Tras coquetear con el cetro de la liga masculina, allá por el 2012, año tras año los Tigres vieron mermar sus fuerzas y crecer las de otros conjuntos como Artemisa o Santiago de Cuba, que junto a potencias del calibre de La Habana y Ciego de Ávila se han afincado en la élite del deporte en la Isla.

Otra pieza de confirmación ha llegado durante el actual Torneo Nacional de Ascenso, que para los nuestros concluirá este viernes con el partido suspendido ante los naranjas de Villa Clara.

Ha sido una pretemporada compleja, tan escabrosa como no se recordaba en años: signada por encuentros muy peleados y la ausencia de talentos que en campañas anteriores cargaban sobre sí buena parte del “peso” del equipo.

Para suplirlos fue necesario echar mano a noveles figuras y otras que podían estar preparadas --o no-- para el compromiso; también se dio el caso de tener que alinear con jugadores que no se encontraban en la plenitud de su forma física y que en este cierre de calendario han debido abandonar el tabloncillo en aras de preservarlos para empeños mayores.

El panorama se completó con el cambio en la dirección del quinteto, ocurrido en medio de la lid. Por suerte, Pedro Luis Marty, el nuevo director, siempre había formado parte de su cuerpo técnico y el “tránsito” se produjo de la forma menos traumática en que podía suceder.

Tales son los antecedentes de esta clasificación in extremis, buscada por los Tigres como forma de preservar una historia que esta vez parecía casi imposible de igualar. Para lograrlo, debieron emplearse a fondo (en particular ante sus archirrivales avileños, con quienes pactaron una meritoria división de honores, 2-2). Ese resultado les sirve de blasón pero no puede ocultar cuánto le falta al deporte de las canastas para cimentar su futuro en Camagüey.

Muy posiblemente los Tigres animarán por derecho propio la Liga Superior de Baloncesto. Si lo consiguen, merecen el aplauso. Pero también vale lanzar la alerta: sin mejores y mayores captaciones en los municipios, sin un sistema competitivo provincial y la constante retroalimentación de entrenadores y atletas, sin una academia... ¿puede aspirarse a que Camagüey siga alentado esperanzas en este deporte?

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