CAMAGÜEY.- Todavía las rachas de Irma dificultaban transitar en bicicleta, y el sol se escondía por momentos, como si no quisiera enfrentar la destrucción dejada por el huracán. En muchos puntos, árboles y cañadas entorpecían el paso por la carretera que une a los poblados de Minas y Senado. Fue entonces cuando los trabajadores de la Unidad Empresarial de Base número 28 Leopoldito Martínez, una de las granjas avícolas del municipio, se dijeron: “es ahora o nunca”.

Luego de la noche más “larga” del 2017 el panorama era como para desalentar incluso al más optimista. Costaba encontrar incólume alguna de las veinte grandes naves con que cuenta la unidad: la mayoría habían perdido buena parte de sus techos, y dos secciones de una de ellas se hallaban en tierra, como arrasadas por una bomba de alto poder.

“Ahí está el tronco del pino que el ciclón le tiró encima. Entre todos lo cortamos y corrimos para allá alante. Es grandísimo, ¿quiere verlo?”, me pregunta José Armando González Castellanos, el económico del centro. Vistiendo “ropa de campaña” y botas de goma parece un obrero más. Como todos en “La 28”.

Desde hace tres semanas allí no es posible distinguir entre jefes y subordinados. Apenas las condiciones meteorológicas lo permitieron, todos se embarcaron en la tarea de recuperar cuantas tejas se pudiera, y proteger a las cerca de 48 000 gallinas ponedoras que en ese momento se encontraban en la unidad. Fue un esfuerzo titánico para el pequeño colectivo de cuarenta trabajadores, muchos de ellos afectados en persona por el huracán.

“Teja que salvamos fue teja que enseguida volvimos a montar. Cubiertas nuevas solo hemos tenido que poner en el edificio administrativo, en una de las naves y en la que le enseñé del pino”, detalla José Armando. Antes, en los tres o cuatro primeros días de recuperación, se hizo habitual el tendido de grandes mantas sobre las estructuras que soportaban los tejados. El objetivo era evitar que las altas temperaturas y la lluvia diezmaran a las aves.

“Gracias a tantos desvelos se nos murieron menos de novecientos animales”, resalta Lourdes Saavedra, la veterinaria. “Nadie que haya visto el estado en que quedó ‘La 28’ después del ciclón se atreve a creerlo, pero es así. Era un panorama que partía el corazón. Tanto, que cuando cayó el primer aguacero después de Irma, en mi casa yo empecé a llorar”.

Para el renacimiento de la granja se han sumado muchas voluntades; entre ellas, las de una docena de guantanameros que en las últimas dos semanas han ayudado en todo cuanto se necesite. Tal es el caso de Germán Ramírez Ramírez, uno de los responsables de que la nave número 20 hoy luzca casi exactamente igual a antes del 8 de septiembre. “Estas secciones hemos tenido que hacerlas casi desde cero, resanando los cimientos y montando nuevas vigas y columnas. Es como una inversión para ampliar la granja… solo que quien nos la impuso fue Irma”.

El techado completo de otras edificaciones también son muestra del paso de la comitiva oriental, que llegó a Camagüey con una única misión: ayudar a la Empresa Avícola agramontina en su recuperación. Basta llegarse a “La 28” para ver cuánto han cumplido. Tanto, que en los próximos días las aves volverán a adueñarse de las naves que Irma pretendió dejar por tierra.

Para noviembre deben estar en funcionamiento todas las naves de la granja 28. En su recuperación se han empleado muchos de los recursos que Irma trató de arrebatar.Para noviembre deben estar en funcionamiento todas las naves de la granja 28. En su recuperación se han empleado muchos de los recursos que Irma trató de arrebatar.

NI UNA NI MIL IRMAS

A dos kilómetros de la carretera que conduce a Nuevitas se levanta el “Multiplicador”, el único centro de la provincia dedicado a la producción de “cochinatas” (cerdas paridoras). Cada mes, 187 de ellas —ya con seis meses de vida— deben ser entregadas a la Empresa Porcina de Camagüey para su distribución a productores estatales y del sistema de convenios. En el mismo período también deben aportar otras 383 crías —entre machos y hembras “de rechazo”.

“Nosotros somos algo así como una fábrica, y las fábricas no pueden parar”, sentencia Jesús Alejo Lozano, el director.

De hecho, no lo hacen. Incluso en medio de la noche del ciclón en sus corrales cinco cerdas tuvieron sus partos con absoluta normalidad, y en los días siguientes ni la falta de electricidad ni los daños en el almacén de pienso y otros locales pudieron impedir que el plan del mes se mantuviera en el campo de las metas posibles.

“En septiembre no le llegaremos, pero nos quedamos cerca. Y le doy un anticipo, entre finales de octubre y comienzos de noviembre estoy seguro de que podremos cumplir todos los indicadores del año. Lo que quede hasta diciembre lo dedicaremos a contribuir para que el país se recupere más rápido de Irma”, agrega.

A horcajadas sobre un caballete, Rafael Hernández Landín sabe que no se trata de palabras huecas. Desde hace semanas para él han quedado a un lado las actas del sindicato, del que es secretario general en el centro. El único leitmotiv de su existencia es cada día recuperar algo nuevo, da lo mismo si es algún techo o unos cuantos sacos de alimento que el temporal mojó. Lo mismo sucede con todos sus compañeros de trabajo. “No hay quien no sepa lo que significa el ‘Multiplicador’ para la provincia y lo importante que vuelva a estar a plena ‘máquina’. Aquí no creemos en ciclones, ni en una ni en mil Irmas”.

Ni siquiera en las condiciones “de excepción” que vive el “Multiplicador” se descuida la atención de los animales.Ni siquiera en las condiciones “de excepción” que vive el “Multiplicador” se descuida la atención de los animales.