SANTA CRUZ DEL SUR, CAMAGÜEY.- Jorge González Betancourt lleva unos cinco años trabajando la artesanía. Sus formas de hacer arte son poco comunes en Santa Cruz del Sur. La tarea le lleva tiempo, pues como él mismo dice, tarda un promedio  de alrededor de tres días en terminar una obra. Practica la técnica solo con un cuchillo y alguna que otra sencilla herramienta. Su materia prima: el coco.

“Yo era albañil y trabajando en una casa, me topé una palomita pequeña de cerámica. La miré varias veces y le dije a mi compañero que yo la podía hacer. No sé, la idea surgió así de repente, como un reto, una simple gracia”.

“Cuando llegué a la casa todavía tenía en la mente el pajarito. Me atreví y logré entonces una humilde réplica de aquella figurita. Recuerdo que al terminar los amigos me lo celebraron tanto, que insistieron en que hiciera otras cosas. Apenas realicé la segunda estampa, me di cuenta que me gustaba y tenía cierta gracia para este tipo de arte. Decidí entonces dedicarme a ello por completo”.

Este santacruceño posee un conocimiento empírico que lo refleja en sus obras. Todo lo trabaja a “puro ojo”, pues no pinta o fotografía lo que quiere hacer, se apoya solo de la naturaleza. Nunca ha recibido clases de ningún tipo, sin embargo, es un ejemplo viviente de que con el “don” se nace.

“La casa de la cultura Olga Alonso, del territorio, es de mucho apoyo. Siempre me ayudan con lugares donde exponer mi trabajo. Aquí todos lo reconocen y siempre quieren que vaya por más, eso me gusta y me siento como otro de la familia”, agregó Jorge mientras nos explicaba los detalles de sus figuras.

Pelusas del coco que aparentan pelo de animales, cáscaras duras que asemejan peces, picos, alas e incluso barcos, llenan toda una mesa de exposición como si fuera la vida marina, tanto dentro como fuera del agua. Rayando la realidad, pero desde la naturaleza, este sencillo hombre confiesa que no piensa incursionar con otros elementos, sin embargo, asegura que de hacerlo sería siempre desde la madre natura.

“En mi familia no hay ningún artesano, pero tengo su colaboración. A veces paso un poco de trabajo a la hora de hacer más figuras porque se pierden algunos elementos que utilizo. El principal es el acetato (pegamento) y una sola pieza puede llevar mucho. Yo mismo busco los materiales porque no todos los cocos me sirven. Cuando los recojo ya tengo pensado lo que voy a hacer”.

Su fantasía llega incluso más allá pues, nos explica, mientras miramos lo ya hecho, que siempre está buscando cosas y dibujos en cualquier lugar, como en las paredes, los árboles, el cielo. El nivel de imaginación que vive en su interior hace que se confunda con un niño.

Jorge nunca ha expuesto sus obras fuera de su municipio. Incluso, rara vez las vende a precios caros.

“Quizás algún día pueda exhibirlas en una de esas bellas salas que veo por la televisión, ese es mi sueño, por ahora me concentro en perfeccionar la técnica y aumentar el número de piezas”, agregó el artífice.

El nivel de detalle en las obras de Jorge resalta a la vista de todos. Confundir la realidad no es nada nuevo cuando se miran sus creaciones. Pensar que esas tortugas, aves o barcos fueron alguna vez frutos de algún cocotero resulta difícil. Con él se cumple a la perfección la máxima de que el arte está en cualquier parte.