CAMAGÜEY.- No es una monarquía; sin embargo, Yordanis Rafael Rey Quirós tiene en Camagüey su reino. El cetro lo heredó de sus abuelos y bisabuelos, y esto lo hace peculiar. Su castillo aún está en construcción, pero confía, junto a la familia real, en poder expandir su reinado a base de recetas, secretos de familia y el sudor de todos en casa.

Así surgen, poco a poco, las Bodegas del Rey: una mini-industria que desde hace ocho años apuesta por la producción de vino y ahora tienen la mirada puesta en el otro lado del Océano Atlántico, llegar a Europa con sus producciones es la meta. Sobre esos sueños, Adelante Digital conversó con este singular monarca.Foto: Leandro Pérez Pérez/AdelanteFoto: Leandro Pérez Pérez/Adelante

¿De dónde le llega la tradición del vino?

—En las casas cubanas muchos tienen un botellón para hacer un vino, un aliña‘o, sobre todo para una fecha festiva importante para la familia, eso pasaba en la mía también; pero pensar en llevarlo a una producción a gran escala a nadie se le había ocurrido, fue idea mía, que soy de la tercera generación. Mis bisabuelos vinieron de España; mi abuelo trabajó en un alambique y en la casa existían parras de uvas con las que se hacía vino. Desde pequeño siempre estuve en ese ambiente. Lo llevo en la sangre y con la apertura en el país que potencia la creación de mini-industrias pues no encontré mejor opción.

 

Pero la casa ya se queda chiquita para los niveles productivos...

—Iniciamos en la misma casa, pero ya los niveles productivos son tales que se hizo necesario arrendar un local, somos patrocinados por la Empresa Agropecuaria camagüeyana y pertenecemos al programa de la Agricultura Suburbana. No es secreto que tenemos cosas que nos frenan, en Cuba no hay una tradición vitivinícola, somos muy pocos quienes apostamos a esto; sin embargo, es un paso de avance que exista este tipo de industrias y ahora trabajemos para que se reconozcan a los vinos y vinagres como rubros exportables.

“Para poder llevar una producción a que cumpla con los estándares de calidad que se exigen es necesario cumplir una serie de requisitos sanitarios, de inocuidad de los alimentos, el flujo productivo hacia adelante, en los que influyen las condiciones del local de producción, y en eso trabajamos. En un futuro pensamos certificar alguna de las normas de calidad; por el momento, las Bodegas del Rey están propuestas a la condición de buenas prácticas de manufactura que entrega el Ministerio de la Industria Alimentaria.

“Normalmente laboramos cinco personas, que somos familia, pero cuando hay picos productivos subcontratamos a la misma gente del barrio, y ya de paso resolvemos otro problema con la generación de empleos.

“Hoy adecuamos las naves, dándoles condiciones de bodega y con todo lo que se exige internacionalmente para exportar productos alimenticios”.

¿Exportar vino? ¿Y la competencia con Europa?

—Tenemos proyectos en fase inicial. Contactamos con varias empresas exportadoras, sobre todo con aquellas que pertenecen al sistema de la agricultura, para empezar la comercialización en frontera como un primer paso. Ya tenemos interesados a nivel internacional para adquirir nuestros productos y se nos han acercado en las ferias en que hemos presentado los vinos. Españoles e Italianos están interesados por el vermut que hacemos, incluso han llegado a decir que les recuerda el que tomaban en la adolescencia. Los vinagres también han sido reconocidos por los chefs internacionales que lo han probado. A pesar de que no tenemos las variedades ni las cantidades de uvas necesarias por el clima, buscamos alternativas con las nacionales.

“No podemos tener miedo, si lo que hacemos tiene calidad debemos abrirnos al mundo y mostrárselo, pues la nación necesita de las exportaciones y de la sustitución de importaciones.

“El extranjero, cuando viene a Cuba, busca lo autóctono, lo que se produce aquí, y si ese producto es manufacturado mejor aún, tenemos que seguir cambiando la mentalidad”.

¿Y las dificultades, son muchas?

—El valor añadido se nos dificulta, la imagen y la presentación son claves para insertarse en el mundo. En Cuba, por ejemplo, no se cultiva el corcho; las botellas no se hacen porque está muy deprimida la industria del vidrio; tenemos que trabajar con botellas recicladas que muchas veces vienen rayadas, eso nos impide poder aparecer en lugares de mayor impacto. Además de que nuestra población percibe lo artesanal como algo que no tiene toda la calidad necesaria, como algo hecho en casa.

“Al no existir un mercado mayorista, la empresa que nos compra el azúcar puede hacerlo porque es poco lo que el gobierno destinó para la actividad, o porque sobró en un determinado plan y pueden venderla, al final no da para hacer la producción y acabamos comprando en el mercado minorista como si fuéramos una persona natural. Esto encarece el producto.

“Se impone seguir cambiando mentes, todavía existen obstáculos. Desde el 2015 estamos en la Feria Internacional de La Habana; no obstante, no hemos podido exportar porque dentro del catálogo de las exportaciones no está la nomenclatura del vino, y por otro lado necesitamos hacerlo urgente para ingresar divisas al país. Las exportaciones tienen que dejar de ser un mito”.

¿Cómo se abastece? ¿Ha logrado encadenar los procesos?

—Nos abastecemos de los patios del propio programa de la agricultura suburbana, por ejemplo, la cereza nos la provee una señora que vive en Cromo, así sucede con la pera china o con la uva, que nos las traen de varios municipios de Camagüey.

“Las botellas las resolvemos en Materia Prima, otras se las compramos a las personas que se dedican a esta actividad. Tratamos de encadenar estos procesos para poder obtener los productos. En la actualidad negociamos con las empresas importadoras para traer las botellas de afuera, con una mayor calidad que nos posibilite estar en mejores espacios, el etiquetado se imprime aquí mismo, Geocuba tiene varios lugares en el país que lo hacen con calidad”.

¿Cómo valora la apertura del país y el peso que va asumiendo el sector privado en la economía?

—En la mayoría de los países del mundo existe este tipo de economía, la del pequeño productor. No podíamos seguir de espaldas a esto. Un negocio familiar, con sus recetas que muchas son un secreto, no hace daño, aporta, no por gusto hay industrias de este tipo a nivel mundial. El país se va proyectando a esta economía que permite diversificar las producciones y la especialización. En Castilla hay más de 500 bodegas y es un pedacito de tierra; sin embargo, son los que más vino exportan en el mundo. Nos falta mucho por avanzar, creo que fuera mejor si tuviéramos personalidad jurídica y pudiéramos negociar directamente con empresas, con hoteles. Es algo que viene, solo hay que esperar.

¿Está garantizada la continuidad del Cetro del Rey?

—Eso está fuerte, pero es una tradición que trataré de inculcar a los que vengan detrás. Cuando hay que recoger la producción de uvas, vamos todos: mi niña y mis sobrinitos. También a la hora de catar, toda la familia participa y da su criterio. El amor por el vino viene en la sangre y une a la familia, porque haces algo que te gusta, y aporta a la economía familiar; además, rodeado de la gente que quieres, nada mejor se puede pedir.