CAMAGÜEY.- Al principio parecía un hombre tímido, de esos a los que le cuesta trabajo hablar de sí mismo. No paraba de moverse en la silla y le daba vueltas al lapicero que tenía en la mano, una y otra vez. Estar de pie delante de decenas de estudiantes ya no lo pone nervioso, pero las entrevistas sí.

Manuel Núñez Cortina es profesor en el Politécnico Ferroviario Cándido González, de la ciudad de Camagüey. Allí trabaja desde hace 40 años, y aunque nunca pensó dedicarse a la pedagogía, hubo un momento que no concibió su vida sin ella.

“Me gradué en la antigua Unión Soviética de técnico de nivel medio en Construcción y Explotación de Servicio Ferroviario. Al llegar a la provincia solo pude ejercer la carrera por un año, pues había déficit de maestros y necesitaban mi apoyo. Para el año 1979 ya era docente”.

Pero como Manuel es de los que piensa que las cosas se hacen bien o no se hacen, no se conformó con los conocimientos pedagógicos que tenía y se concentró en convertirse en el mejor profesional que pudiera ser. Tomó clases, recibió cursos y con mucho esfuerzo se graduó de Máster en Ciencias Pedagógicas.

“Cuando me di cuenta de que podía dedicarme por entero a esta profesión, supe también que debía superarme. Siempre he pensado que pararse frente a un aula requiere gran responsabilidad. Tienes que estar preparado para responder cualquier pregunta, aclarar dudas, corregir malos hábitos o formar valores. Y eso no se logra sin estudios. A los alumnos hay que respetarlos y dar siempre lo mejor de uno”.

En la escuela lo quieren y lo respetan porque siempre extiende su mano para ayudar, para dar un consejo sabio. “Con el ejemplo se transmite y se enseña mucho. No hacemos nada con repetirles todo el tiempo a los muchachos que se deben comportar de una u otra forma cuando tú no lo haces así. Eso lo he aprendido a lo largo de los años y lo aplico cada día. Hasta ahora me ha dado resultados”.

Ya con un poco menos de nervios el profe nos habló también sobre las ventajas y retos del tercer perfeccionamiento de la educación que se realiza en la escuela. “Aunque hoy la Enseñanza Técnico Profesional no implementa planes y programas de estudio nuevos, los avances en los estilos de dirección se pueden palpar.

“Ahora los estudiantes participan más en la elaboración de los proyectos institucionales, lo que propicia que se sientan más identificados con la escuela. Esto, a todas luces, es un paso de avance para la educación”.

Es por ello que se torna de vital importancia contar con un personal docente capaz de impulsar los cambios. En esa tarea, Manuel es un hombre de peso. Actualmente se desempeña como  jefe del departamento de formación de profesores en el Politécnico y tiene a su cargo los cuatro grupos que se preparan allí.

“La idea surgió en el curso 2016-2017 para cubrir el déficit de maestros que tiene el territorio. Iniciamos con un solo grupo a manera de experimento, este año se incluyeron tres más y para el próximo período lectivo se tiene pensado abrir las especialidades de Contabilidad, Eléctrica, Mecánica y Transporte. Contaríamos entonces con ocho grupos: uno en tercero, tres en segundo y cuatro en primer año.

“Hasta el momento la experiencia ha tenido buenos resultados, pues todos los estudiantes que escogieron la pedagogía se han mantenido en las aulas sin causar baja. La motivación va por nuestra parte y el interés por ellos”.

Dos años separan a Manuel de su retiro “formal”; sin embargo, nos confesó que mientras la salud se lo permita estará en las aulas. Quizá de niño nunca soñó como José de la Luz y Caballero con ser un evangelio vivo, ni andar con las manos blancas por el polvo de tiza, ni llorar en las graduaciones de sus muchachos, pero en el top de su vida tiene un puesto cimero en estas cuatro décadas de entrega y amor.