Una mañana lluviosa llegamos hasta su buró, en la segunda planta de un edificio de la Ciudad Escolar. En marzo próximo cumplirá allí 55 como contador de la Dirección Provincial de Educación. Con su tibio saludo y la primera confesión empezó a despejarnos el día.

“Los números nunca me gustaron. Yo quería ser maestro, pero mi padre era un español recio y dijo no. Somos cuatro hermanos, todos contadores. No éramos lo que le llamamos pobres, porque él tenía negocios, le ayudábamos desde muchachos y estudiamos gratis por la noche en la Escuela de Comercio. Con 22 años, la contabilidad me llevó la compañía americana International Harvest Company.”

¿Sueña con números?

No, pero tengo una facultad, retengo los números. Me dan un teléfono, y a la semana todavía lo tengo en la mente. Sí sueño con lo que me ha quedado por hacer. Nunca vengo con las manos en el bolsillo sin saber en qué quedé y dónde voy a continuar.

Entonces, ¿la contabilidad es buena para la memoria?

¡Cómo no! Además hago ejercicios de memoria. Me lo enseñó un viejito: “Mire un cuadro, fíjese en los detalles del paisaje, cierre los ojos, repita mentalmente las cosas y abra a ver cuál le faltó”. Lo hago de vez en cuando.

¿Cómo es un día de su vida?

Me levanto entre las cinco y media y las seis de la mañana. Busco el pan, la leche de los nietos, y a las siete ya estoy cogiendo la guagua, el camión o lo que sea para venir para acá. Aquí trabajo desde las ocho hasta las cinco de la tarde, con una hora para almorzar. A veces tengo que ir a los municipios por visitas, inspecciones, asesoramiento, metodología… y me quedo en albergues. Me adapto a todo. Sí me acuesto temprano. A las nueve ya estoy durmiendo.

¿Qué hay de su jubilación?

Esa palabra me molesta, me da picazón. Cualquier persona de mi edad, si se achanta, se bloquea. Tengo una vida muy activa. Coopero mucho en mi casa, pero no hago desarreglos ni en las comidas. Nunca he bebido ni fumado. No soy una gente peleona. Cuando no me gusta una cosa la digo y hasta allí. Me llevo bien con todo el mundo, y añoro mucho la juventud.
¿Por qué?

Por aquí han pasado muchos muchachos de la Escuela de Economía, para las prácticas, y son grandes personas. Todos los jóvenes son buenos. Los jóvenes de ahora no son como los de antes, pero no porque sean malos, es porque tienen otra luz más larga de la vida. Hay que atemperarse a ellos.

Se habla de los conflictos generacionales, ¿conoce el secreto de la convivencia?

Amanecer todos los días con deseos de vivir. Saludar a las personas, siempre acompañado de una sonrisa. Nunca doy la mano con la punta de los dedos. No codiciar nada, porque a mí todo me llega. Hacer mucho bien y ayudar al que te necesita. Muchas personas vienen buscando mi experiencia, se la doy con amor, no escatimo tiempo; si no puedo aquí, en mi casa.

Ya que Orgelio ha mencionado la casa, aprovechamos para entrar a su hogar, con la sospecha de darle en otra vena del gusto.

“Mi familia es muy chiquita. Tengo a mi esposa, un hijo, una nuera, dos nietos que adoro con la vida, una hermana y dos sobrinas. Tuve la suerte de tener un hijo de la vejez, porque él tiene 42 años nada más y yo tengo 84 y mi esposa, 76. Me atemperé a la juventud por eso. Mejor no lo quiero. Lo crié en esta época. De muchacho fue vanguardia nacional tres años seguidos, fue estimulado por la Organización de Pioneros. Estuvo 45 días en el extranjero como un rey, un viaje que no se lo hubiera podido pagar”.
¿Cuál es la ventaja de ser abuelo?

Que uno vuelve a ser más padre, y quiere más a los nietos. Mi hijo se pone celoso. Disfruto mucho a mis nietos, quisiera tener 20. También ellos me adoran; luego se me ponen bravos, pero siempre vienen a mis piernas.
Dicen que los abuelos le permiten cosas a los nietos...

Se las permito todas. Cuando los padres los regañan, no les quito la razón, pero no me gusta que lo hagan fuerte. Uno tiene 6 años y el otro, 11.

¿Cuál es su mayor deseo para los que vienen atrás?

Que sigan mi ejemplo, que no se defrauden, que nunca desmayen. Cuando tengan un escollo en el camino, traten de eliminarlo y sigan con esperanza. Así le hablo a mi hijo. Así estoy criando a mis nietos.

