CAMAGÜEY.- Cuando del deporte en Cuba se habla, no es raro encontrarse con hechos insólitos, sucesos cuya lógica puede escapar incluso al más comprensivo de los observadores. El 101º Campeonato Nacional de Fútbol parece calzar –como anillo al dedo– en la categoría de la que hablo.

Sobre todo por la decisión más reciente que sobre él se ha anunciado. Luego de varias semanas del cierre de su calendario, incluso con su campeón (Villa Clara) ya coronado y con carta de felicitación del presidente de la Fifa, el 101º Nacional de Fútbol no tiene definida su tabla final de posiciones.

Para hacerlo deberá esperar nada más y nada menos que hasta el sábado 10 de septiembre, cuando las escuadras de la Isla de la Juventud y Santiago de Cuba dirimirán su cotejo suspendido. Vale recordar que de no producirse ese encuentro, o de ganar los pineros, Camagüey se vería con el boleto del descenso en sus manos, algo impensable hace solo unos meses.

Asistir a la segunda división sería el tiro de gracia para una escuadra que en 2015 parecía imbatible, con su título conquistado varias semanas antes del pitazo final y un nuevo récord de victorias consecutivas para el evento.

Pero esta vez los pupilos del DT Julio Valero no fueron ni la sombra de lo que antes. A los problemas en su preparación precompetencia se sumaron el insuficiente reconocimiento material a sus jugadores y la ausencia de varias de sus principales figuras durante algunos partidos.

Para colmo, en una muestra de irresponsabilidad rayana en el suicidio, en la fecha final –precisamente frente a La Isla– la escuadra alineó con muy pocos de sus regulares, hecho que terminó costándole una fatídica goleada de 4-0. El resto de la historia ya se conoce.

En su compromiso aplazado, los del Expreso del Centro solo fueron a buscar un empate que les permitiera asegurar la décimo cuarta corona. Haciéndolo, evitaban desgastes innecesarios y contribuían a entorpecer las ecuaciones de uno de sus principales rivales dentro del panorama balompédico nacional.

Y a los de la isla menor esa posibilidad les venía de perlas. Las innumerables sombras de un torneo que se jugó sin equipos uniformados, con repetidos problemas en la transportación y el alojamiento de sus protagonistas, tienen su último capítulo en la demorada definición de su ordenamiento general. ¿Alguien puede creer que así sean posible mayores sueños en el mundo del fútbol?