CAMAGÜEY.- Con los hermanos Sánchez Prieto es imposible una conversación breve. La mía —una hora con treinta minutos— no fue la excepción, y es que David y Dasmián hipnotizan al reloj con historias protagonizadas por la esencia de sus obras: el vidrio, la estética y la iluminación. Ambos transforman, desde su taller Daluz, la claridad en significados, en colores vítreos y en ambientes acogedores como si se tratara de alquimistas de la luz, mas su quehacer los ha definido simplemente como vitraleros.

El acercamiento a ese oficio ocurrió hace más de 15 años cuando, junto a varios amigos, iniciaron una aventura confeccionando lámparas. La primera no quedó como esperaban. “Tomamos el molde de un caldero y encima le pegamos varios trozos de cristal con gasolina y poliespuma. Fue un desastre total”, contaba Dasmián, de profesión ingeniero civil.

Sin embargo, David, graduado de arquitectura, me explicó cómo la constancia resultó siempre una buena consejera que impulsó sus metas: “No sabíamos cortar el vidrio, desconocíamos las técnicas, las herramientas y los materiales más apropia-dos para su realización. El ser principiantes era una desventaja, pero nunca nos rendimos: viajábamos contra viento y marea a La Habana con el fi n de documentarnos y nos convertimos en aprendices totales del método de la prueba y el error”.

Una oportunidad para beber de la ex-periencia fue el surgimiento del colectivo artístico Huellas de Vidrio, que radicó un tiempo en la Logia de la Perseverancia. En el proyecto, destinado al rescate del vitral en Camagüey, los hermanos intervinieron en distintas labores comunitarias como la aproximación de esa manualidad a niños de la escuela Emilio Luaces y la restauración gratis de lámparas a la población. Luego, llegó el momento de enrumbarse por completo al mundo de la vitralería.

Debutaron en el restaurante del Hotel Santa María, solicitados por la inmobiliaria de Turismo, con la instalación de dos obras de tres metros de ancho por 1,74 de alto. En la primera, representaron imágenes de iglesias de la ciudad y, en la segunda, el Centro de Eventos Santa Cecilia y la Casa Natal de Ignacio Agramonte. “Cierto día nos contó un trabajador del sitio que unos visitantes después de subir las escaleras, cansados y sin ánimo, aplaudieron emocionados tras apreciarlos”, dijo Dasmián, quien jamás olvida esa alegría.

Al encargo del hotel le sucedieron nuevos éxitos como el de la colocación de los vitrales de diseño minimalista en el telecentro provincial, el del Ballet Folklórico de Camagüey y la ambientación del Hotel Encanto La Sevillana. En ese inmueble inmortalizaron tres escenas típicas de la región española: en el recibidor recrearon a dos bailarines de flamenco, y en los interiores a una mujer de esa tierra recostada en un balcón y a un torero en plena faena.

Entre tanto, los hermanos crecían “sobre la marcha”, algunas de sus viejas prácticas eran sustituidas, a veces, por descuidos ocasionales. Aún sorprendido, David narró cómo un día el aserrín para limpiar sus creaciones se mojó por casualidad, pero “lo agradecimos con el alma porque cuando lo utilizamos, más tarde, el resultado fue positivo”.

De la música clásica y del quehacer de los Sánchez Prieto conversamos largo rato. El tema principal de esta mezcla “absurda” fue la encomienda de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey (OHCC) para materializar los tres vitrales de la sala de conciertos José Marín Varona, inaugurada el 22 de julio.

Los hermanos, como sincronizados en una sola idea, refirieron: “nos guiamos por el diseño neogótico de la arquitecta Yaxelys González Carmenates, el cual significó un reto porque no habíamos trabajado con anterioridad tonos fríos como los verdes y los azules y, además, teníamos poca experiencia en la confección de formas geométricas. Cuando los vimos la noche de apertura de la sala, observamos también el regalo espiritual a nuestro es-fuerzo”.

Como en un ejercicio de abstracción, los vitraleros me trasladaron hasta su taller Daluz, situado en Javier de la Vega entre la Avenida de la Libertad y calle Cuba. Ante mí desfilaron el cautín, el cortavidrios, el alicate y la destreza para darle forma a vigas de plomo, casi con las mismas técnicas empleadas en el Medioevo. Ellos me confesaron cuánta concentración requieren para que “todo salga”; la paz que genera el nacimiento de una obra, pero como verdaderos alquimistas, conservaron el secreto de cómo llevar la luz, primero al vitral y luego al alma.

David elaborando de uno de los vitrales para la Sala de Conciertos José Marín Varona.David elaborando de uno de los vitrales para la Sala de Conciertos José Marín Varona.

Uno de los atractivos de la Sala de Conciertos son los tres vitrales situados en la capilla.Uno de los atractivos de la Sala de Conciertos son los tres vitrales situados en la capilla.

Dasmián ultimando detalles en el Telecentro de CamagüeyDasmián ultimando detalles en el Telecentro de Camagüey

Una de las obras, en la entrada del Hotel Encanto La Sevillana.Una de las obras, en la entrada del Hotel Encanto La Sevillana.