Fotos: Leandro Pérez Pérez/AdelanteFotos: Leandro Pérez Pérez/AdelanteCAMAGÜEY.- Una idea me llevó hasta el Dr. Rafael Cuan Ravinal, especialista en Cirugía General y jefe de servicio de esa especialidad en el hospital universitario Manuel Ascunce Domenech, Máster en Urgencias Médica y Profesor Asistente, y estaba equivocada, para bien.

Al indagar sobre su misión internacionalista en Pakistán me aclaró que no fue la primera. Antes estuvo en Honduras y lo rememoró así:

 “Fui cuando el huracán Mitch tocó tierra en ese país el 26 de octubre de 1998, aunque no había sido constituido el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve, por idea de Fidel Castro.

 “Sabíamos que podíamos demorar en regresar y fue así, volví a los tres años. Fui ubicado en El Progreso, una ciudad y municipio del Departamento de Yoro, a la que llegábamos por agua o aire, no había comunicación por tierra, la devastación era terrible”.

 —Ya sé que no fue su única experiencia con estas características…

 —Así es. El 8 de octubre del 2005 un terremoto de 7,6 grados de magnitud en la escala Richter asoló el norte de la geografía pakistaní, sobre todo a la ciudad de Cachemira, una zona en disputa entre Pakistán y la India por muchos años, pero en esos momentos lograron una amnistía.

 “Cuba no tenía relaciones diplomáticas con Pakistán, y eso no importó ya se contaba en nuestro país con el Contingente Henry Reeve, creado en septiembre de ese año para auxiliar a las víctimas del huracán Katrina en Nueva Orleáns, EE.UU y pese a la negativa del gobierno de George Bush de aceptar la ayuda médica incondicional de nuestro país, el grupo quedó disponible para ofrecer su aporte solidario en cualquier rincón del mundo.

 “Pidieron a Camagüey un ortopédico y un cirujano con experiencia para salir hacia Pakistán, di mi aprobación sin preguntar el tiempo que estaría por allá, estaba dispuesto a ir y a cumplir.

 “En La Habana nos reunieron y me informaron que asumiría la dirección de uno de los hospitales de campaña y lo fui en el número 23. Los especialistas cubanos eran también en anestesiología y reanimación, angiólogos y cirujanos vasculares, técnicos en anestesia e instrumentistas, personal de cocina y un número importante de jóvenes recién graduados, además, de los traductores de idioma inglés.

 “El Comandante Fidel Castro se reunió con nosotros en el Consejo de Estado, nos explicó en detalles que nos enfrentaríamos a las adversidades climatológicas, a las nevadas, a crear mecanismos de supervivencia en hospitales de campaña. También estuvo en la cena y nos despidió poco después de las dos de la madrugada, fue muy emotivo.

 “Bruno Rodríguez Parrilla nos esperó, estaba a cargo de la diplomacia allí, aunque no manteníamos relaciones de este tipo aún, él era entonces viceministro primero de Relaciones Exteriores de Cuba. Nuestra nación se hizo cargo de llevar todo lo necesario para establecer los hospitales de campaña e incluso el avituallamiento para protegernos del frío.

 “Sin embargo, nos dimos cuenta que no teníamos ni la menor idea de lo que enfrentaríamos debido al clima ni de la situación en sí misma. Salimos preparados con mochilas, sobre todo con la alimentación necesaria para 15 días, que se pudieran conservar”.

 —¿Cuándo se instalan?

 —Enseguida, no perdimos tiempo pese al brusco cambio de horario y de clima. Al amanecer comenzamos a cargar con todo, hasta los equipos como ultrasonidos, los de laboratorio clínico, lo requerido para el salón de operaciones, y grupos electrógenos. El personal de electromedicina se encargaba del montaje de los equipos de muy buena calidad, y contamos con un Grupo de Logística de la Misión excelente.

