Foto: Otilio Rivero Delgado/ AdelanteFoto: Otilio Rivero Delgado/ AdelanteCAMAGÜEY.- Ella tiene sus genes, es irreverente ante la vida, rebelde; le dice al pan, pan y al vino, vino. Tiene acento argentino y cierto parecido físico con él. Pero para Aleida Guevara March ser la hija del Che solo constituye un reto, un compromiso con la vida de su padre.

La conversación comenzó por el rol de los jóvenes en la sociedad cubana actual. Sin pensarlo dos veces, como lo hacía el guerrillero, respondió “esta obra es de los jóvenes, la hicieron jóvenes y la tendrán que seguir ustedes, en una situación más compleja que la de nuestros abuelos y nuestros padres, porque ya ellos no van a estar para guiarles e indicarles el camino; además, el enemigo está allí mismo, tan cerca como a 90 millas y no podemos confiarnos pues como dijo mi papá: ‘al imperialismo, ni tantito así’.

“Esto lo comprobamos hace poco cuando muchos creyeron que podíamos establecer una relación de respeto con Estados Unidos, incluso vino el Presidente a decirnos que olvidáramos la historia y pensáramos en el futuro. Ahora todo cambió y es que más allá de una administración, el imperio como sistema nunca nos perdonará haberle plantado cara y mostrarle al mundo una manera diferente y digna de vivir. Nuestro destino ya no nos pertenece a nosotros, cualquier cosa que vayamos a realizar en Cuba, debemos hacerla pensando en que somos la alternativa para los oprimidos del mundo y no podemos fallarles.

“Para vivir de otra forma hemos tenido que pagar un costo elevado, y esa dignidad no nos la perdona nadie. A este ejemplo le temen y le han temido siempre los imperialistas, precisamente por eso asesinaron a mi padre, y a tantos otros, porque no les conviene que existan hombres rebeldes capaces de hacerles frente.

“Poco a poco la Revolución cubana ha demostrado que sí se puede, y a cada rato damos ejemplos de heroísmo, a la altura de mi padre, de mi tío Fidel y de tantos otros, como la lucha contra el Ébola en África. Y es que nosotros formamos un modelo de ser humano diferente y superior, buscando el hombre nuevo que soñaba mi papá.

“Nadie puede arrebatarnos nuestra ternura, nuestra fuerza para vivir; hace falta cuidar lo que tenemos y perfeccionar lo perfectible, somos humanos y por ello corremos el riesgo de cometer errores, pero esos errores los resolveremos desde adentro, sin que nadie venga a decirnos qué debemos hacer. Los que nos quedamos aquí tenemos el derecho de resolver nuestros problemas a nuestro modo. Para defender tal derecho tenemos que ser más fuertes cada día, proponer soluciones, más que lamentarnos por nuestras dificultades.

“Decía el Che Guevara que una juventud que no crea es una anomalía, los jóvenes con sus neuronas frescas pueden tener soluciones que los más viejos no encontramos, y por tanto hay que escucharlos. Tenemos que darles más participación en el proceso revolucionario, que está hecho para que paso a paso las nuevas generaciones vayan construyendo el socialismo, siendo críticos y a la vez constructivos, criticar dando soluciones. Con las cosas que no entendemos no podemos quedarnos callados, decirlas, no a nivel de pasillo, sino utilizando el poder que tenemos como pueblo.

“El mayor error sería claudicar, ser indolentes ante lo mal hecho. Lo que esté mal hay que decirlo, como hacía mi papá, esta es la única forma de ser verdaderos revolucionarios. Camilo dijo que solo podíamos bajar la cabeza para decir a nuestros hermanos: ‘la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en vano’, nosotros diríamos entonces, hermanos, la Revolución sigue adelante y nosotros vamos con ella”.

—¿Cómo explica Aleida que después de 50 años el ideario de su padre permanezca tan fuerte?

—Él era un hombre muy coherente, siempre decía lo que pensaba y hacía lo que decía, esa coherencia entre pensar y hacer es lo que ha hecho que perdure, es la tarea que tienen ustedes también: lograr que las personas los sigan, pues sobre los hombros de la juventud descansa la responsabilidad de mantener este ideario basado ya no tanto en el de las grandes personalidades, sino con el ejemplo personal. Es la única forma de que, a pesar de la sustitución biológica, el proceso revolucionario continúe.

—¿Cuál es su mensaje para los niños que dicen a diario que van a ser como su padre?

—Yo siento una alegría inmensa, cuando veo a los niños saludar la bandera y decir, ‘Seremos como el Che’, la cuestión es conocerlo más profundamente, que es una deuda que tenemos con él; hacerlo realidad más allá de la consigna y llegar al modelo de hombre nuevo que él soñó y ejemplificó con su vida, en otras palabras, llevarlo más a la práctica.