CAMAGÜEY.- Leopoldo Fregoli, actor y cantante italiano, fue pionero del arte del transformismo a través de espectáculos que incluían más de un centenar de personajes, todos interpretados por él, y entre ellos también de mujeres. Así los actores españoles comenzaron a subir a escena, de forma anónima, vestidos de mujer.

Allá por el año 1982, una película estadounidense puso en la palestra el tema del transformismo con la historia del cantante de cabaré Víctor Victoria. Pero en los inicios de la televisión en Cuba el actor Luis Echegoyen interpretaba también en la radio el personaje de una anciana: Mamacusa alambrito…

Mucho ha llovido desde entonces y aunque esta expresión artística continúa estigmatizada y a la sombra del resto de las manifestaciones, en Camagüey se afianza como un fenómeno cultural. Quien vea en un escenario a Alexa Valenti, probablemente no le hallará relación alguna con el estudiante universitario José Julio Padilla. Estudia Comunicación Social en la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz y a los 17 años se enfrentó por primera vez a un público vestido como mujer.

“Cuando vi transformismo por primera vez me dije: quisiera intentarlo. Tuve muy buenos amigos que me ayudaron y así logré hacerlo. Creo que para ser un principiante salió bien. Fue muy divertido, una experiencia única.

“Mi primer nombre como transformista era Hermione, una de los protagonistas de la serie Harry Potter, porque me gustaba mucho ese personaje; después tuve el de Gala porque lo vi en un reality show y me gustó por sencillo, pero impactante; hasta que llegué a mi nombre artístico de Alexa Valenti. Me lo sugirieron dos amigas, mientras que el apellido lo tomo del que usa otro transformista, la persona que me ayuda en el mundo artístico”.

José Julio asume la interpretación, como cualquier artista, con mucho respeto hacia el público. Asegura que una buena presentación exige adentrarse en el personaje, hacer suya la canción para calar con lo que transmite.

“Me gustan mucho las cantantes españolas Pastora Soler, Mónica Naranjo y Malú, Edith Márquez, Myriam Hernández y Gloria Trevi, que es un símbolo en casi todo el mundo. Ellas componen mi repertorio”.

Camagüey, dice, tiene varios certámenes en los que se desarrolla el transformismo. “Aquí he competido en el Festival Miss Novata y en el Festival de la Canción, en el cual obtuve el gran premio el pasado año”.

Fotos: Cortesía del entrevistadoFotos: Cortesía del entrevistado

—¿Cómo es el proceso de transformación?

—Es muy largo y complicado. Empezamos haciéndonos el cuerpo. Para lograr la figura usamos esponjas, muchas medias pantys y otros trucos para conseguir las curvas y la imagen deseada. Después el maquillaje: prácticamente tienes que borrar la cara de varón para lograr un nuevo rostro. Hay que trabajar mucho en los contornos y delineados, las sombras, los labios, las pestañas, las uñas. En fin, puedes demorarte hasta dos horas solo en el maquillaje.

—¿Tu desempeño como transformista influye en tus relaciones de pareja?

—He tenido relaciones con personas que me han querido, pero siempre les frena esta pasión mía. Dicen que no me asumen como un hombre luego de verme en un show. Eso resulta triste, y absurdo, porque el transformismo es un trabajo artístico que dura un tiempo determinado, después uno vuelve a ser la misma persona que era antes.

“De mi familia sí estoy muy agradecido, me han apoyado desde el primer momento, van a mis presentaciones, me dan ánimo”.

—Alguna anécdota…

—Son tantas las cosas que a uno le pasan, puedes caerte en el escenario, se te corre el ajustador o se te cae la peluca. Son momentos de tensión, pero que a cualquiera le puede suceder.

Entre los personajes que admira nombra a la habanera Ashenal, el rostro de ese arte en Cuba, e Imperio, igualmente un ícono.

“Creo que es muy admirable, una vez que el público conoce en qué consiste, agradece. Lamentablemente por los tabúes y los estigmas que sufrimos nuestras presentaciones no llegan más allá de una fiesta gay o una gala contra la homofobia. A veces vamos hasta las comunidades y a las personas les gusta, siempre y cuando se haga con respeto, sin chabacanería.

“Me estoy iniciando como promotor de salud, para generar conciencia, sobre todo en la comunidad LGBT, acerca de la protección contra las ITS y el virus del VIH. Creo que con ese trabajo, y también a través de la cultura, aporto algo positivo y me hace una persona de bien”.

Hace siglos, en el teatro de algunos países de Europa las mujeres tenían prohibido ser actrices y los hombres se aventuraron a representar roles femeninos. José Julio, un joven de estos tiempos, encuentra en esa misma práctica su forma de expresión, su necesidad, su modo de ser feliz. Por ahora no podemos continuar el diálogo, pues debe alistarse. Alexa vuelve al escenario.