CAMAGÜEY.-Las muchachas y muchachos de la Empresa Militar Industrial Mayor General Ignacio Agramonte Loynaz, conocida popularmente como Planta Mecánica, desafían el trabajo. Prefieren dejar para después cualquier otra tarea que los distraiga, recreativa o no. Para ellos lo primero es cumplir con los planes de producción.

Los dirigentes juveniles y políticos de esa potente industria no exageran sobre ese particular, es la máxima seguida allí por la nueva generación, quizá teniendo en la mente la sentencia martiana.

Dijo el Apóstol: “La juventud ha de ir a lo que nace, a crear, a levantar a los pueblos vírgenes, y no estarse pegada a las faldas de la ciudad como niñotes que no quieren dejarle a la madre el seno”.

Tras pasar el umbral de la gigantesca industria, erguida como un monumento al trabajo en la Circunvalación Norte, cualquier persona que la visite sentirá adentrarse en un mundo mágico.

La organización, limpieza y laboriosidad se dan la mano, con el influjo de un sector mayoritariamente joven. .

Yissel Jaime Rivero, secretaria del Comité Unión de Jóvenes Comunista (UJC) en todo el enclave, es la guía del recorrido por tres de las seis fábricas. Quedó el compromiso de volver. No había tiempo para más. A cada paso se perciben las huellas de Fidel. En dos ocasiones estuvo allí. En la del 27 de noviembre de 1988 vino a inaugurar esta joya de la industria mecánica.

EN ESTRUCTURAS METÁLICAS

La mayoría de los que trabajan en esta fábrica son jóvenes. El más viejo posiblemente sea Rodolfo Lodeiro Nieves, jefe de taller, quien rompe la conversación caracterizando el universo laboral, como de un amplio sentido de pertenencia. Y resaltó: “Trabajan intensamente”.

Tras las caretas de los soldadores se esconden rostros jóvenes. Están enfrascados en elaborar moldes para que en el sector de la construcción puedan producirse bloques, lozas, anillas, techo, en fin, para los ambiciosos programas de viviendas.

De este colectivo salen los colectores de basura, no solo para Camagüey sino para todo el país, los llamados Ampiroles y cuanto demande la economía. Están enfrascados en terminar próximamente un nuevo prototipo de sembradora de frijoles.

Leonardo Bermúdez Núñez tiene 25 años. Hace cinco que está en este predio. Es de los que piensa que en Planta Mecánica hay muchas posibilidades para los jóvenes desarrollarse. Llegó como graduado de técnico de nivel medio en electrónica. “He aprendido cosas que antes no sabía. Ejemplo: trabajos de pailería”.

Como no quiere quedarse estancado, Bermúdez da los primeros pasos para en el próximo curso iniciar en la Universidad Ignacio Agramonte, de Camagüey, la carrera de ingeniería mecánica. El ruido de los metales va quedando atrás en la medida que nos acercamos a la espaciosa fábrica de transformación de madera.

DE ARTE PLÁSTICA A CARPINTERÍA

Yusdel Estévez Viamontes, graduado de la especialidad de Artes Plásticas, de la escuela Vicentina de la Torre, entró aquí a través del Servicio Militar, sin saber qué era una carpintería. De ese oficio conocía solo por lo que había escuchado hablar.

El ruido agudo de la sierra interfiere un poco escuchar a este hombre, de 25 años, de ellos cuatro inmersos en el mundo de la madera. Supo ganarse un lugar como jefe del equipo de donde salen modeladas las piezas.

“¿Cómo logro aplicar el arte? Con la capacidad que tengo del dibujo para mi es más fácil lograr las cosas”, aseguró, mientras dijo que fabrican puertas para los hoteles y mencionó, a renglón seguido, la composición del colectivo, formado por 79 trabajadores, 15 militantes de la UJC, 7 del Partido Comunista de Cuba y el acompañamiento de 10 mujeres, con una buena remuneración salarial.

Yasvany Abad RaveloYasvany Abad RaveloEn el arranque hacia la productora de candados, la guía presenta a Yasvany Abad Ravelo, jefe de producción. Sobre sus espaldas, con solo 29 años, descansa la responsabilidad de garantizar puertas para la inmobiliaria Almest y sustituir importaciones, también para suministrarlas a Comercio Interior, y parles, pactados con la industria exportadora de piña de Ceballos, en Ciego de Ávila

—¿Cómo te sientes aquí? Articuló dos palabras que dicen mucho: “Muy bien”, dándonos paso para observar el proceso de acabado de las puertas y hablar con Enrique Quezada Quiroga, uno de los operarios que incorpora el sellado transparente, otro de color amarillo y finalmente el blanco. Salí del “verde” y vine para acá. Me siento bastante bien. Aquí los jefes tratan adecuadamente a los trabajadores”.

¿CANDADOS?

Por un lateral de una espaciosa nave, muy cerca de un chucho ferroviario por donde llegan las materias primas y salen los productos terminados, se accede a la fábrica de candados, una inversión reciente, de tecnología de punta y donde los jóvenes han tomado de a lleno la producción de ese dispositivo de seguridad.

Sorprende cómo, con un mínimo de personal, las piezas que conforman los candados salen en minutos de las modernas máquinas hacia el área de ensamblaje. Manos diestras, de muchachas y muchachos, dan  continuidad al proceso hasta el llegar el artefacto a la pulidora, listo para comercializar.

Lisdeisy Gómez OliveraLisdeisy Gómez OliveraLisdeisy Gómez Olivera, con apenas tres meses en la fábrica, se ha vuelto una experta en poner los cierres y las tapas a los candados. “Me siento bien y el trabajo me gusta”.

Los trabajadores de más de 35 años de edad de la planta están convencidos de aquella cita de Martí: “(…) quien se alimenta de ideas jóvenes vive siempre joven”.

Y es así, porque, cito nuevamente al Héroe Nacional: “La gratitud, como ciertas flores, se dan en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes”.

De ahora a que la planta cumpla 30 años de fundada por Fidel, en noviembre próximo, nuevas páginas de heroísmo escribirán los más experimentados y los que dan continuidad a los sueños de Fidel, reflejados también en la memoria de Raúl.

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