 “En mi experiencia fui más que director porque llevaba la economía, era el cirujano, el amigo, el padre, el consejero. Llegamos a Cachemira, a un terreno árido y devastado, vimos de cerca el sufrir de los niños y no lo olvido, una idiosincrasia diferente, imagine que los hombres y las mujeres no pueden estar juntos, fue un cambio de vida total. La prioridad era dar vitalidad al hospital, el lugar destinado para las cubanas y la cocina”.

 —¿Fueron aceptados?

 —Y más que eso, nos cuidaban hasta los militares pakistaníes. De hecho Cuba fue el primer país que llegó a ofrecer sus servicios médicos y en toda Cachemira hubo un despliegue de hospitales, lejos unos de otros.

 —¿Problemas dignos de destacar?

 —Los que tuvimos con el agua y hubo que mudar el campamento, era un terreno muy seco. Desmontamos todo de noche y nos fuimos a la ciudad de Dhirkot, allí fuimos acogidos con mucho cariño porque fueron afectados por el terremoto; sin embargo, no les había llegado la asistencia médica. Nos establecimos con mejores condiciones, todo en casas de campaña. Al principio dormíamos en el suelo, luego en colchonetas, en catres tipo cama, sin cocinar hasta tener dónde hacerlo, seguíamos con las latas, el chocolate…

 “Comenzamos a crear otras condiciones como hacer llegar el agua por tubos directo a la máquina de filtrar, el electromédico nos preparó un sistema de calefacción, teníamos una mejor comunicación mediante teléfono satelital.

 —¿Algún día como para no olvidar?

 —El 31 de diciembre de ese año lo pasamos con un frío extremo y como la religión de ese país no lo permite, no se comía carne de cerdo ni se ingerían bebidas alcohólicas. Algunos tuvieron la iniciativa de hacer una parrillada con pollos, compramos frutas y la pasamos bien, con nostalgia de los nuestros, de la Patria y la comunicación estaba muy mal.

 “Nos acostamos con añoranzas y a las dos de la madrugada empezamos a despertar todos con los primeros vestigios de la nieve, y como los cubanos no tenemos tiempos malos, hicimos muñecos de nieve. Así empezó el nuevo año, cada vez bajaba más la temperatura, a ocho grados bajo cero, y comenzamos a quedarnos aislados y las carreteras de montaña intransitables.

 “Y otra vez de mudada. Nos quedamos sin corriente, había que preservar la vida de los colaboradores y la cablería con la nieve era un peligro, nos agrupamos todos en un salón en una estructura de concreto debajo de nosotros, con algunas grietas y nos aseguraron que no teníamos peligro, encendimos los calefactores y tomamos otras medidas. Del campamento sacamos lo que tuvimos a mano.

“A los siete meses informaron que nos desmovilizaríamos, aunque yo debía quedarme hasta terminarlo todo con cinco personas que escogiera. En la despedida participó la jefatura del país, de la misión y quedaron escritas las memorias por ser la misión más difícil, desde el punto de vista humanitario, enfrentada —no militar— hasta ese momento por los cubanos, catalogada por muchos como épica. Fue una despedida triste, los militares pakistaníes, con la comunidad completa estuvieron allí, muchos expresaron su agradecimiento y se quedaron con el hospital equipado, lo dejamos todo, fue un donativo de Cuba, y no solo ese, fueron más de 20.

 —Ya de regreso…

 “A los seis meses me llaman para abrir la misión en Bolivia, en un hospital en construcción en Yacuiba, hacía frontera con Argentina, ubicada en el Departamento de Tarija en el sur de esa nación, es la capital de la Provincia del Gran Chaco y paso a ser el coordinador de ese centro; luego de ser abierto me enviaron para Santa Cruz de la Sierra, vengo de vacaciones y al regreso soy enviado para el hospital de Montero, que era de referencia para los médicos cubanos, instalado en la carretera de Valle Grande, la Ciudad del Che, un sitio muy transitado por colaboradores, visitantes, personal diplomático. Estuve por dos años y medio. Allí sí terminé hasta ahora, con esas tres misiones diferentes.