CAMAGÜEY.- Abilio Conde Rojas es famoso entre los ganaderos en Cuba. Este camagüeyano, conocido como el mayor productor de leche en el país, hizo historia en el 2009 —su mejor año— al acopiar 300 067 litros del alimento y 1163 en tan solo un día.

Años difíciles le sobrevinieron, marcados fundamentalmente por la escasez de gente con vocación para las andanzas en los potreros. “Un día tenía cinco hombres y al siguiente, ya se habían ido. Este es un trabajo muy duro, diría que sobrehumano, porque es casi 24 horas y sin fin de semana, ni fin de año, ni días feriados. El vaquero no tiene descanso y para resistir hay que gustarle de verdad. Pensé en dejarlo todo y vender el ganado, pero mi familia no me dejó, por suerte, y aquí sigo”.

Presume con orgullo guajiro de la salud de su rebaño. Como muestra irrefutable del buen cuido está el porte de 147 vacas, incluyendo 87 que están en ordeño, las que ni por asomo enseñan las costillas que saca a la luz la sequía. Con ellas logró en el primer trimestre acopiar 14 763 litros, resultado que le asegura que sobrecumplirá con creces los 90 000 pactados para el 2019.

San Antonio es el nombre de su finca, con una extensión de siete caballerías de tierra, cinco heredadas y dos en usufructo, ubicadas en las cercanías de los otrora famosos baños termales de Camujiro, en el kilómetro 8 de la carretera a Vertientes. “Siempre he aplicado el doble ordeño. En estos momentos no, porque estamos haciendo una casa de vaquería nueva y creando las condiciones para instalar un sistema de ordeño mecánico de cuatro posiciones, tecnología Dlaval, lo que asegurará el progreso. Las vacas están promediando entre cinco y seis litros, 400 y tantos se sacan en cada jornada. Ya para junio pienso poner en marcha el equipo”.

CLAVES PARA EL BUEN MANEJO DEL GANADO

“La alimentación es fundamental. Para el pastoreo la finca está dividida en 16 potreros. Tengo dos caballerías sembradas de king grass, todo aquello verde bonito que usted ve allá —dice mientras levanta el brazo para indicarnos la ubicación exacta—. No lo picamos, lo mantenemos para el pastoreo, fundamentalmente en la seca, donde además lo ayudamos con el bagacillo y le agrego, siempre que tenemos, sales minerales. Estoy en los preparativos para sembrar caña también. Esa es la garantía para tener el ganado ceba’o. Aquí casi no ha llovido nada y usted vio como están esos animales.

“También resulta clave la genética. Compré dos toros buenos, de raza Siboney, finos, uno de la empresa genética Niña Bonita, de Mayabeque y otro de la Camilo Cienfuegos, de Pinar del Río, eso me asegura la descendencia. La raza Siboney es el ganado de la leche por excelencia y muy resistente al clima de nosotros. Hoy no estoy usando la inseminación artificial, pero estamos trabajando en eso, es de los proyectos pendientes”.

CARTAS O BÚFALOS DEBAJO DE LAS MANGAS

De los nuevos y osados empeños de Abilio está el haberse aventurado en la ceba de 150 búfalos, mediante un contrato con la Empresa Ganadera de la provincia.

“Comencé en mayo del año pasado. Varios me dijeron que estaba loco por traer los búfalos, que no me iba a quedar ni una cerca en pie. Y está por ver, aquí no han roto ni un pelo de alambre. Llegaron como añojos, y ya casi tienen peso de adultos. Es un animal que se convierte muy rápido. Aumenta el doble de los toros”.

Si la ganadería implica tanto sacrificio ¿por qué se mantiene apegado a esa tradición?

—Sin eso no puedo vivir. Lo mío desde que nací es la ganadería. Cuando tenía cinco años mi papá me amarraba en la montura para que no me cayera y fuera a trancar las vacas.

¿Qué opina de la convocatoria a los ganaderos para que también siembren?

—Eso se debía haber hecho desde hace tiempo para no haber llegado a este punto, donde se encuentra una calabaza en 25 pesos. No es posible que un campesino tenga que ir a la placita a comprar viandas, lo que sucede, y en no pocos casos. Poseo cultivos varios, dos hectáreas de maíz, una de yuca, y no sembré más porque no encontré semilla, calabaza, boniato y plátano, para el autoconsumo y para entregar a la cooperativa. La única vianda que compro es la papa y ahorita pruebo a ver si se me da.

“En la ganadería voy para arriba otra vez. Tengo 85 novillas en la monta de toro. Le puedo asegurar que aquí el año que viene tiembla el mono”.