CAMAGÜEY.- La maestra intentaba calmar a Victoria, la miraba con dulzura mientras pasaba la mano por la cabeza de la adolescente, quien lloraba casi en silencio para que los muchachos que estaban en el patio de la escuela no se dieran cuenta. La experimentada profesora estaba muy molesta con aquel grupo de cobardes que la esperaba en el aula.

“¿Se puede saber por qué molestaron otra vez a Victoria?”

Tardaron en responder. Se miraron inquietos. Hasta que por fin alguien dijo: “Porque no es como nosotros”.

No importa el nombre real de la protagonista de la historia, ni la escuela o el municipio. El relato bien pudiera reflejar las vivencias de niñas, niños y adolescentes que conocemos y que, incluso, pudieran formar parte de nuestra familia.

La violencia es, en ocasiones, una acción condicionada por el miedo a lo incomprendido o una reacción de repudio a lo que queda fuera de lo asumido como “normal” o “bien”.

Educar para el respeto a la diversidad y favorecer conductas hacia la igualdad no es solo una frase de moda. Entendemos en ella las claves para superar el acoso escolar o bullying, que aunque no constituye una tendencia en la sociedad camagüeyana, no se puede negar su existencia.

SOBRE EL PIZARRÓN

El acoso escolar o bullying es un fenómeno que puede afectar de igual forma a niños y adolescentes. En estos últimos tiene connotaciones más peligrosas aunque al igual que los pequeños, comienzan con un cuadro de rechazo escolar, decaimiento y poca comunicación con los familiares. Por lo general no hablan fácilmente de que están siendo víctimas del acoso, explicó a estas reporteras Raidel Antonio Hernández Rodríguez, psicólogo del departamento de Salud Mental perteneciente al Policlínico Centro, del municipio de Camagüey.

“Los adultos casi siempre los traen a consulta porque los notan extraños, retraídos, que han cambiado sus intereses y sus hábitos, y no quieren ir a la escuela cuando antes tenían buenos resultados académicos. Son frecuentes los reclamos de ‘cámbiame de aula o de escuela’ o ‘no me gusta estudiar’”.

En conversación con varios niños y adolescentes pudimos comprender que este es un fenómeno que, tal vez por conductas heredadas, se legitima y se tiende a minimizar; de hecho no manejan los términos de acoso o bullying, para ellos son solo “bromas pesadas”.

Para Liusvany es solo un juego entretenido con el que ‘coge pa’eso’ al que se pone más bravo o al más ‘infeliz’. “En la escuela eso es una diversión. No creo que mi forma de molestar a los demás pueda llegar a causar un problema grave”, confesó el estudiante de primaria.

Así mismo piensa Roberto, quien además nos comentó que en séptimo grado lo sufrió en carne propia. “Llegué a sentirme un poco fuera del ambiente porque los más grandes me gritaban y se metían conmigo todo el tiempo. La cosa cambió cuando un primo mío comenzó a defenderme. Poco a poco salí de las burlas y ahora no niego que me presto para eso, pero es que si no la haces, te la hacen”.

Las situaciones de acoso pueden darse por muchas y diferentes razones: tener una apariencia física diferente, provenir de una zona rural, la situación económica, la manera de hablar, la tecnología a la que tiene acceso, ser disciplinado y aplicado, por la inclinación sexual, entre otras, apuntó la también psicóloga del mencionado departamento, Olga Pérez Ganfong.

“Uno de los casos que más recuerdo —apunta Raidel— es el de un muchacho que lo acosaban en la escuela porque se vestía diferente y desentonaba con la media del grupo, ostentaba vestuario caro, calzado de marcas y celulares. Ellos no solo marginaban a los que por su poder económico no podían tener todas esas cosas, sino que hacían burlas, hostigaban, y algunos llegaron hasta la agresión verbal, por suerte no llegó a la física, aunque pudo porque los muchachos o muchachas ante el acoso se defienden, o en otros casos viene el intento de suicidio”.

Aseguran los profesionales que es muy importante que la familia y los docentes estén atentos para diagnosticar a tiempo cuando sucedan hechos de este tipo, pues deja importantes secuelas a corto y largo plazos.

