CAMAGÜEY.- Elcónida Izquierdo Sabatela nos recibió hace pocas mañanas en su casa número 701 de la calle Martí. Ella nos esperó acomodada en un mueble antiguo, exhibiendo sus mejores galas: una blusa blanca calada y las canas nonagenarias ocultas debajo de un tono caoba. Aguardó nuestra irrupción escoltada por un estuche lleno de fotos y documentos que atestiguan los 96 años vividos por esta camagüeyana nacida en Jatibonico.

¿Por dónde comienzo?, pensé mientras abría la agenda y ponía en funcionamiento la grabadora, porque ya me habían advertido que aquella mulata que estaba frente a mí no había perdido tiempo en su vida y tenía “muchoooo” que contar.

¿Hábleme de su profesión, el magisterio?

– Yo soy maestra normalista y me gradué en el año 1942 – fueron sus primeras palabras, seguidas de unos segundos de silencio que dejaron salir la primera de muchas lágrimas que acompañaron nuestra conversación.

“Estuve tres años sin poder dar clases después que me gradué, porque no había presupuesto para pagarnos, imagínese el que había se lo robaban los políticos. En 1945 me dieron empleo en una escuela rural y estuve en el campo 12 años”.

¿Cómo recuerda el momento en el que triunfó la Revolución?

– Tenía 35 años y era maestra en Cascorro. Aquello fue tremenda noticia. Mi esposo y yo estábamos imbuidos en todos los asuntos del movimiento revolucionario y hasta habíamos vendido bonos. Pubillones, el jefe de la guardia Rural, me tenía fichada al punto de que cuando llega el 1ro de Enero ya me estaba preparando para irme para la Sierra Maestra; había demorado porque tenía ya dos niñas pequeñas.

“Después del triunfo seguí laborando como maestra y luego fui a trabajar al Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda. Yo fui quien le puso nombre a ese reparto, conocida entonces como Pastorita. Recuerdo que escuché a un trabajador decir que recién le habían entregado a Fidel el premio Lenin de la paz y se me ocurrió comenzar a decirle Lenin a ese lugar. Mire como es la vida, así se llama todavía hoy. Periodista, yo fui la primera directora de la escuela del reparto Lenin.

“A final de la década de los sesenta tuve mi tercer hijo y la maternidad me alejó un tiempo porque no tenía quien me cuidara al niño. Después volví a la educación rural en la Escuela Obrero Campesina, de allí fui para el municipio a desempeñarme como metodóloga de Ciencias y después para la provincia con la misma responsabilidad.

“En 1971 participé en el congreso Educación y Cultura y estuve una semana aproximadamente trabajando con Fidel. Eran jorrnadas muy largas, hasta las dos de la mañana, es que el Comandante no se cansaba, tenía una energía inagotable. De aquellos tiempos recuerdo una anécdota: Yo no comía ensalada de col, no me gustaba. Me siento a almorzar uno de esos días de congreso y me sirven esa ensalada, da la casualidad que se sentó Fidel delante de mí. Yo me puse nerviosa y me comí la col porque como el preguntaba tanto de todo, yo pensé que si no me la comía me iba a llenar de preguntas- Elcónida detuvo su narración, esta vez para reír a carcajadas.

“En la década de los 80 fui a trabajar a la Escuela de Idioma Mijail Lomonosov, ocho años como profesora y dos como directora, hasta que me jubilé”.

¿Y si no hubiese sido maestra?

Otro oficio no me gustaría. Uno de los momentos más especiales de mi vida fue la alfabetización. Empecé en la alfarera Azorin y me nombraron para llevar un tren de muchachos y muchachas alfabetizadores para La Habana. Allá me dieron uniforme y me hicieron parte de la brigada Conrado Benítez. Fui responsable de la campaña junto a otro compañero en el reparto Paco Borrero. Conservo las cartillas que utilizamos entonces y la medalla de la alfabetización.

¿Que recomienda a los maestros jóvenes?

– Tienen que tener paciencia y poner empeño en lo que hacen porque a los padres les afecta mucho la situación económica y a veces se concentran tanto en buscar dinero que descuidan otras cuestiones importantísimas como es la educación y formación de los hijos. Eso es un reto para los maestros de hoy.

¿Cómo recuerda la vida de las mujeres antes de la Revolución y cómo se enroló en el activismo femenino?

– La mujer antes era una esclava, vivía sometida primero a la voluntad de su padre y después a la del esposo. Si yo te cuento te vas a reír. Habían muchos prejuicios, yo misma trabajaba en el campo y tenía que venir a caballo por lo que me acompañaba un hombre por cuestiones de seguridad; a mi madre no le gustaba eso y otros lo miraban mal. Hoy todo es muy diferentes en ese y muchos sentidos y eso fue gracias a la Revolución que constituyó la Federación de Mujeres Cubanas.

“Antes de que se fundara la FMC, existían varias asociaciones femeninas. Yo pertenecía a Las Marianas. Cuando Vilma crea la FMC me imbuí en todas las actividades desde los inicios. Fui dirigente del bloque y de la zona 13. Con orgullo guardo mi medalla de la Federación.

Como para que no quepa ninguna duda de que Elcónida vino a este mundo a “hacer”, me insiste “También fui parte de la milicia, tuve el cargo de jefe de pelotón, e iniciadora de los CDR, fui presidenta 17 años del CDR número 10 en la calle Horca y coordinadora de la zona, además de fundadora del sindicato de jubilados en Camagüey, hasta que me caí y no pude seguir. Tengo la medalla de los Comité de Defensa de la Revolución”.

¿Qué lugar prefiere de la ciudad?

– Me gusta mucho el parque Agramonte, es un sitio con un alto significado para los camagüeyanos. 

Elcónida dice que no pretende durar muchos años más porque le pesa la falta de movilidad, los problemas auditivos y el haber sido testigo de la partida de muchos de sus seres queridos. Dice que ese es el precio más alto que tienen que pagar los que como ella viven mucho. Pero qué suerte la nuestra, la de contar todavía entre nosotros con esta mujer que vino al mundo a darle sentido al verbo fundar.