Con 15 años dentro del movimiento de hip hop tiene mucho que contar y esclarecer. La visibilidad en aumento de las mujeres en el arte evidencia que esta sociedad patriarcal no es inamovible como se cree.

“Es una cultura machista por excelencia, porque siempre fue de los hombres. La mujer llega al rap como acompañante, porque el novio, el hermano, el amigo… o por curiosidad. Cuando nos dimos cuenta de que por nuestras venas pasaba esta sangre de la calle, porque es una cultura urbana, de los de a pie… había cosas que nos llamaba a que hiciéramos.
 
Te hablo de grafiteras, bgirls o bailadoras, djs, mc. Estamos visibilizando a la mujer, no ocupando el lugar que nos corresponde, que me merezco o que tienes que darme. No. Siempre estuve, lo que no me viste, pero ahora me estoy dejando ver, ahora quiero que sepas que estoy”.

- Al rap se le cuestiona lo cubano…

- Lo recibimos de los Estados Unidos y lo aplatanamos. Como cubanos somos rebeldes, consecuentes, directos. Nuestra verdad es diferente a la de otros países que ahora mismo están haciendo esta cultura, que defienden lo mismo pero desde otro punto de vista. El arte siempre denuncia, llama la atención a lo mal hecho, y la cultura hip hop te da los elementos para combatirlo o transformarlo. El hip hop es revolución, y sobre todos las mujeres dentro de esta cultura porque somos madres, creadoras y tenemos el don para poder decir suave, pero que llegue.

-¿Cómo describes los pasos del discurso femenino dentro del género?

-El discurso de la mujer hoy difiere bastante del de las anteriores, de cuando los noventa en Santiago de Cuba y Pinar del Río, porque el hip hop no comienza en La Habana. Mujeres hay bailadoras, son de Camagüey, pero ahora están en La Habana. Camagüey para mí tiene los mejores bailadores. He visto mucha calidad desde los Simposios de Hip Hop Cubano, de los que soy fundadora. Siempre han estado en la vanguardia del baile.

-¿Viene contigo desde el barrio la esencia de lo itinerante?

- En el 2009 fundé el proyecto En mi barrio, en Casa Blanca, La Habana,de donde soy, para ir a distintos lugares a dar la cultura hip hop desde dentro, enseñando que el hip hop trasciende los cuatro elementos ortodoxos.

- ¿Cuál ha sido su experiencia de teatro hip hop?

- Parte de la base stanislakiana, del teatro dramático, utiliza el espacio urbano, el real, y es más performático, como un happening, porque todos son parte de lo que está pasando. Lo hemos hecho en solares, en esquinas y el vecino ha sido parte y el actor guía dentro la improvisación. Es riquísimo, como la rumba, con un discurso, una forma de qué quieres defender y mostrar; es lo mismo que está pasando con el discurso femenino y feminista. No es qué digo, sino cómo y por qué.

- ¿Cómo anda el asunto del estereotipo?

- Lamentablemente el ser humano se va más por lo que ve que por lo que escucha, y hay un estereotipo del rapero. En cambio, has visto nuestra diversidad y eso defendemos. Cada quien expresa visualmente cómo piensa, como es y casi siempre es consecuente con lo que piensa y defiende. Mi nombre artístico es La Cimarrona porque no estoy atada a nada. Soy libre de decir, de hacer, de ser, de verme como quiero. Que cada hombre sea libre en su espíritu, pero en su comportamiento y su físico. Cada quien tiene un flow (una forma de ser y hacer) distinto, pero eso implica que el mío sea mejor que el tuyo, son buenos los dos.

- Pero La Cimarrona es mucho más…

 -Yo defiendo mi raíz afrodescendiente, mi cubanía, mi bandera. Vine a esta tierra a dar el don de hablar, para llevar con suavidad un pensamiento directo, suavecito llega mejor, se asimila y se acepta. Yo soy una negra más clara. Ahora mismo estoy denunciando la esclavitud, no la soporte. Si hubiera nacido en aquella época eso hubiera sido terrible, seguro la santa Inquisición me hubiera quemado; el primer quilombo lo hubiera hecho yo, el primer palenque lo hubiera creado yo; el primer latigazo me lo hubieran dado a mí porque me parece injusto que alguien tenga que esclavizar a otro, o esa autoesclavitud por la moda o tantos motivos. A las desgracias le doy las gracias, porque trajeron a mis ancestros.

“Si me preguntara qué le regalaría a un niño o una niña cuando nace. Mi respuesta sería contundente: la bandera cubana, para que la lleven consigo siempre porque esa es tu identidad, tu país, tú. La ley de la energía te dice que naciste aquí. Nací en esta isla que es mía, y nadie me la va a quitar”.

- En tu cuerpo llevas otro símbolo, ¿por qué un tatuaje del Che?

- Ernesto Guevara siempre me acompaña. Me identifico con él. Lo conocí a los cuatro años cuando mi papá me lo presentó. Nací en el '66. Él muere un año después. Y a los cuatro años pregunté quién era, por una mirada que vi en una imagen que encontré. Mi papá se sentó y me descubrió, me presentó, me dio a beber el pensamiento del Che Guevara. Inconscientemente fue algo que me marcó y vino conmigo en mi historia de vida. Esa imagen va conmigo.

“En mi correo soy cimarrona67 porque a partir de su muerte yo tenía que ser guerrillera, siento que estoy comprometida con su pensamiento, con lo que hizo que yo soy la continuidad, quizás, con lo modesto que puedo hacer a través de la cultura hip hop y de mi proyecto comunitario, que voy a los lugares intrincados, dono bibliotecas donde no hay ese servicio, hago conciertos, cinedebates, trabajo con los niños y adolescentes. Lo hago por mis medios porque mi proyecto es independiente, pero trabaja con las instituciones, para crearles sentido de pertenencia con el pedacito de tierra donde están. Me meto a hacer lo que quiero con la anuencia del que vive allí.

“Él va a prevalecer siempre en todo lo que sucede revolucionariamente hablando, del progreso y del desarrollo del ser humano. Ernesto va conmigo siempre porque también es mi papá, quien sí lo conoció y estuvo pegado a él. Para mí él es un ser humano, un espíritu que está acompañando mucho lo que estoy haciendo. Me siento guerrillera por él”.

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