Muchos años de sacrificio y lejanía amparan el aval de los médicos antillanos que sin dudar llegan a lugares inesperados y totalmente distintos en lo que cultura, tradiciones e historia refieren.

Tal es el caso de los 130 colaboradores que se encuentran en Gambia, un estado de África occidental, el más pequeño del continente con sólo 11.295 km2, lugar muy seco y donde las temperaturas oscilan entre 19 y 44 grados Celsius. Hasta allí llega la mano amiga camagüeyana. pues Israel Toledo Díaz, es un colaborador que cumple más de dos años en esa nación y sin embargo tiene aún muy claro su propósito en ese lugar. Adelante tuvo la oportunidad de conversar con él vía internet para conocer sobre el trabajo cubano en tierras extranjeras.

¿Qué tipo de colaboración cumplen ustedes allá?

Esta es una misión humanitaria porque no es como las otras misiones en las que se hace un contrato y los otros países le pagan a Cuba, en este caso existe por supuesto el previo contrato pero sin que le cueste un centavo a Gambia, todos los gastos en cuanto a salarios los lleva nuestro país. Para nosotros, un día de trabajo comienza cuando nos levantamos bien temprano y a las 8 mañana empieza la jornada laboral que se extiende hasta las 4 de la tarde, aunque hay veces que un poco más, estamos hasta la hora que haga falta.

Respecto al tema de la seguridad: ¿cómo es allá este punto con ustedes?

La seguridad es muy buena, en cada casa hay custodios que nos protegen y cuidan nuestras pertenencias, no hay esa violencia extrema y vivimos muy seguros. En estos momentos somos de todas las provincias de Cuba y de Camagüey quince en total, pero en realidad funcionamos como una gran familia que nos cuidamos mutuamente y eso ayuda mucho en la distancia. De todas formas aquí las personas son muy religiosas y viven su mundo con sus creencias, las que por cierto, son varias. No se meten en problemas ajenos y son muy reservados.

¿Cómo es el lugar donde te encuentras?

Yo estoy en la capital Banjul en una zona llamada Kanifing, muy cerca de la playa y lugar turístico. Bonito sólo es la parte del turismo, realmente es un poco deprimente aquí, sobre todo los barrios y no hay calles asfaltadas, sólo las principales que comunica la capital con las demás zonas. Desarrollo poco para no decir ninguno, pobreza mucha. La cultura de ellos es muy rica en cuanto a religión, son todos muy serviciales y agradecidos. Un país muy bonito por su gente, pero todo lo contrario por su geografía, es la verdad.

¿Qué es lo que más te ha impactado?

Esta es una región con enfermedades endémicas como la malaria o el paludismo que es como el dengue que se transmite por la picadura del mosquito de la especie Anopheles, y eso me impresiona mucho. Hay también otras enfermedades comunes son la tuberculosis pulmonar, el SIDA, y prácticamente no se hace nada para combatirlas como en Cuba. La malaria ocupa el primer lugar como en el resto de los casi 106 países africanos donde el 90% de prevalencia de la enfermedad es común, produciendo alrededor de 500.000 muertes, especialmente en niños menores de 5 años. Ni parecido a eso estamos acostumbrados y me choca mucho vivirlo de cerca. Aquí en Gambia los medicamentos llegan como donativos de otros países específicamente para combatir dichas enfermedades con ayuda de la OMS por ser este un país tan pobre y sin recursos. Esta organización garantiza las drogas y por lo menos los que acuden a la asistencia médica se les da el tratamiento gratuito. El que acude a clínicas privadas es porque tiene mucho dinero pues todos los médicos aquí son muy caros.

¿Cómo son mirados los cubanos allá? ¿Los tratan bien o son rechazados?

Esta misión comenzó en el 1999 y precisamente fueron médicos camagüeyanos quienes la iniciaron y hasta hoy la población respetan, quieren y admiran a los profesionales de la salud y en general a los cubanos porque saben que sin ellos este país no hubiera subsistido. Hay un grupo de colaboradores que viene específicamente a impartir docencia tanto en el área básica como clínica y le dan clases a estudiantes de medicina y enfermería del propio municipio e incluso de otros lugares.

En el caso mío vine a dar clases de Farmacología, sin embargo el año pasado estuve como profesor metodólogo de la asignatura asesorando a médicos cubanos que iban a impartir clases a un pequeño grupo de estudiantes, y que Cuba asume directamente la formación de ellos con el nuevo modelo formativo cubano. Todo el tiempo el respeto fue enorme, nos cuidan mucho y nos quieren también.

¿Qué es lo que más extrañas de tu país?

Hermano se extraña todo, pero ese calor humano, esa alegría nuestra, ese pueblo que desde que se levanta es enfrascado en su cotidiano quehacer, pero siempre con el saludo al vecino o al amigo, eso se extraña con el alma; y de la parte espiritual es nuestra familia la que te pone a pensar todos los días, se extraña Cuba y en mi caso al querido y legendario Camagüey, como ese no hay otro. Estamos siempre muy pendientes de todo lo que sucede diariamente en Cuba. Antes de comenzar a trabajar se hace un matutino con todas las brigadas para dar cualquier tipo de información tanto de nuestro país como de todo el mundo, así no perdemos la conexión ni la realidad cubana.

¿Con qué crees que te puede marcar esta misión en la vida?

Con la cultura principalmente. Las mujeres aquí son objetos sólo para hacer los trabajos más y duros y difíciles desde niñas, eso para mí quedará por siempre porque venimos de una sociedad en que la mujer es lo primero y ocupa lugares inimaginables, aquí son marginadas y maltratadas. Otro punto fuerte es la muerte infantil, hay veces que se convierte en algo normal y común para ellos, se muere un niño y no pasa nada, no me pude ni me podré acostumbrar nunca, pues los niños son el relevo y la cantera futura de una sociedad. Por último la pobreza tan grande que padece la población en general y la cantidad de enfermedades existentes y que en nuestro país están erradicadas o son previsibles. Todo esto deja una huella muy profunda que queda para siempre, de eso no tengo dudas. Aquí es donde realmente me doy cuenta de la grandeza de mi pueblo.

Restan pocos días para que “Pacho”, como le dicen cariñosamente sus amigos, regrese a su patria. Dice que se torna más difícil de lo que imaginó porque duele dejar también cientos de amistades que sabe en muchos años o quizás nunca vuelva a ver. Pero su alma viene repleta de regocijo y placer al saber que sirvió al igual que los otros colaboradores en tierras ajenas. Viene con el nombre de Cuba en alto, otro hijo más de Camagüey.

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