Sin embargo al indagar por rollo de alambre la respuesta es otra. ¡Ah! Sí, el rastrero de Camagüey, ese hombre inquieto que no es “envolvente”, frase popular acuñada para personas demasiado vivaracha. Todo lo contrario: es afable y que le saca el zumo a labor que realiza.

La historia que le contaré tiene que ver con el cargador lateral de izaje de contenedores que recuperó con la ayuda de la Empresa Constructora de Maquinaria Industrial (ENMAI), perteneciente al disuelto Ministerio del Azúcar.

La versión más exacta de lo sucedido con el cangrejo, nombre que le han dado al equipo, la posee el ingeniero Nelson Vega Basulto, director de la Unidad Empresarial de Base Transcontenedores Camagüey, un legítimo dirigente que persuade al subordinado y lo lleva a comprender la importancia de sus obligaciones laborales.

Vega explica que el cargador nuevo asignado a ellos sufrió una avería, en la manipulación en La Habana; le aplastaron el chasis. Hubo un chofer que pidió recuperarlo antes de que pasara a mejor vida: la baja. En ese momento, hace nueve años, costaba 100 000 mil dólares.

“Lo trajimos desarmado dentro de un contenedor y en la ENMAI, a petición de los innovadores de nosotros le hicieron un trabajo muy bueno de pailería. La recuperación empezó con la totalidad de los aditamentos.

Es en realidad un aparato que no permite a los camiones permanecer cargados con los contenedores, los baja y cuando el cliente avisa que están vacíos, los recogen.

Perera acababa de regresar a la base, luego de cumplir con la descarga de unos contenedores en los almacenes de aseguramiento de SUFER (Suministros Ferroviarios) en la Circunvalación Sur, donde almacenan las piezas de repuesto, llegadas a Camagüey para la reparación de las locomotoras.

“Ahora yo liberé cuatro camiones en un momento y monté dos contenedores vacíos para atrás. De lo contrario el camión se mantendría parqueado allí a saber si dos horas a la espera de la descarga”.

Este procedimiento es empleado también con las cargas de materias primas para la fábrica de pastas largas, situada en el poblado de Senado, en el municipio Minas, bajo la estrategia de ir lleno y regresar lleno.

Perera, con 20 años comenzó a trabajar en Transcar como mecánico y al año y ocho meses cogió una rastra que él armó con ese espíritu emprendedor.

“Lo que tengo es porque me lo he ganado con el esfuerzo de mi trabajo y las cosas que suelto las dejó buena. Este mismo camión lleva conmigo siete años y está viendo que se encuentra bien”.

Es de los que piensan que con la apertura de las inversiones de Mariel vendrá el incremento de contenedores.

A este innovador le quedan veinte años de trabajo: “Siempre y cuando la salud me acompañe. Espero que perfeccionemos más la técnica. Yo pienso que no sería mala la idea de que el país pensará en adquirir cargadores laterales como éste que viabiliza el proceso de carga y descarga”.

Perera lleva cerca de diez años con ese aparato, el cual hace el trabajo de cuatro o cinco camiones, según explicó.

¿Has pensado en formar tu relevo?

“Aquí los compañeros me ayudan mucho. A lo mejor el año que viene o más arriba necesite un ayudante. La edad no es lo mismo cuando tenía 20 años, que ahora con 45. Hay que poner cadena, subirse a lo alto del camión. No podemos luchar contra el tiempo”.

Abraza la idea de que hay que darle paso a la juventud y poner a un muchacho que adquiera experiencia. Nosotros aprendimos sobre la marcha, pero quien asuma este trabajo tiene que ser una gente sacrificada.

A cualquier hora y lugar que lo llamen hacia allá va para prestar sus servicios. Todos los días llega a su casa nunca antes de las 8:00 o las 9:00 de la noche. ¿Recompensa? Que las mercancías no se estanquen, tener el reconocimiento social de su colectivo y no podía faltarle una alta remuneración salarial, como la del mes pasado en que cobró 4 700 pesos dándole movimiento al cangrejo fuera de su medio natural.

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