Luego de 17 años volverá a visitar Cuba una franquicia perteneciente al máximo circuito beisbolero de los Estados Unidos,  acontecimiento que estará marcado por la presencia en el escenario competitivo del presidente norteamericano Barack Obama.

En medio de la expectativa por el choque contra el elenco perteneciente a la División Este de la Liga Americana, que tiene por sede a la ciudad de St. Petersburg, en el estado de Florida, vuelven a la memoria los dos encuentros celebrados en 1999 entre la escuadra nacional y los Orioles de Baltimore.

Sería esa la primera incursión en el país de un equipo de las Grandes Ligas estadounidenses tras el triunfo revolucionario de enero de 1959 y la posterior ruptura por parte de Washington de las relaciones con el gobierno  revolucionario.

Con la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro,  el primero de aquellos enfrentamientos contra los Orioles se efectuó el 28 de marzo en el mítico estadio Latinoamericano de la capital cubana, donde el elenco local sucumbió ante el plantel visitante por cerrado marcador de 3-2.

La leyenda del béisbol del patio, Conrado Marrero,  lanzó la primera bola de un encuentro decidido en la parte alta del undécimo capítulo, cuando el Baltimore marcó la anotación de la victoria en las piernas de Will Clark, remolcado por imparable del designado Harold Baines ante los envíos del derrotado Pedro Luis Lazo.

El segundo duelo del histórico tope amistoso se efectuó el tres de mayo de ese propio año en el Oriole Park de Camden Yards, en Baltimore, donde el combinado de la mayor de las Antillas tomó sobrado desquite al imponerse al representativo anfitrión con marcador de 12-6.

El diestro Norge Luis Vera se llevó el protagonismo desde el montículo al diseminar tres indiscutibles e igual cantidad de anotaciones en extenso relevo de siete capítulos, en tanto Scott Kamieniecki cargó con la derrota.

A pesar de su trascendencia, la serie de exhibición entre la selección cubana y los Orioles de Baltimore no pasó de una confrontación para medir la calidad del mejor equipo amateur del mundo –ganador en ese momento de dos Juegos Olímpicos- ante un elenco de las Grandes Ligas de Estados Unidos.

En contraste, el encuentro contra los Rayos de Tampa Bay acontece en medio del proceso de normalización de las relaciones entre ambos países, en el cual destacará por esos días la visita a la nación antillana del mandatario estadounidense Barack Obama.

La posibilidad de que una franquicia perteneciente a las Grandes Ligas  efectuara un partido de preparación en la Isla se puso de manifiesto en diciembre pasado durante un intercambio académico de alto nivel entre esa organización y la Federación Cubana de la disciplina.

Fruto de un serio proceso de conversaciones, el inminente tope amistoso constituye una muestra del interés mutuo por estrechar los nexos y consolidar al deporte como puente entre ambos pueblos.

Muchos consideran el partido entre Cuba y los Rayos de Tampa Bay como un nuevo e importante paso hacia el establecimiento de un sistema que permita la inserción legal y segura de los peloteros cubanos en el máximo circuito beisbolero norteamericano.

A la espera de la voz de “a jugar” el venidero día 22 en el estadio Latinoamericano, crecen las expectativas por ver en acción nuevamente a la selección nacional  frente a un equipo de las también llamada Gran Carpa.   

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