Pocos estudiantes se veían en el lugar. Fue algo así como una pifia, organizar un chequeo de emulación en la SEPMI, como se le decía entonces al hoy Centro recreativo cultural Casino.

La incomodidad de Fidel fue más que evidente. En el intercambio con los anfitriones preguntó: ¿Cuándo puedo reunirme con las muchachas y los muchachos? La respuesta recibida resultó categórica: Mañana.

Al otro día, a la 1:35 de la tarde aparecieron en el horizonte los vehículos de color negro, de uno de los cuales descendió el Líder Histórico de la Revolución, en medio de la alegría de los estudiantes y profesores de la institución, formada de profesionales del sector de la salud.

Leonor Porto era estudiante de cuarto año de la carrera de medicina. Recuerda como si fuera hoy, la noche fallida del encuentro.

“El consejo de la FEU, del que formaba parte, estaba reunido en una de las edificaciones en construcción de la rectoría y en eso apareció Fidel. Nos preguntó qué hacíamos, le enseñamos la maqueta de cómo iba a quedar la universidad, pero no le gustó el hecho de que estuviéramos solos allí, sin la presencia del resto de los estudiantes.

“El interés de él era acercarse a los jóvenes, hablar con ellos, preguntarle sus intereses, qué pensaban, cuáles eran nuestros planes y aspiraciones. De todo eso nos preguntó en un minuto, fue un torbellino de preguntas”.

LLORÉ MUCHO AQUEL DÍA

Antes de contactar con los estudiantes y docentes en la escalinata de entrada al comedor, Fidel recibió una pormenorizada información sobre la micro localización de las áreas destinadas a las instalaciones deportivas, entre ellas la piscina, para la práctica de la natación. Luego recorrió los dormitorios y un aula, donde se encontraban estudiantes de primer y segundo años de estomatología en compañía de profesores.

Como colofón, Fidel dialogó en la cocina con los trabajadores encargados de elaborar los alimentos y se produjo el momento anhelado por aquella muchedumbre: el intercambio de tú a tú desde la escalinata de acceso al comedor.
Me parece estar viendo a Leonor conversar con Fidel y abrazándolo junto a u pecho ante la presencia de sus condiscípulos.

Casi veintinueve años después vuelve a llorar. Es una mujer que se conmueve fácilmente, más cuando tiene que referirse a Fidel. Graduada de médico aprobó después dos especialidades: la de medicina general integral y geriatría y gerontología. Más reciente alcanzó la categoría de Máster en Ciencias en Longevidad Satisfactoria, conocimientos revertidos en sus pacientes en la sala F del hospital clínico quirúrgico “Amalia Simoni”.

“Si te acuerdas lloré mucho aquel día. Fue realmente emocionante. Nunca pensé que me fuera a pasar a mí. Todavía me conmueve. Es un recuerdo grato. Él es un hombre con una personalidad impactante, carismático, inteligente, además, es cálido en su dialogar, agradable, no es impositivo en la forma de pensar. Siempre te da margen de expresar lo que tienes dentro.

“Me preguntó sobre la carrera, de cómo me iba el estudio universitario y después que terminó de hablar conmigo, conversó con el resto de los estudiantes de una manera muy abierta durante casi dos horas”.

La suerte la persigue. Amalia Simoni fue el primer hospital inaugurado por Fidel en Cuba, después del triunfo de la Revolución, acontecimiento acaecido el 27 de noviembre de 1959.

“Fíjate la historia es caprichosa. Es un recuerdo grato no solo para mí , sino de todo el personal del hospital. Eso lo atesoran en su corazón, aunque muchos de ellos no hayan estado en ese momento”.

No pudo contener nuevamente los sollozos. Acto seguido manifestó que en correspondencia con las ideas de Fidel en el campo de la salud es imprescindible “el buen hacer en el hospital, con mucho sentido de pertenencia y con pertinencia en el trabajo, con las altas y bajas que se dan en los centros.

“Como sabes, el hospital últimamente asume el enfrentamiento a eventos epidemiológicos y se trata de realizarlo con buenos resultados, aunque a veces haya que prescindir del trabajo de las especialidades. Todo el mundo se vuelca a la tarea con cohesión y unidad para que las personas se sientan satisfechas, felices y bien atendidas”.

Próximo a los 90 años del natalicio de Fidel cree que el mejor homenaje es hacer bien las cosas, con esos que crean los bienes y riquezas, orientándolos a mejorar la calidad de vida, que se revierta en mayor satisfacción de la población.

“Somos los que le curamos el alma en lo social, emocional y humano, en fin de cuentas, para que el pensamiento de Fidel se yerga como un monumento al humanismo”.

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