Foto: Orlando Durán Hernández /AdelanteFoto: Orlando Durán Hernández /AdelanteCAMAGÜEY.- Aunque se licenció como soldado del Ejército Rebelde, nadie le puede quitar a Alfredo Aguilar Feixas, conocido por todos como “Fellín”, los grados obtenidos en la campaña de su vida. Sobre su hombro lleva los galones que recuerdan la convulsa etapa de luchas contra el régimen de Batista en las ciudades, en las montañas y su posterior apoyo a la Revolución naciente. Sus anécdotas son como fichas imprescindibles que componen el puzle de nuestra historia cubana.

“En el año ‘54 ingresé en la Escuela Profesional de Comercio  de Camagüey y fue donde comencé mi pacto por la liberación de Cuba. Junto a varios de mis compañeros nos integramos a las acciones y protestas generadas en el Instituto de Segunda Enseñanza —hoy Álvaro Morell—, dirigidas por el entonces líder estudiantil Jesús Suárez Gayol”.

Si algo caracterizó a Feixas, en su juventud, fue el haberse arrimado a buenos árboles que le propiciaron excelente sombra, uno de ellos Charles Morell. Ese entrañable amigo le hizo crecer aún más en sus aspiraciones revolucionarias, al introducirlo en el Movimiento 26 de Julio. Ambos compartieron momentos como la manifestación del 28 de enero de 1956, en el Parque Martí, en honor a nuestro Héroe Nacional. Allí la policía reprimió a los participantes y uno de los heridos resultó Charles. Con un pañuelo que traía Fellín le contuvo la sangre que le brotaba de la cabeza, hasta que llegaron al hospital.

Todavía el pañuelo ensangrentado existe. Se exhibe en el Museo Jesús Suárez Gayol, de esta provincia. Es un símbolo, no solo de la amistad, sino del ímpetu que desataron los de abajo, a decir del literato mexicano Mariano Azuela, contra los opresores. Y en medio de los continuos sabotajes a los sirvientes del régimen, las exclamaciones antibatistianas escritas en los muros, y el fino hilo que lo separaba de la vida y la muerte, el grupo espeleológico encabezado por Alfredo Álvarez Mola. “Exploramos diferentes lugares en la Sierra de Cubitas, en especial, cuevas. Alfredito soñó con establecer en ese sitio, algún día, un frente guerrillero”.

CAMINO A LAS MONTAÑAS

Después de participar en varias misiones del M-26-7, Fellín se convirtió en uno de los tantos rostros perseguidos por los esbirros. “A mí y a otros tres miembros se nos dio la orden de combatir en la Sierra del Escambray. Uno de ellos poseía habilidades como radioaficionado, y al llegar a nuestro destino nos preguntaron si podíamos echar a andar una planta radial, y él dijo que sí. Cuando la arreglamos resultó la primera emisora rebelde en funcionar en esa zona, su indicativo era 6BF —seis barbudos feroces— y operamos allí hasta los primeros días de enero.

“Los guajiros de esas tierras, al ver un avión nos pedían que habláramos bajito para que no nos escuchara. Les temían. Y tenían sus razones porque la fuerza aérea batistiana ametrallaba sin compasión los pequeños caseríos. No olvido cómo en una de aquellas ocasiones la lluvia de balas asesinó a una inocente anciana”.

Si en los días de la neocolonia Alfredo enfrentó las crueldades de la aviación, luego de la gesta revolucionaria de 1959 los roles cambiarían: ahora defendería, desde las alturas, las conquistas del pueblo. “Creamos una milicia aérea en el ‘60, con dos aeronaves que tenían su puesto de mando en el central Brasil. Todas las mañanas una volaba hasta Punta Alegre y la otra a Santa Lucía. Lo curioso era que para proteger las costas de Cuba solo contábamos con un rifle M-1 y una pistola, que no hubieran sido efectivos contra los barcos enemigos. Pero fuimos valientes”.

Pasaron casi 20 años y Feixas volvió a un escenario bélico, pero esta vez en un país hermano: Angola. En la nación africana, donde sucedía una guerra interna alentada por las potencias imperialistas, fungió unas veces como administrador de un almacén de medicamentos en Kwanza Sur y, en otras, se vistió de maestro para enseñar a los habitantes de la comunidad. Aprendió el significado de la palabra abnegación.

“La historia está repleta de líderes ejemplares que los jóvenes deben conocer, de acontecimientos poco nombrados esenciales para comprender mejor nuestro proceso de liberación”, dice Fellín, quien, en unión de algunos compañeros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana dialogan, con frecuencia, con jóvenes de escuelas como la Javier de la Vega y la Charles Morell. La lucha nunca acaba para este soldado.