Pero el poemario ha sido un pretexto para conversar, por la curiosa relación entre este autor y ese sello de publicación en Camagüey, que los hace celebrar 25 y 15 años a la vez. Entre Alejandro y Ácana hay mucho de los misterios y el oficio de la palabra.

“Con Ácana no estaba vinculado como ahora. La editorial se crea cuando las Empresas Provinciales del Libro se convierten en instituciones culturales, ya como Centros Provinciales del Libro. Algunas provincias tenían editoriales con equipamiento antiquísimo, pero en ese momento una parte importante del país tuvo la posibilidad. Surgieron los Centros de Promoción Literaria que incluían a esas editoriales de los territorios”.

Como un balazo en la memoria, Alejandro González alude ciertas imprecisiones en torno al nacimiento: “La editorial se funda en julio de 1990, en homenaje a Nicolás Guillén. No queda claro si fue a propósito de su natalicio (día 10) o de su muerte (día 16). El nombre viene de su antológico texto Ácana, pero hay diferencias de criterios acerca de quién lo puso. Alina Lima asegura que fue Aurelio Horta; Gertrudis Ortiz dice que ella”.

Él ha venido aireando las palabras, como en su poema “La Anunciación”, que apareció en Toda la verdad del tiempo (Ed. Ácana, 2000).

“Con el Período Especial se ve extremadamente limitado lo que podría haber sido un proyecto más abarcador. Lo primero publicado fue un plaquette con los Premios de la Ciudad del ´91, correspondientes a Gustavo Pérez, en poesía, y a mí, en décima. Morbila Fernández fue la editora. De ese año solo aparecen cuatro o cinco publicaciones en la Biblioteca Provincial Julio Antonio Mella. Ácana siguió publicando con mucho esfuerzo. Los diseños eran bastante rústicos, con impresión en plomo, con cliché. El mismo editor era el diseñador, si acaso utilizaba una imagen de un artista, pero todavía no había un perfil”.

Entonces Alejandro González anuncia un cambio medular, el beneficio necesario para ir con elegancia a la verdad suprema, tal como anotó en Cuadernos del Escriba (Ed. Oriente, 2005)

“En el 2000 paso un curso en La Habana. Al regresar nos damos cuenta que había que armar un equipo editorial y promocional, con gente especializada. Para todo fue una escuela. Tenía algunos conocimientos de informática, pero no de diseño. Jesús David Curbelo tenía toda la estrategia editorial muy bien pensada, pero de computación no sabía nada. No teníamos editores preparados, solo Ricardo Rodríguez Vázquez que venía de la época anterior”.

Como en sus versos con olor a imprenta, veía señales delante de su puerta.

“Los primeros libros se presentan el 13 de agosto del 2000. En octubre se hace el primer encuentro nacional de publicaciones de “la Riso” en Santa Clara. Asistimos Curbelo y yo. Allí no se sabía de dónde era un libro y de dónde otro. Los colores blanco, negro y grises, de cartulina bristol buena, y las cubiertas con diseño sin mucha posibilidad. Allí Curbelo dijo que había que mandar a hacer los perfiles de las colecciones. Desde un principio Ácana marcó la diferencia. Habló con el diseñador Yamil y se hacen los primeros perfiles a partir de las únicas combinaciones. No satisfechos con eso, nos inventamos las sobrecubiertas con papel bicromado en nuestro poligráfico, con un solo color. Los primeros años fueron totalmente de experimentación. Cada libro era un ejercicio nuevo”.

Porque la palabra es palabra en el oído del que la escucha, como sentenció Ortega y Gasset, insisto en preguntarle.

¿Ya cada libro no lo es?

Tenemos experiencias con las cosas y un poquito “más” de recursos. Hemos tratado de ir perfeccionando lo que hemos avanzado. Estamos en un proceso de diseño más riguroso, estéticamente más logrado. Nuestras publicaciones no merecen un retroceso.

El sistema Risograph marcó un renacimiento…

La introducción de esa tecnología removió el panorama editorial cubano, no solo en beneficio de los escritores de los territorios, sino de los lectores. “La Riso” llegó en un mismo momento para todo el mundo, pero no en todas las provincias el proceso de asimilación ocurrió de la misma forma. Para nosotros fue casi trasparente. Nunca pensamos en términos de municipalización. Había un plan editorial y allí se incluía todo el mundo. Podía estar un escritor como Roberto Méndez con Cuaderno de Aliosha al lado de Minifauna, de Rosendo Delgado Murga, uno de nuestros best seller; un Luis Álvarez junto a cualquier poeta desconocido del rincón más apartado de la provincia.

Pero las editoriales como Ácana parecen haber nacido con el mal augurio de hija menor…

Es el momento de que ya no se hable de editoriales territoriales ni de sistema de ediciones territoriales, ni de editoriales de provincia, porque hemos llegado a un punto que no tenemos nada que envidiarle a una editorial nacional. Antes había una cuota, ahora tenemos más autonomía para publicar lo que queremos. Sin embargo, estamos en desventaja. No consideran nuestras publicaciones, como se debieran considerar todos los libros por igual, para los Premios de la Crítica. El Instituto Cubano del Libro ha creado un sistema de premios estimulante como los Puerta de Papel. Habría que analizar también los pagos del derecho de autor. Nos han puesto ciertos límites. Hay que acabar con esas diferencias para poder hablar de un único sistema editorial en Cuba.

Si las editoriales pertenecen a los centros de promoción, ¿van de la mano?

Hay que pensar también en la promoción. Todavía hay quienes desconocen los mecanismos de publicación, cómo funciona el asunto del derecho de autor. Hay quien piensa que como escritor gano según los libros que se vendan. No tienen idea de cómo se conforma el plan editorial. A veces no saben que pueden llegar y subir las escaleras y entregar su proyecto. Creen que el mundo de los escritores es una cosa a la que nadie puede llegar, o que solo llegan determinado tipo de persona.

Ahora hacen menos libros, ¿cuántas esperanzas publican más?

En el 2003 publicamos 42 títulos, fuimos de las que más publicamos. Los primeros 10 años nos mantuvimos sobre los 35 títulos. En los últimos cinco años hemos bajado la producción a un promedio de veinte y tantos por lo caro del insumo, lo cual obliga a mayor rigor en la selección. Tenemos un camino por delante de buscar financiamiento, apoyo y posibilidades para que las editoriales no se cierren.

¿Imaginas Camagüey sin la editorial?

Es impensable ya la historia literaria de Camagüey sin posibilidades de publicar. Estaba en el taller literario Rubén Martínez Villena, cuando a propósito de su aniversario 20 se publicaron unos sueltos. Allí vi por primera vez algunos textos míos impresos. El mérito de la publicación es que fue uno de los primeros premios importantes que recibí. En aquel momento era militar y no tenía la idea de que podía alcanzar un premio tan importante. El Premio de la Ciudad tenía gran resonancia.

“Me da satisfacción de ser parte de la historia de Ácana. Me da mucho orgullo ser fundador de lo que llamo la “segunda temporada” con “la Riso”, porque he visto nacer todo ese proceso, cómo se ha ido transformando, cómo ha habido gente con resistencia a los cambios y aun así los procesos han ido avanzando. Nos hemos ido superando. Ahora lo más difícil son los retos”.

PRIMER FOLLETO DE ÁCANA

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