¿Ha sido su longevidad cosa de buena herencia?

Mi madre vino muy joven de España, se casó aquí y nunca volvió. Allá tengo tías vivas de ciento y pico de años. No las conozco. Yo soy de origen campesino. Nací en el Central Amancio Rodríguez. Iba a caballo a una escuela rural. Cuando tenía 14 años, mi familia se mudó para la ciudad de Camagüey, a trabajar en el comercio, y empezamos a luchar juntos.

¿Qué le produce la palabra Revolución?

Me produce un sentimiento de triunfo, de éxito, de alegría.

¿Cómo ve nuestro porvenir?

Muy claro. Hay escollos que ir eliminando, a veces exigimos más que lo que aportamos. Siempre veo un futuro bonito, bueno. Será porque no padezco de nada, ni me duele nada. Tengo mente positiva.

¿Cuál mirada le provoca este acercamiento con Estados Unidos?

Estoy muy esperanzado. Ellos tienen sus diabluras, pero nosotros tenemos personas conocedoras que saben cómo manejar las cosas. Todo va muy lento, porque tiene que ser así. No se va a cambiar nuestra ideología comunista, por mucha relación que tengamos con Estados Unidos.

A usted que ha visto tanto, ¿qué le disgusta y qué aplaude en el ámbito social?

Me maravilla cuando me dicen abuelo y tío, pero me molesta cuando me llaman puro. “Puro, esto…” y me hago el sordo. Me molesta la chabacanería, la grosería. En conversaciones cotidianas y en la calle, cualquiera suelta una palabrota. En cambio, en la guagua me ceden el puesto, personas de ambos sexos. Hay cierta educación y eso lo aplaudo.

¿Cuál es su mayor satisfacción?

Ser un buen ciudadano, honesto…
En ese momento de la entrevista llegó una de sus compañeras, apenada, mas Orgelio no la perdonaría si le privaba del saludo cotidiano.

¿Tiene buenos números para usted Educación en Camagüey?

Todo ha sido buenos momentos, porque las cosas malas han pasado, se han resuelto, se han subsanado. Pasa que la situación económica del país está muy presionada y quienes nos dirigen hacen lo que pueden, pero no todos cooperamos con ellos. Con mi salario, 601 pesos, me adapto. El dinero está difícil, porque la vida está cara, pero hay que saberlo economizar. Como viviré muchos años, nunca pienso en la muerte, ni digo “quiero morirme”.

La vida es un gusto, ¿y las otras preferencias?

Me gustan todas las comidas, nada me hace daño. Oigo mucha radio, veo mucha televisión; camino, salgo con mi hijo y mi nuera. Disfruto la música y quisiera ser joven para bailar reguetón, me encanta escucharlo. Era muy bailador, me pasaba la noche bailando y al otro día para el trabajo. Ya de viejo no bailo, porque se ríen mucho de los viejos, y de mí no se ríe nadie.

¿Cómo conquistó a su novia?

Me costó mucho trabajo porque era muy fiestero, y me botaban en seguida. Un buen día apareció ella, y ahí estamos hace 42 años. Ella dice que me ha soportado. Yo sí la he soportado, porque es peleona, maestra retirada, que todas terminan locas. Fíjese si le gusta la Matemática que, cuando repasa, siempre se le quema el sofrito.

¿Ha definido el amor?

El fenómeno más bello de la naturaleza es el amor y la mujer. Con amor se puede vivir muy bien. Hay amor para todo: para el trabajo, para la familia, para la pareja. Por eso doy un saludo amoroso, a la persona le destaco un detalle que se le vea bonito, con mucho respeto. El ingrediente de las buenas relaciones es el amor.

Así pensábamos terminar, con el buen signo de alguien que nació un 14 de febrero, pero Orgelio nos recordó la pregunta de las condecoraciones. Buscó seis medallas por su desempeño como alfabetizador popular, cederista fundador, metodólogo de contabilidad y por sus servicios a la Educación. Sin embargo subrayó como un gran premio nuestra visita.

Con gentileza nos llevó a la rígida puerta, que sabe abrir bien como “el hombre del Departamento”. Bajó las escaleras, que anda y desanda hasta cinco veces al día; en 54 años nunca se ha caído, por si acaso, ahora “es el dueño del pasamanos”. Entonces nos despidió con una certeza: “Seguiré trabajando mientras tenga capacidad; y si naciera otra vez, volvería a Educación”.

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