BRÚJULAS

Tanto para atender casos de acoso escolar, como cualquier otro que tenga relación con la psiquiatría o la psicología, están a disposición del pueblo los Departamentos de Salud Mental, afirmó a este equipo el Doctor Pablo Hernández Figaredo, coordinador provincial de Salud Mental.

“En cada municipio hay uno y en la capital provincial contamos con cuatro. Somos, junto a Santiago de Cuba, los únicos que tenemos departamentos por distrito. Para ser tratado allí no necesita turno, ni referido, es solo ir. Esa es la primera de las puertas y la más fácil; además en cada policlínica hay un psiquiatra, y no podemos dejar de mencionar al médico de la familia”.

En la detección y prevención del bullying pudimos corroborar que son los mencionados departamentos los que llevan la delantera. Esos equipos de trabajo realizan un diagnóstico de sus escuelas en cada curso escolar y a partir de las carencias y situaciones detectadas, preparan a los docentes con herramientas que les permitan identificar síntomas e imparten temas de interés para educadores y estudiantes.

DOS CLAVES

1. Escuela

No debemos olvidar que es la escuela la encargada de la formación integral de las nuevas generaciones y el espacio por excelencia para lograr que desde edades tempranas las personas aprendan a relacionarse entre sí sobre la base del respeto.

Para prevenir y enfrentar el acoso escolar es importante que los docentes tengan presente que desde cualquier asignatura, a partir de las potencialidades de su contenido, se puede tocar el tema. Hay que abordarlo claramente, y enseñarlos a comunicar cuando son víctimas de violencia de cualquier índole.

Es importante para este empeño utilizar adecuadamente el Reglamento Escolar del Ministerio de Educación (Mined). Desde ese marco hay posibilidades para que la escuela, así como los profesores y estudiantes, identifiquen estas situaciones en espacios como asambleas de grupos, de destacamentos, de brigadas, y cumplan con lo establecido.

Artículo 6, inciso d. Refiere que es responsabilidad del directivo de cada escuela, de conjunto con su Consejo de Dirección, «crear las condiciones que garanticen el máximo desarrollo de las capacidades mentales y físicas de los estudiantes, la formación de una cultura cívico-ciudadana (…), así como la protección a la salud de los escolares».

Artículo 12 En lo relativo a la relación entre el estudiantado, plantea que «tienen la obligación de practicar la cortesía y el respeto mutuo» y ejemplifica con el saludo, el uso del lenguaje correcto sin emplear apodos ofensivos o bromas groseras que hieran el prestigio personal y social, entre otros aspectos.

Artículo 15 Alude a que el alumnado debe «manifestar una conducta sexual responsable» y aboga por el cumplimiento del Reglamento de Salud.

Artículo 16, inciso a En relación con el personal adulto refiere que «son derechos comunes a los estudiantes (…) recibir un trato cortés y respetuoso por parte de los trabajadores, docentes y Consejo de Dirección».

*Fuente: Educar para la igualdad, una propuesta para la prevención y atención educativa de la violencia de género en el contexto escolar, de un colectivo de autores cubanos.

2. Familia

Independiente de las responsabilidades que tiene la escuela, el seno de la familia y su influencia en la formación de la personalidad son insustituibles. De allí que sea tan importante que desde casa se eduque a los hijos en el respeto a la diferencia, en la aceptación, y a valorar las cosas materiales en su justa medida, no ponerlas en el centro de nuestras vidas, porque si en el hogar se hace culto al “tener” y no al “ser”, el niño lo asume y lo lleva a las áreas donde socializa. Tanto infantes como adolescentes incorporan mitos y estereotipos, como los de identidad de género y racialidad, por ejemplo.

Desde edades tempranas, los padres tenemos el reto de enseñar a nuestros muchachos a aceptarse como son, si flacos o gordos, bajitos o altos, con el cabello rizo o lacio, etc. No todo nos queda bien a todos, ni tenemos por qué ser iguales. Y para su educación y formación, los valores y principios no pueden pasar de moda.

Cuba se encuentra desde hace muchos años entre los países que menos situaciones de violencia escolar vive, según estudios regionales e internacionales. El reto para educadores y padres, para la sociedad toda, es que esa realidad no cambie y para ello no podemos quedarnos con los brazos cruzados.