uno conversa con ellos siente la frescura de los jóvenes. No por la cantidad de personas entre los 20 y 30 años, sino porque la inteligencia da allí todo el verdor, todo el ímpetu propio de la juventud, que en definitiva es la actitud de grandes emprendedores de la historia.

POR DEBAJO DE LOS “TA”

Con menos de 30 años, en el CIGB solo hay 22 personas, que representan el 17 % del total de trabajadores. Que sean pocos sugiere el alto nivel de permanencia de los que no hace mucho tuvieron 20, y quedaron prendados por el trabajo en este lugar de ciencia. En la actualidad, la tendencia se repite.

“A los jóvenes se nos facilitan las cosas, porque los tutores nos apoyan mucho. Yo estuve de prácticas en otros lugares, y nunca me trataron mejor que aquí, por eso no dudé en vincularme con el Centro desde la Universidad. Apenas graduada me ubicaron directo en la producción, y me tocó dirigir; aunque no me gusta, he tenido que asumir varios cargos, en los que también he aprendido”, declaró Arlenis Alfaro Martínez, quien se desempeña como jefa de producción con solo 28 años.

Leosbel Pedroso Reyes es otro atrapado por la profesionalidad del CIGB. Él se graduó de técnico de nivel medio en electricidad industrial. Trabajó unos meses antes de pasar el Servicio Militar Activo; culminado ese período quiso volver al Centro. La única solución viable, dado que había perdido su plaza, fue sacar una patente de trabajador por cuenta propia y contratarse. “Aquí tuve mis mejores prácticas. Me gustó la forma de trabajar y, además, como hay tantos equipos, uno adquiere mucho conocimiento”.

Josué García Parrado se graduó en el 2013 de ingeniero eléctrico, pero el CIGB le puso como reto una labor de controles automatizados. Su tesis de licenciatura se basó en la automatización del secador, equipo que vuelve sólido al bionematicida HerberNem. Este producto ecológico, eficaz en el control de gusanos parásitos en las plantaciones, garantiza exportaciones a Camagüey; por tanto, es casi obvio el interés de los científicos por Josué, y lógica la decisión de este de iniciar su vida laboral en ese sitio.

“El centro es una escuela, no solo por lo que aporta a la especialidad que uno estudió en la Universidad, sino porque la exigencia te lleva siempre a dar el máximo de ti. Todavía estoy en adiestramiento, pero como desde el departamento de ingeniería se maneja prácticamente todo el Centro, he aprendido un poco de todo”, dijo.

25 Y MÁS

El ingeniero químico Carlos Pérez Heredia tiene 29 años, de ellos 11 dedicados al CIGB. Y como prueba de lo acertado de su elección me explicó que en los últimos cinco años solo dos jóvenes han abandonado el lugar. “Sin deseos de ‘muela’: los jóvenes de aquí tenemos un compromiso muy grande con el trabajo. Ganamos por encima de la media (1 300 pesos fue el promedio por trabajador en el 2014), pero no priorizamos eso, porque hay quien con menos esfuerzos percibe más que nosotros. El amor a la profesión, el crecerse como científico: esa es la prioridad”, comentó, y enseguida agradeció la ayuda brindada por el colectivo, en especial la de su profesor Nemecio González Fernández, especialista principal del grupo de Desarrollo.

“Oiga, pero que no sea tímido y diga que ya es Master, y quien enseña es él”, dijo risueño Nemecio, quien, ante el agradecimiento de Carlos y Yunier Paneque Díaz, otro ingeniero químico, enfrascado en la última etapa del HerberNem, añadió enseguida: “Cuando los jóvenes tienen interés de aprender es excelente trabajar con ellos, porque dan esa energía que lo impulsa a uno a enfrentar con ánimo cualquier reto”.

En la unidad de cultivo de células de mamífero, hace siete meses que trajina Laura Gómez Porto, ingeniera química de 23 años. “Me siento feliz de llevar tan poco tiempo de graduada y participar en la obtención de la proteína que actúa contra el virus que provoca la Peste Porcina Clásica (cólera porcino). Las pruebas aplicadas han sido exitosas, y en los próximos años debemos entrar en la fase de ensayo clínico. Me siento bien, y no solo por el éxito profesional, también por las buenas relaciones con mis compañeros”.

El CIGB está lozano. A los 25 años muestra una mezcla efectiva de experiencia y juventud que lo puede llevar adonde se lo propongan sus trabajadores. Del ingenio de estos camagüeyanos han salido creaciones como la vacuna contra la garrapata del ganado bovino (Gavac), exportada hacia varios países de nuestro continente.

Pero no cesan de crear. Preparan para el 2016 un ensayo clínico para patentizar una vacuna contra el cáncer de próstata; avanzan en las investigaciones para la obtención de vacunas contra el cólera porcino y la enfermedad hemorrágica del conejo.

Indudablemente el CIGB atraviesa su época de ampliar fuerzas. Sobran ejemplos de audaces entre los 26 años y los 32; en ese lapso etario estaban los fundadores de Google, HP, Sony, Nike, Ebay, entre otras empresas exitosas de las últimas décadas. ¿Quién sabe si en un futuro cercano a estos camagüeyanos, llenos del vigor propio de los que triunfan, también les toque el alcance mundial? Grandeza no les falta.

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