Esta semana terminó para los Toros otro año de entrenamientos prolongados, marcado por su participación en la Serie Provincial y Nacional Sub-23, momentos en los que alistaron buena parte de las armas que mostrarían durante el certamen de primer nivel.

Ya por entonces surgieron dudas en cuanto a la producción ofensiva, que tan negativos dígitos registró a lo largo de la campaña. También, incluso antes de la primera bola, se mantenía la inquietud en cuanto a la defensa y el pitcheo, que en resúmenes históricos se distinguían como las áreas de desempeño más efectivas para la franquicia tricolor y ahora proyectaban un panorama mucho menos promisorio.

Para los aficionados de esta parte de la Isla la serie 55 era una incógnita difícil de desentrañar, pese a que buena parte de la nómina ya había mostrado credenciales en temporadas previas. Pero la ausencia de anteriores titulares obligaba a que nuevas figuras asumieran responsabilidades de peso para que las que pudieran estar preparadas... o no.

Hablando con justicia tampoco habían sabido enfrentarlas muchos de sus predecesores, que en diferentes grados tuvieron su parte en la tradición perdedora eslabonada por Camagüey durante los últimos años.

En esta ocasión la novena tricolor no solo igualó su peor desempeño histórico (un casi irrevocable lugar 16, con 11 victorias y 34 derrotas), sino que lo hizo en un contexto donde no resultaba descabellado esperar que iniciara una discreta pero sostenida recuperación.

En lugar de eso, los nuestros mostraron un nivel de juego inferior al que podía haberse augurado en los más negativos pronósticos, con pocas ideas para “mover” los partidos y un estado de ánimo que en muchas jornadas dio bastante de que hablar entre sus seguidores.

Para los archivos, la serie 55 queda como otra oportunidad perdida, otro “tren” que la pelota camagüeyana dejó marchar. Lo más inquietante es que tal desenlace va convirtiéndose en el destino irrevocable de las selecciones agrupadas bajo el signo de las ocho letras. De hecho, toda una generación de beisbolistas locales ha crecido viendo a las escuadras provinciales como seguras integrantes del pelotón de retaguardia (el mejor resultado de la última década fue el octavo puesto de la temporada 46). ¿Cómo enseñarles, entonces, a ganar?

RENDIR BAJO OTRAS BANDERAS

Aunque el peculiar calendario de la pelota nacional para este año impone un largo intermedio destinado a la participación en el Premier 12, y más tarde a los encuentros postergados del calendario regular, ya es posible perfilar algunos de los hombres que deberán mantenerse en acción como refuerzos.

A priori, resaltan los aportes previsibles de selecciones como Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos.

En el caso de Camagüey los malos resultados colectivos serán un antecedente a obviar por los seleccionadores, si bien en nuestra nómina se alinean algunos candidatos “atractivos”, que servirían para complementar las potencialidades de otros planteles.

Atendiendo a lo visto hasta ahora, estos son algunos de los Toros con mayores posibilidades de incluirse en las ocho escuadras de la parte superior de la tabla:

Dairon Blanco: no vivió sus mejores momentos al comienzo de la temporada pero poco a poco consiguió encontrarse consigo mismo. La experiencia del año anterior (con Industriales), que le dio visibilidad, y su remontada de las últimas fechas bastan para no dejarlo escapar (average ofensivo: .302; bases robadas: 13, segundo del campeonato; defensa: .983).

Humberto Bravo: no sería de las principales opciones a la hora de integrar un cuadro defensivo (promedio de .968 que dice mucho), pero sí valdría tenerlo a mano como emergente y si hicieran falta piernas ágiles en los finales de partido (OBP de .369 y ocho robos culminados).

Héctor Hernández: eterno candidato a vestir la franela de refuerzo; en esta temporada tuvo dígitos favorables (.330 ofensivo, 28 anotadas) pero deberá que competir con el “mito” de que los jardineros y/o designados miden seis pies y superan las doscientas libras. Buena opción para los directores que pedirán, solo falta que lo perciban.

Dariel Góngora: No ha sido --con mucho-- su mejor campaña (seis reveses sin triunfo), pero el zurdo “capitalino” ya demostró en la serie pasada (lanzando para Granma) su capacidad para caminar juegos difíciles. Los rivales no le batearon mal en esta ocasión (.275), pero a base de curvas y un mejor respaldo ofensivo pudiera ser una pieza oportuna para varios de los cuadros que siguen en pugna.

Tres Rodríguez: José Ramón, Rolando y Yariel completan la lista de los camagüeyanos con mayores oportunidades de acceder a la segunda ronda. El primero, devenido abridor, se convirtió en el brazo con más triunfos de nuestro staff (tres, aunque con cinco descalabros). Otros datos del santacruceño lo ubican como el máximo ponchador del equipo (35) y el tercero en promedio de limpias (2.83).

Rolandito y Yariel deberán superar las reservas que pudieran suscitar lo desconocido de sus nombres. El jimaguayuense tienen a favor registros como su PCL (1.88) y average de los rivales (.213); el “Ídolo de San Serapio”, por otra parte, si bien no ganó y sufrió cinco reveses en su debut, ostenta en esos apartados balances de 2.35 y .263, respectivamente (además, fue el tercer serpentinero que más entradas lanzó: 38.1).

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