CAMAGÜEY.- Conocí al Dr. Manuel Alejandro Chávez Chacón en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech. Escuché diferentes elogios por su consagración, humanismo y disciplina, incluidos los del Dr. C. Miguel García Rodríguez, su profesor en la especialidad de Cirugía General, quien mostraba estima y consideración por su discípulo.

Él es Manuel, el mexicano, ese que compañeros de trabajo, pacientes o familiares mencionan por su sencillez y modo de comportarse. El 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana, es el “pretexto” por el que nos adentramos en el mundo profesional de este joven de 30 años, originario de Cuauhtémoc, Chihuahua, México.

“Mis padres son contadores privados, con sus sucursales de una misma empresa; él, profesor universitario e Ingeniero Agrónomo, hubiese querido ser médico, mas no lo logró porque era una carrera muy costosa. Junto a su hermano, que es Ingeniero Zootecnista, fueron los primeros profesionales de la familia. La de mi madre es más numerosa, y yo soy el primer médico”.

—¿Por qué médico?

—La inclinación por esta profesión viene desde los 11 años. En la escuela secundaria a compañeros con bajas notas en la asignatura de Moral y Civismo los reorientaban dentro de la Cruz Roja Mexicana para impartirles clases de principios y valores todos los sábados. Aunque no estaba en ese caso, hablé con mi padre para asistir; lo aprobó para que aprendiera a tomar la presión arterial, los signos vitales…, me hice voluntario de la Cruz Roja en el país y de hecho lo soy también de la cubana.

“En esos años, hice un técnico en Ciencias Médicas y otras; pasé un diplomado en Rescate en Estructuras Colapsadas, y en Costa Rica recibí un curso de Análisis de Vulnerabilidades y Capacidades; así me fui enamorando de la medicina y llegué a técnico en Urgencias Médicas siendo menor de edad, algo no habitual en México, por lo que se pidió un permiso, no solo para mí, fuimos un grupo en alcanzarlo. Ya era paramédico y empecé la carrera a los 17 años”.

—¿Dónde estudió la carrera?

—Me formé como médico cirujano y partero en la Universidad Autónoma de Chihuahua, México, la principal del estado donde vivo. Para obtener el título así, de partero, hay que cumplir ciertos requisitos, como haber atendido por lo menos 200 partos. Comencé la residencia en el Centro Médico ISSEMYM Ecatepec, de Morelos; por ciertas dificultades en la acreditación universitaria, solo reconocida en ese sitio, busqué alternativas fuera de mi país.

“Homologué la carrera en Madrid, España, y me examiné como médico interno residente en Barcelona. Por dificultades económicas de esa época, redujeron las plazas destinadas a extranjeros; aun así, apliqué y aceptaron. Entonces optaba por la especialidad quirúrgica, sentía inclinación hacia la torácica, cardiovascular e incluso, la neurocirugía, porque era alumno ayudante, como se dice aquí, y allá, instructor de anatomía durante todos los estudios”.

—¿Le resultó fácil acceder a los estudios universitarios?

—En la Universidad donde estudié aspiran unos 1 200 a ingresar y admiten a 120, solo el 10 %; en la Autónoma, la principal, de 10 000 candidatos aceptan a alrededor de 200 a 250, y es muy costosa. Mi familia me ha apoyado mucho; sin embargo, para ayudar, trabajaba a la vez que estudiaba.

—¿Por qué decidió hacerse especialista en Cirugía General en Cuba?

—Mi padre siempre admiró a este país; no obstante, no estaba informado de que había una Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM); de conocerlo, sin dudas habría realizado los estudios aquí desde los inicios. Además, ellos residían en México y yo en Europa, eso puso a pensar a mi papá y con un amigo cubano averiguó los detalles y nos pusimos en función de hacer la especialidad en Cuba, financiada por nosotros”.

—¿Por qué Camagüey?

—Al llegar nos orientan de acuerdo con las expectativas, y aquí está el Dr. C. Miguel García Rodríguez, una autoridad en tórax. Esforzándome, he tratado de ser un ejemplo. Aquí, al lado del Profesor, tuve la oportunidad de asistir a muchas cirugías torácicas, algo que cito en la tesis de especialidad. Hay autores en el mundo que la piden como una especialidad y no es común así, o sea, relacionada solo con el tórax, sin involucrar lo cardíaco.

“La exposición a más de 200 casos de cirugía mayor electiva de tórax es lo mínimo requerido de experiencia, y yo tuve la oportunidad de participar con él en 211 intervenciones quirúrgicas, solo de cáncer de pulmón, además de otras de tórax. Eso ha sido una ventaja muy favorable en mi formación, porque en este hospital se realiza un volumen elevado de ese tipo de operaciones.

“De acuerdo con estadísticas revisadas para la tesis, Cuba está considerado el segundo país del mundo en cirugías de cáncer de pulmón después de los Estados Unidos. Luego de asistir al Congreso de Cirugía de La Habana en el 2016 me convencí de que el Dr. Miguel es quien más torácicas realiza en la nación, porque aquí efectuábamos cinco veces más que en los cinco hospitales más importantes de la capital, como son el Calixto García, el Manuel Fajardo, el Instituto Finlay, el Hermanos Ameijeiras y el Cimeq. Por eso estoy seguro de que él clasifica entre los diez mejores del mundo, ese Profesor que fue mi tutor académico, tutor en formación, en todo”.

—Ya es especialista de 1er. Grado en Cirugía General y con un entrenamiento especial en casos de tórax, ¿qué hará a partir de ahora?

—Estuve en La Habana, en el Centro Nacional de Cirugía de Mínimo Acceso, donde me interesé por los cursos enfocados a la cirugía bariátrica; también se abrirá la toracoscópica, a la cual aspiro pese a no tener fecha de inicio aún.

“Si comienza el entrenamiento de mínimo acceso en tórax sería muy bueno, me quedaría en La Habana. Mandé solicitud al hospital Ramón y Cajal de Madrid y me aprobaron, estoy seguro que por el aval enviado desde aquí con el Profesor, porque hemos publicado artículos científicos constantemente; pero no había terminado la especialidad. Si La Habana no abre, vuelvo a intentarlo, y de no conseguirlo, veré en la clínica Las Condes, en Chile, de perfeccionamiento en cirugía endoscópica, pero siempre La Habana sería el primer lugar a escoger”.

—¿Cómo podría resumir su experiencia en la etapa de residencia de la especialidad?

—Como muy gratificante. Llevo poco más de cuatro años en Cuba. Este país me ha permitido tener un panorama más amplio, he conocido a profesores con mucha sapiencia, y entregan sus saberes. El Dr. Miguel me costó sangre, sudor y lágrimas, no teníamos descanso y nos hicimos amigos. México y Cuba mantienen una afinidad y empatía especial desde siempre, que se demuestra en las calles. Me he sentido muy bien. Aunque es muy sencillo, quienes lo conocen mencionan muchas otras virtudes, difíciles de llevar a cuestas una sola persona…

“Vienen desde la casa, de la Cruz Roja desde niño, mi servicio social en México fue en la comunidad indígena Tarahumaras, —como decir los Pieles Rojas de Estados Unidos— allí los bebés nacían en tierra y se les cortaba el cordón umbilical con un vidrio. En lugares así, uno crece…”.