Foto: Orlando Durán Hernández /AdelanteFoto: Orlando Durán Hernández /AdelanteCAMAGÜEY.- “Siempre me gustaba recitar poemas en las actividades de la escuela y, casi siempre, esos textos eran de Martí”, dice Maricela Valido Portela, aún con el alma de niña en la mirada y la satisfacción de quien tuviera su destino signado por el mejor de los maestros.

En su andar como presidenta de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) cuenta con unos diez años, pero la vida misma le ha enseñado que los números no son más que eso, cifras, y por eso solo aprecia aquellos momentos que arropan, de alegría, su corazón:

“Cuando estudié en Minas de Frío, en la Sierra, para prepararme como maestra primaria en la formadora Makarenko, me tomaron una foto junto a un busto enorme del Apóstol ubicado a la entrada de la institución. Esa instantánea se la enseño a todas mis amistades para que vean que, desde bien joven, ya era una martiana consagrada”.

La felicidad de Maricela está emparentada con su oficio que, en pocas palabras, se fundamenta en promover, desde la Casa de la Memoria, los valores más genuinos de los cubanos. Es feliz, también, porque habla de Martí; y hablar de Martí, para ella, representa un acto de fe que supera a la conciencia, la llama mística e inabarcable que reduce en dos vocablos: “amor infinito”.

“Después de leerlo me remite de inmediato a diccionarios, revistas y las ediciones críticas de sus obras. Tanto caudal lingüístico y conocimiento universal conllevan a la investigación del lector, a activar el interés por los temas más inusitados, desde las ciencias naturales hasta la historia de cómo se fabrican la cuchara y el tenedor. A cada asunto, por muy vacío que parezca, le pone un aire cautivador que magnetiza”.

Noemí Echevarría, Dolores Iglesias, Teresa Moreira y las hermanas Adelina y Delia Olga Morales fueron las educadoras que enseñaron a Valido Portela la Historia de Cuba, las Matemáticas, el Español y…“me introdujeron el interés por el Héroe Nacional. De todas recogí un pedacito de su ser.

“En mi etapa era raro escuchar a un joven militante decir‘'no’ a las responsabilidades. Siempre permanecíamos dispuestos a permanecer donde resultáramos más útiles, como expresara el Apóstol. Por eso, después de graduarme fui maestra de tercer grado en una escuela primaria en el poblado de Aguilar, en Vertientes. Luego, en apenas cinco meses, prácticamente con 17 años, asumí su dirección”.

Como investigadora Maricela ha indagado en la profundidad de la obra martiana; sin embargo, sus pesquisas tienen una peculiaridad: “He trabajado más con el pensamiento de Fidel Castro, pero es inevitable relacionarlo con El Maestro; mi tesis de Maestría, por ejemplo, es una propuesta metodológica para imbricar a Fidel en la enseñanza de la Historia de Cuba y, como el más universal de los cubanos significa el punto de partida; las personas me preguntan cuál de las dos figuras es la esencia de estudio.

“La labor científica en la 'Sociedad Cultural' ha contribuido al intercambio, a repensar desde varios sentidos el legado del Apóstol y a la socialización de resultados de diferentes profesionales como Luis Álvarez Álvarez, Olga García Yero, Matilde Varela Aristigueta y Ana Jústiz Guerra.

“Nunca dejo de aprender de los grupos etarios que asisten a las citas habituales, en la Casa de la Memoria. En nuestra sede los niños y adultos, vinculados a proyectos artísticos, tejen una percepción única de Martí. Lo visualizan en un caleidoscopio de conceptos simples y complejos, lo construyen en una calurosa poesía sin precedentes”.

—¿Cómo seguir sus ideas?

—Pienso que la familia juega un rol importante en ese particular y, segundo, las instituciones escolares. Es necesario que cada maestro sea capaz de estudiar su literatura y la vincule con la materia que imparte de manera armoniosa, no impuesta como si fuera un parche en un pedazo de tela.

El oficio de Maricela la hace libre; no lo declara, solo se infiere de su entrega, de la acción, que valen más que mil comentarios y de los comentarios que reflejan sus grandes sacrificios: “Cuando usted ama a su papá, a su mamá, a la pareja o a un paradigma, usted lo busca donde esté. Así me ocurrió con Martí, a quien recurro y recurriré, eternamente, para explicarme la vida”.