CAMAGÜEY.-El progreso de sus pupilos es el mayor deleite y el mejor reconocimiento para la logopeda Marcia Montalván Díaz, quien cada día tiene sobre sí el reto de incentivar en los pequeños el buen uso de los vocablos y la pronunciación de los sonidos.

Natural de la ciudad de Camagüey, esta sencilla mujer empuja una de las más nobles tareas que se derivan del magisterio, al contribuir a que los niños superen las dificultades presentes en su lenguaje.

Desde edades tempranas en el círculo infantil Domingo López Loyola y en la Escuela Primaria Mario Aróstegui, ellos gozan de sus atenciones, y también aquellos con necesidades educativas especiales que residen en el Consejo Popular Edén-Juruquey, en la periferia de la urbe camagüeyana.

Amante de la Psicología, la seño Marcia, como cariñosamente le dicen, nunca imaginó que cuando culminara sus estudios en el Instituto  Politécnico de Ciencias Exactas Máximo Gómez Báez, se prepararía hasta convertirse en la primera logopeda del territorio.

“En duodécimo grado, ante la inmensa necesidad de maestros que existía por aquel entonces, me incorporé al Destacamento Manuel Ascunce Domenech con la intención de optar por Psicopedagogía, pero al no ofertarse esa carrera tuve que decidirme por la Defectología, con especialización en la Logopedia”, relata.

“Los primeros pasos de mi formación los di en el Instituto Superior de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, de la capital- hoy Universidad de Ciencias Pedagógicas-, institución de la cual guardo excelentes recuerdos, sobre todo de mis profesores, casi todos graduados en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”.

En 1984 las primeras metas profesionales de Montalván Díaz se vieron cumplidas cuando se licenció en la especialidad, y posteriormente se incorporó a la vida laboral, la cual encaró en la otrora Escuela Especial Joaquín de Agüero, del poblado La Unión, en el municipio de Jimaguayú.

Durante un año se dedicó a favorecer el perfeccionamiento de la lengua materna en los alumnos de ese alejado plantel educacional, hasta que comienza a trabajar en la escuela primaria Luis Manuel de Varona, aledaña a los centros en los cuales se desempeña hoy. “La inocencia de los infantes es lo que más me enlaza a ellos, además de la ternura y las ocurrencias que emanan de sus almas”, confiesa al definirse a sí misma como una eterna enamorada de su profesión.

Orientar a quienes rodean al pequeño es uno de los puntos esenciales de la labor desplegada por la logopeda- según considera la propia Marcia- y constituye una tarea que cumple más allá de los predios laborales.

Precisamente con el Programa Educa a Tu Hijo estas acciones se ven materializadas a través del trabajo con aquellas familias, cuyas nuevas generaciones son sordos e hipoacúsicos o sufren de baja visión, entre otros padecimientos que repercuten en su expresión e interacción con el entorno social.

Por ello, la comunidad de los alrededores del citado círculo infantil resulta otro de los escenarios fundamentales de Montalván Díaz, para solucionar las deficiencias recurrentes en la lengua materna de los menores de seis años de edad que allí residen, a partir de la evaluación y tratamiento de los trastornos de la comunicación.

“Antes de su nacimiento es imprescindible que ambos progenitores conversen con el bebé que se encuentra en el vientre -aconseja-, pues se construyen así los cimientos para un intercambio más efectivo a lo largo del crecimiento del pequeño”.

Y, además, recomienda: “El uso de las nuevas tecnologías desde edades tempranas es en la actualidad una de las mayores limitaciones y una de las causas de la alteración de los procesos comunicativos, por lo que acertar en cuándo, cómo y en qué periodo de tiempo los hijos deben emplearlas, es un gran reto para los padres”.

En 2009 Marcia recibió el título de Máster en Ciencias Pedagógicas, tras culminar una fase de estudios en la cual presentó un proyecto de tesis relacionado con la formación de valores como la solidaridad desde la obra de José Martí, en preescolares de quinto año de vida.

Sobre su vocación por revertir en otros sus conocimientos, expresó: “Siempre he preferido el intercambio directo con los pequeños, aunque reconozco que enseñar es imprescindible para legar a las nuevas generaciones las nociones de la especialidad, y manifiesto sentirme motivada cuando comparto mis experiencias con las estudiantes que realizan sus prácticas preprofesionales bajo mi tutoría”.

Todavía a sus 55 años de edad, Marcia Montalván Díaz asegura que perpetuar gran parte de su tiempo en la comunidad, en el círculo infantil o en “Mario Aróstegui”, resulta lo que más disfruta, del mismo modo que no olvida ser partícipe de las travesuras de sus nietos, sus tesoros.

Aunque varios son los ejemplos de féminas cubanas que enaltecen la obra del sector educacional, sobresalen empeños plausibles como los de esta camagüeyana, quien multiplica día a día su arte de prevenir o revertir los trastornos en el lenguaje de los niños.