ESMERALDA, CAMAGÜEY.- “Las regalé todas. Hay que ayudar a las personas en momentos difíciles como estos y por eso no dudé en aportar lo que tenía”. Así responde Aroldo Hernández,  un esmeraldense de 72 años, cuando le preguntan por qué obsequió las más de quinientas palmas para la construcción de viviendas.

Lo encontramos sentado en su ranchón con una sonrisa de guajiro noble, de esos al que todos aprecian. Aroldo es grande y fuerte, tosco. Es de las personas que hablan alto y les gusta hacer reír.

“Aquí a mi finca vinieron varias autoridades del territorio a comprarme las palmas que el ciclón había tumbado y les dije rotundamente que no. Insistieron y me explicaron que las querían para construir casas a la población y les volví a decir que no —cuenta mientras ríe pícaramente. Así los tuve un ratico hasta que les expliqué que en este tiempo de necesidades yo no vendía, que si querían las tablas se las regalaba, pero no aceptaba ningún peso”.

Esa broma ayudó a que muchas familias tuvieran hoy donde vivir.

Según Aroldo, aún quedan en pie cerca de 45 palmas, que de ser necesarias también las regalaría.Según Aroldo, aún quedan en pie cerca de 45 palmas, que de ser necesarias también las regalaría.—Si las hubiese vendido, ¿de qué cantidad de dinero pudiéramos hablar?

—Bueno, ahora las cobran por ahí como a seis pesos la tabla. A cada palma se le sacan dos trozos y a estos a su vez 15 tablas. Ahora multiplique 180 pesos por 500 palmas      —sonríe— ¡Eso es dinero! Pero en lo que hay que pensar ahora es en lo que necesita el pueblo. Esta es mi forma de ayudar.

Muchos lo tildaron de loco, pero siempre les respondía: “Todo lo que tengo es gracias a la Revolución y hoy me tocó ayudar a mi gente. Pa’ qué venderlas si yo por eso no me voy a volver ni más rico ni más pobre”.

Las cuchillas empleadas para pelar las palmas pertenecen también a este campesino que ha dedicado toda su vida a trabajar la tierra.

“El destrozo de Irma fue grande. Me afectó todo el plátano, un aguacatal y me mató tres animales, pero nosotros somos más fuertes que cualquier ciclón. Tenemos una mejor arma que el viento: la unidad”.

EL MEJOR MATERIAL PARA CONSTRUIR

A doce integrantes de la CPA Celia Sánchez Manduley, del municipio de Carlos Manuel de Céspedes, les dieron la tarea de levantar dos hogares para damnificados, uno en la comunidad Aguacate y otro en Jaronú. A solo tres días de continuo trabajo, ya estos nuevos hogares están casi listos para entregar.

“Las viviendas están compuestas por un portal, sala, cocina-comedor, dos cuartos y un baño. Con los recursos en nuestras manos las terminaríamos en cuatro o cinco días, pero a veces demoran en llegar las tejas o el cemento para el piso”, explica Reinaldo Fernández Pérez, quien es el jefe de servicio al frente de la CPA.

El grupo trabaja todos los días sin descanso de seis de la mañana, cuando los recogen en su municipio y los trasladan hasta aquí, hasta pasadas las cinco de la tarde.

“La disposición de la gente fue enorme para venir hacia acá a ayudar. Dejamos a un lado nuestros problemas y todos dimos el paso al frente. Anteriormente la experiencia que teníamos era en la recogida de escombros, pero es la primera vez que nos enfrentamos a una tarea como la de construir”.

—Y entonces, si no tienen experiencia, ¿cómo pueden levantar una casa con tanta calidad?

—Sencillo. Tenemos un carpintero y un albañil, además de los instrumentos y conocimientos básicos, pero lo más importante y el principal material que nos enseña a levantar es la solidaridad y las ganas de ayudar al pueblo.

AGRADECIDOS DE POR VIDA

“Vivíamos en este mismo lugar y desde la vivienda del vecino donde nos evacuamos, pude observar como el ciclón “desbarató” todito mi rancho. Me entregaron la nueva hace alrededor de una semana. La de ahora está mucho más fuerte que la anterior, mi techo era de guano y ahora tengo tejas de fibrocemento, además de otras comodidades”.

Así dice muy contenta Yainde Andino González. Ella es de la comunidad de Lombillo, pero lleva viviendo en Aguacate con su familia casi veinte años. Fue la primera en habitar una casa entregada por el Gobierno en dicho lugar.

“Nos dieron la facilidad de pagar por descuento. El precio no llega a los cinco mil pesos y con mi trabajo en el campo lo puedo pagar muy cómodo”, agrega Pavel Eduardo Moreno Acevedo, de 39 años y dueño del hogar que construyó un contingente de la CPA de Najasa.

La pareja comenta que poco se pudo recuperar de su anterior domicilio. Al caerle el techo arriba a lo demás, la mayoría de las tablas se partieron al igual que las ventanas, solo dos puertas se pudieron reutilizar. Sin embargo, ahí apareció la mano amiga de Aroldo, todos conocen que sus casas salieron del patio del vecino.

“A ese hombre lo estimamos mucho por aquí, porque siempre está ayudando a los demás. Yo, por ejemplo, en la construcción de mi hogar ayudé en lo que pude porque conozco ‘un mundo’ de vacas y tractores, pero en la albañilería estoy bota’o. Ahora tengo una mejor vivienda, estamos a la espera de la loza sanitaria y del tendido eléctrico que también será nuevo. Más feliz no puedo sentirme porque de ver mi casita completa en el suelo a tener este ‘casón’, vaya, puedo decir que la Revolución y su gente me han salva’o”.

Estas son solo algunas de las tantas historias que podemos encontrar de visita por Esmeralda. Muchas son las familias que ahora duermen más seguras, como también hay otros gigantes como Aroldo por ahí, escondidos en silencio, que se crecen ante las dificultades.

  Estas casas serán entregadas a aquellas familias que sufrieron derrumbes totales, priorizando siempre a los casos sociales. Estas casas serán entregadas a aquellas familias que sufrieron derrumbes totales, priorizando siempre a los casos sociales.