CAMAGÜEY.- Orlando Cardoso Moreno y ninguno de sus cinco hermanos, incluida una hembra ya fallecida, fallaron a la ética del padre, un cortador de caña y semianalfabeto que decía: “la riqueza del pobre es la honradez y la moral”.

Esos principios son el hilo conductor que guía a este camagüeyano, proclamado hace pocos días como Premio Nacional por la Obra de la Vida Carlos Rafael Rodríguez, instaurado por la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba.

En la sala de su hogar, ubicado en la calle San Clemente y Desengaño, hizo un alto en la jornada sabatina para cumplir con la deuda de la entrevista, aplazada durante una semana por cumplir en la capital un programa de capacitación, auspiciado por la Contraloría General de la República.

Aparta por cerca de media hora el informe que elabora sobre la labor de fiscalización, realizada a la Oficina de Administración Tributaria del municipio de Camagüey, que no podía dilatar un día más para entregarlo en fecha.

No tuvo necesidad de esforzarse mucho para responder al cuestionario. La pregunta que mayor trabajo le dio fue cuando el enfoque de la interrogante lo obligó a hablar de su persona.

—Cardoso, se dice rápido: más de 50 años entre números y buscando que las cosas salgan bien. ¿Es difícil?

—A finales de 1960, a propuesta de un grupo de compañeros de la dirección del Movimiento 26 de Julio, empecé a trabajar con números cuando se nacionalizó la Banca. No era miembro activo de esa fuerza revolucionaria, cooperaba, pero uno de mis hermanos mayores sí fue miembro del Ejército Rebelde y otro de la lucha clandestina. En realidad, ese trabajo entrañó consagración.

¿Cuál es el juramento de un auditor? ¿No dejarse sobornar?

—Primero, el auditor tiene que tener ética y no dejarse sobornar ni caer en debilidades que atenten contra su prestigio y moral.

—¿En algún momento se acercaron a usted con ese fin?

—¡Para sobornarme! No. La gente me conoce bien, saben que soy incorruptible, por lo menos así moriré.

 La respuesta la ofrece con una sonrisa pícara que denota en su rostro jovial, próximo a cumplir 76 años.

—¿La psicología adquirida durante estos años le ha favorecido para adentrarse en las auditorias y denotar que hay problemas o gatos encerrados?

—Bueno, aunque el auditor no debe de ir a las entidades con el fin de descubrir problemas, no puede abstraerse de que no existan. Solamente con la profesionalidad y el dominio de la contabilidad y de los procedimientos que están establecidos alrededor de la auditoría, puede detectar las dificultades y las insuficiencias existentes en el registro contable y en la administración pública. Los problemas salen solo cuando empiezas a revisar la documentación.

—En su vida ha visto buenos ejemplos de trabajo en contabilidad que lo han llevado a pensar con orden y disciplina. Puede que sean muchos casos. ¿Recuerda alguno que le haya impactado?

—Recientemente hicimos una auditoría en la Unidad Empresarial de Base (UEB) de la Empresa Comercializadora de Medicamentos (Encomed) y hay un buen sistema de control interno y de registro contable. Hay muchas entidades que la tienen, comootras no, y deben seguir trabajando para resolver los problemas.

“Sin una contabilidad confiable no se pueden tomar decisiones y no son objetivas las informaciones de los estados financieros”.

—En su vida de auditor debe haber encontrado unos cuantos casos en que andan mal las cosas. Cite alguno.

—La Contraloría ha informado de acciones de presuntos hechos delictivos que cuando han entrado en el proceso penal se ha demostrado que es verdad que existen. Lamentablemente ocurren y no debe ser por constituir materias primas, materiales y dinero que con tanto sacrificio se dedican a satisfacer las necesidades del pueblo.

“El Che dejó bien definido que al ladrón hay que llamarlo por su nombre: ladrón. Todo el que se apropie de un recurso que no le pertenece es un ladrón.

“Sin una contabilidad confiable no se pueden tomar decisiones; no son objetivas las informaciones de los estados financieros”.

Lo miro y le digo que he escuchado a algunas personas señalar que no les gusta el término de contabilidad confiable, porque de hecho debe de serlo.

“Técnicamente es así, pero hay procedimientos contables que si tienen vacíos en su regulación permite al contador, como es un problema de interpretación, hacer variantes que en el mundo de la contabilidad se conoce como contabilidad creativa y abre caminos para registrar las operaciones de la forma que le convenga. No es legal, eso es desinformar”.

—¿Cómo contrarrestar los efectos de la contabilidad creativa?

