CAMAGÜEY.- En el fragor del combate en Playa Larga, Nelson Hernández Betancourt no sintió que las esquirlas de granadas lo hirieron en los muslos. Vino a darse cuenta cuando la sangre le manchó el pantalón.

La noticia de que algo acontecía en Cuba no lo sorprendió. Hacía pocas horas estaba en Camagüey. Disfrutaba de un pase de la Escuela para Responsables de Milicias, radicada en Matanzas, cuando escuchó el discurso de Fidel en la ceremonia de despedida de duelo a las víctimas de los bombardeos contra aeropuertos cubanos perpetrados por aviones pagados por Estados Unidos el 15 de abril de 1961.

Él llamó a los combatientes a incorporarse a sus respectivas unidades. “No hizo falta que se dijera más nada. Nos reunimos todos en la terminal de ómnibus y salimos para la escuela y cuando llegamos se organizó la unidad y con movimiento de armas.

“Llegó Fernández (José Ramón Fernández) y candela. Nosotros no sabíamos para dónde íbamos, vamos a estar claro; cogimos la Carretera Central y todos los camiones que pasaban los ocupábamos y fuimos rumbo a Jagüey Grande.

“En Jovellanos recibimos una impresión tremenda. Amanecía y el pueblo comenzó a acercarse a la caravana y a difundir la noticia por la radio: ¡Un desembarco!

“En Jagüey Grande fue otra demostración de la unidad que existía. La gente se quería montar en los camiones y seguir para donde fuéramos, en definitiva fuimos para el central Australia”.

"Se dio la misión de tomar Playa Larga, pero primero, ir a Pálpite, donde combatieron con los paracaidistas y los aviones que bombardeaban.

“Tomado Pálpite, el Comandane en Jefe expresó lo mismo que en Cinco Palmas: ‘Ahora sí ganamos’, le dijo a Fernández con esa visión de futuro, de lo que va a pasar y piensa el enemigo”.

En criterio del entrevistado, Girón tiene tres aspectos fundamentales: “El papel del Comandante en Jefe —decisivo— no nos abandonó en ningún momento, siempre estuvo allí. Solo se separó cuando fue a La Habana, oportunidad en que dijeron que había otro desembarco por allá, comprobó que era un simulacro y volvió. El segundo, el papel de nuestra juventud. No solo de las unidades militares sino de todo el pueblo que se quería incorporar. El tercero: la unidad del pueblo.

“El ejemplo claro lo vimos en Jagüey Grande, estaban en la calle limpiando un círculo social y lo habilitaron como hospital. Ese pueblo se convirtió en la retaguardia de Girón, de manera espontánea y con organización”.

—Usted tenía 24 años. ¿Sintió miedo?

—Ese no falta en ningún momento, siempre con la preocupación de qué está pasando.

En el momento en que en Pálpite, Nelson y sus compañeros hacían trincheras, aplicando el sistema del manual militar norteamericano, “de no realizar operaciones nocturnas, sino de pasar a la defensa, llegó Fidel y dijo: ‘Hay que tomar Playa Larga hoy por la madrugada porque un metro que caminen ellos, es un metro que tenemos que defender mañana’. Esa práctica de hacer ofensiva nocturna no la conocíamos”.

Hernández trae de inmediato la anécdota de que previo a su integración al curso en Matanzas, debieron de subir el Pico Turquino —ascendieron tres veces— y a partir de ese momento bautizaron a esos muchachos con el nombre de Los Aguacates. Como no eran ni obreros ni campesinos, sino estudiantes, y no eran frutas ni viandas, pasaban a ser ese tipo de fruta exótica. De ese grupo vivos quedan cinco o seis.

Hizo una pausa para mostrar la foto y señala para Gonzalo Trelles, quien después muere en Vietnam, a donde fue a combatir en defensa de esa nación asiática como artillero antiaéreo.

Una foto tomada en Camagüey al grupo Los Aguacates.Una foto tomada en Camagüey al grupo Los Aguacates.

—¿Cree que Girón fue una prueba de fuego?

—Nunca había escuchado un tiro. Estábamos haciendo un recorrido por El Turquino, pero sin guerra.

—De aquellos hechos, ¿qué es lo que más recuerda?

—A nuestros héroes y mártires.

La tercera compañía, que era la suya, pasó a la primera línea y fue la que más bajas tuvo, incluida la muerte  de Juan Alberto Díaz González, un joven cadete de Las Villas.

“Cumplimos la orden de Fidel de lavarnos la cara en Playa Larga”.

De regreso a Camagüey se mantuvo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en la División 41 de Nuevitas, bajo el mando del Capitán Lawton (Roberto Sánchez Bartelemy), y con Lázaro Vázquez García, jefe de batallón. Además en el Cuerpo de Ejército en el reparto Montecarlo, con el Comandante Jorge Serguera.

Este hombre, quien no pudo terminar los estudios como contador en la Escuela de Comercio, aunque después se graduó como profesor de Historia, integró una unidad de Lucha Contra Bandidos, creada posterior a la Limpia del Escambray.

Fue combatiente internacionalista en Etiopía, mientras en la vida civil laboró en Educación en la enseñanza técnico profesional, incluso, fue director provincial de ese sector y asumió otras responsabilidades en las ramas del comercio, turismo y como trabajador civil del Ministerio del Interior hasta que le realizaron una cirugía a corazón abierto y pasó a la jubilación, ahora con casi 82 años y con molestias en sus rodillas que, en cierta medida, lo limitan para desplazarse bien.

El jefe de la compañía de Nelson, fallecido en los combates.El jefe de la compañía de Nelson, fallecido en los combates.