Fermín Espinosa es el protagonista de hoy, un tunero devenido camagüeyano.

“Yo soy campesino, de un caserío llamado El Aguacate. De allí nos mudamos a una colonia cañera de Jobabo y después al central Elia. Como a los ocho o diez años limpiaba zapatos, cargaba maletas... y en el año '60 fui a ver a mi hermano Honorato, que era boxeador. Ese 12 de marzo de 1960 él iba a pelear al central Amancio Rodríguez contra José Padrón, un púgil de Camagüey que llevaba 'Titi' Basulto”.

LA PELEA QUE LE CAMBIÓ LA VIDA

“En el tercer asalto a mi hermano le dieron en la nariz y le pararon la pelea. Yo no sabía nada de boxeo y cuando anunciaron la decisión de KO técnico yo quise revancha. Aunque mi hermano no quería, hasta hablé con el responsable para combatir.

“Luego empecé a entrenar en un campo de pelota con 'El Chino', un trainer que me mandaba a ir tirando golpes rectos hasta tercera base y virar. Cuando terminaba me decía: ‘Tienes un asalto’, así tres o cuatro veces. A los pocos días me dio una palmada, y dijo que estaba listo.

“Pasábamos mucha hambre. Desde que nací hasta el '62 lo mío era la harina de maíz a toda hora. Por eso la primera vez que llegó la hora de almorzar y me pusieron delante un bistec que no cabía en el plato, con tostones y una malta, me dije a mi mismo: ¡Así sí es bueno ser boxeador!

“Por la noche, en la primera pelea, tiré un golpe y tumbé. Así gané en mis primeras cinco presentaciones, ¡y eso que no sabía pegar, metía casi con la parte de adentro de la muñeca y la mano! Pero yo dije que eso era lo mío: me daban comida y por un piñazo tres pesos ¡que en aquel tiempo eran tres pesos!”.

GOLPE A GOLPE

“Me fui destacando y salí de Amancio para Guantánamo, después a la capital al primer 'Playa Girón', el del 1962. Gané cuatro peleas y perdí la última contra Benigno Junco. Al año siguiente volví a perder en la final, contra Osvaldo Riverí, en 57 kilos, pero a mediados de año hicieron una preselección para la olimpiada.

“Un entrenador alemán nos puso a correr. Al que se paraba lo mandaba para su casa. Quedamos 14. Entonces vino un equipo de la RDA, y el que iba contra Pedro José se enfermó. Me pusieron a mí y le gané… el alemán dijo que nos echaría en un mes y el que ganara iba a Tokio '64. Le volví a ganar, esa vez más fácil, y me 'colé'”.

Apenas triunfó la Revolución, Cuba envió una discreta delegación a la olimpiada de Roma '60, donde además del “plateado” Enrique Figuerola, estuvo presente el manzanillero Esteban Aguilera, quien no pudo pasar de su primer compromiso en el boxeo.

Cuatro años después le tocó a Fermín ganar la primera pelea olímpica: “Le di RSC al austriaco William Boot, y en el segundo compromiso me tocó el favorito, el filipino Israel Torrecillas. En el primer round le metí una derecha en el canto del pelo y me fracturé la mano. Le gané 5-0, pero los médicos no me dejaron discutir por pase a medallas y tuvieron que operarme la derecha”.

OTRA OLIMPIADA

“Luego estuve en la delegación del 'Cerro Pelado', donde fui oro, y en Winnipeg cogí plata, aunque gané todas las rondas preolímpicas para el '68. En México también salí delante en la primera pelea (al tailandés Velompaichitkol), pero en la segunda, contra un búlgaro (Savov), terminándose el intermedio me hicieron una herida de seis puntos en la ceja y no pude seguir. Les dije a Alcides Sagarra y a Waldo Santiago que no pelearía más; hasta de la dirección nacional del Inder me fue a ver… ¡No tenía suerte! Mi decisión fue retirarme.

“Me ofrecieron un puesto en el equipo nacional, pero era demasiado tiempo fuera de mi casa. Por eso volví a Camagüey, donde he trabajado en los Camilitos, Nuevitas, Altagracia, en la Academia Provincial y desde 1974 hasta la fecha en la Eide.

“Fui profe de Horta, cuando era un niñito de 30 y pico de kilos, hasta que se fue para la preselección; ya en la Eide, de Armadito Martínez, que era de Ciego; de Carlos García y de Comas. Tengo 75 años y sigo luchando con los muchachos nuevos, no padezco de nada. Mientras me sienta fuerte seguiré ayudando”.

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