CAMAGÜEY.- Confieso que hubiera sido mejor no escribir sobre esta historia de vida, corta, pero intensa; sin embargo, como lo sucedido ya fue un hecho, me honra referirme a un niño muy especial: Kevin Hernández Acosta, nacido el 11 de julio del 2013, hijo de Yamila y Karel, y con el que es imposible no involucrarse después de conocerlo.

Nació afectado de una malformación conocida como atresia esofágica con fístula tráqueo esofágica distal, dificultad congénita en su esófago que lo llevó a ser intervenido quirúrgicamente en sus primeras 24 horas por la Dra. Yudeilys Rodríguez Ávalos, especialista en Cirugía Pediátrica del hospital Eduardo Agramonte Piña, de Camagüey, Cuba; luego le sucedieron otras operaciones.

Esto quiere decir que debía eliminar la saliva por su cuellito y ser alimentado por el abdomen. Así estuvo hasta abril del 2016, cuando se le sustituyó el esófago con parte del colon. En todos los casos fue sufriendo de las complicaciones descritas en la literatura médica, y otra vez volvía a desechar la saliva por el cuello y continuar con la alimentación por el vientre, no podía hacerlo de manera directa.

No obstante, y aunque parezca paradójico, Kevin, a quien ya “entrevisté” sin él saber la magnitud de sus expresiones, ha tenido mucha suerte, primero porque nació de una familia que lo ama, lo cuida y posibilitó, junto a su médica, Yude, como él la llama, y quien ya es parte de su familia, mantenerlo apto para lo que estaba por lograr.

Cuando llegó el instante tan esperado y abordé su caso por primera vez, estaba tan repleta de esperanzas como sus familiares y los profesionales del servicio de cirugía del Hospital Pediátrico mencionado. Kevin, luego de gestiones de la propia Dra. Yudeilys iba a ser operado por el Doctor Alfred Maier, de la Universidad Médica de Graz, Austria, en este, su hospital.

El Profesor asistió al Simposio de Cirugía Torácica Pediátrica efectuado en abril de este año y dicha intervención quirúrgica resultó la práctica del encuentro científico, acto del profesional que la familia de Kevin agradece de manera muy especial. Él, entrenado en dicha praxis, vista por primera vez aquí, le reemplazó el esófago al niño con parte de su propio estómago, proceder conocido como ascenso gástrico pediculado, o sea, convirtió ese segmento en forma tubular hasta el cuello.

En aquella ocasión dijo: “Con la ventaja de requerir de una sola sutura a ese nivel, por lo que no debe necesitar luego de otra intervención, ni vivir con limitaciones”, y aseguró: “Su calidad de vida será a partir de ahora como la de cualquier otra persona”.

A tres meses de esa última intervención quirúrgica a Kevin le cambió la vida, ya se alimenta como los demás. Lo encontré en el hospital en un chequeo de rutina, pospuesto por su médica porque estuvo lloviendo y quería evitarle un catarro. Cuando le pregunté si se acordaba del Profesor me respondió: “Profesor no, cirujano”.

¿Qué prefieres comer?

—Carne de “muuu”, carne de pío y arroz. El cirujano y Yude me “operó” —así fueron sus palabras—, pa’ que comiera carne.

Ese día iba a “conocer” el cake, nunca lo había probado.

El equipo que asistió al Profesor estuvo integrado por los doctores Yudeilys Rodríguez Ávalos y Aldo Arredondo Garateix, este último residente de 4to. año de la especialidad; los doctores Carlos A. Fernández Marrero y Georgina Sánchez Andújar, especialistas en anestesiología y reanimación; y la licenciada en enfermería Silvia Tamayo Rodríguez.

 En ese momento, los padres y los abuelos de Kevin estaban nerviosos y a la vez confiados y agradecidos de todos, porque gracias al empeño de sus médicos, en especial de la Dra. Yude, alcanzaron un vuelco en sus vidas. Yamila sueña con los inicios de su hijo en la escuela, y hace planes para ese momento.

Aunque Kevin se rehabilita aún en la sala del área de Salud Este porque necesita fortalecer sus músculos debilitados al estar acostado tanto tiempo y para caminar debía auxiliarse con un andador, ya lo hace solito, domina sus juguetes y es muy ocurrente. Dice Yamila: “Le darán el alta de la rehabilitación cuando brinque y corra, y ya está a punto de lograrlo”.

CON KEVIN EN SU CASA

Como pez en el agua, así encontré a Kevin. Ahora sí admite que se le llame Profesor al médico austríaco del que tanto habla. Le envía recados mediante pequeños videos y le dice: “Ya como solo, ya camino solo, tengo un tambor y una pistola de agua”.

Prefiere las galleticas de soda a las de dulce, saborea el helado, e insiste: “Me gusta la carne de muuu”.