—No es falsear, es dar una imagen de la gestión de una entidad que realmente no es así. Al existir vacíos contables te pueden contabilizar un hecho económico irreal. Si no hay vacíos, no pueden inventar. Para contrarrestarla, primero, con ética de los contadores y de los directores, a los que hay que prepararlos para la formación integral. Los auditores dominando para detectar aquellas normativas con lagunas en su aplicación y advertirlas.

Orlando Cardoso Moreno es un baluarte dentro de los auditores en Cuba y en el último balance de la  Comprobación Nacional de Control Interno recibió un reconocimiento de manos de la Contralora General de la República. Foto del autorOrlando Cardoso Moreno es un baluarte dentro de los auditores en Cuba y en el último balance de la Comprobación Nacional de Control Interno recibió un reconocimiento de manos de la Contralora General de la República. Foto del autor

—¿Como economista, qué significa para usted que el premio otorgado lleve el nombre de Carlos Rafael Rodríguez?

—Leí que Carlos Rafael Rodríguez una vez en la Universidad sacó cuarenta y pico o cincuenta asignaturas y todas las aprobó con calificación de sobresaliente. Él en el capitalismo, siendo comunista, los capitalistas lo respetaban por el dominio y la inteligencia que tenía.

“Lo demostró en la etapa posterior al triunfo de la Revolución, donde atendió todas las relaciones con el CAME y en las funciones del Partido. Siempre demostró una verdadera capacidad de análisis, interpretación y hacía su trabajo correctamente”.

Durante la entrevista explicó que la auditoría se aplicaba antes del triunfo de la Revolución. Después de estar trabajando en el banco, donde ejercía labores de fiscalización, en 1964 fue que vino a vincularse a este trabajo de auditoría en la Delegación Provincial del Ministerio de Industrias.

“El auditor, al igual que el médico o cualquier otra profesión tiene que estudiar constantemente para dominar las normas y procedimientos, de lo contrario, no sabe que va a revisar.

De toda la carrera de economista, la estancia en el Ministerio de Industrias fue una verdadera escuela por los métodos de trabajo y de organización que tenía el Che. Hubo compañeros que me enseñaron auditoría: Rafael Esteban Peña, Rodolfo Fernández, José Canosa, Jorge Polo, Leonela Lastre, eran unos dieciocho”.

—Cuénteme alguna anécdota del Che

—El Che conocía el trabajo que realizaban los auditores, planteaba que a través de ellos se enteraba de lo que no le decían y de lo que no le enseñaban. Valoró muy bien el trabajo de auditoría para conocer bien los problemas y de resolverlos.

“Ejemplos hay muchos. Conocemos de un caso de alguien que alteraba un vale de dieta, se le procesaba por malversación, pero cuando se llevaba el caso a los tribunales, como no rebasaba la cuantía económica al acusado, se le absolvía.

“Entonces dictó una circular diciendo que independientemente de ello, el violador no podía seguir trabajando en el Ministerio de Industrias porque allí no trabajaban ladrones.

“Llegó a sancionar a compañeros por errores, no de principios, y los enviaba para Guanahacabibes, y cuando cumplían volvía a ponerlos en el cargo”.

Cardoso recuerda que en una auditoria de saneamiento que estaban haciendo en Moa, dos veces en el Ministerio y en la delegación aquí en Camagüey lo vio, el saludaba y conversaba con los compañeros.

—¿Qué impresión le causó el Che?

—Todo revolucionario admiramos la figura del Che por lo que hizo, transmitió y ayudó al pueblo de Cuba de liberarse de la dictadura y en garantizar una administración eficiente.

—¿El premio es el fin de su carrera o tiene planes de seguir?

—Le he dicho a mis compañeros de la Contraloría que Orlando Cardoso Moreno muere combatiendo, mientras la mente y la salud me den. Estoy en un organismo que requiere personas dispuestas a darlo todo por la Revolución y con sacrificio, porque a veces uno tiene que alejarse por días de la familia.

“Es un estímulo, es un reconocimiento ganado también por los compañeros que me enseñaron a mí. La auditoría es necesaria, pero no suficiente; si las entidades no garantizan un correcto control interno, la auditoría se convierte en la autopsia de un cadáver y donde está la prevención es en el control de todos los mecanismos para organizar y proteger los recursos”.

Y con esa modestia propia de su personalidad, que lo hace encogerse de hombros cuando hablan de él, Cardoso, El Mellizo para muchos de sus amigos y compañeros, opina que ese premio es un mérito que merecen otros compañeros en Cuba. Muestra el orgullo de ser fundador de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores, y porque para él la auditoría es un deber que enriquece la ética de su padre, recordada con las frases célebres iniciales de la entrevista, en el mismísimo momento de recibir el galardón.