CAMAGÜEY.- Muchas veces el tema de los relevos se ha convertido en motivo de discusión para los seguidores de la pelota en Camagüey. Sobre todo, por el hecho de que en las segundas mitades de juego resulta extremadamente difícil que los Toros consigan embestir en remontada.

Lo sabe cualquier aficionado de por estos lares y lo saben en la Comisión Provincial: de los hombres del “segundo llamado” depende en buena medida el éxito de la formación tricolor… a veces incluso más que de los propios abridores.

Pero como una asignatura que se arrastra de calendario en calendario, el problema sigue sin solucionarse, costando juegos en los que se decide la clasificación del equipo.

El partido de este domingo frente a Sancti Spíritus, segundo de la presente subserie particular, parece un ejemplo de libro para ilustrar el fenómeno del que hablo. Mucho más cuando en su trama se eslabonan casi todos los “ingredientes” que habitualmente condimentan el desempeño agramontino: abridores que pueden cumplir su trabajo solo hasta cierto punto, buena producción ofensiva durante los primeros capítulos seguida por incapacidad absoluta de ripostar cuando el adversario se desata madero en ristre, y un cuerpo de relevistas –el tema de siempre-- que no encuentra cómo aportar un brazo “seguro” para capear el temporal.

En cuanto a los últimos no hay que ser demasiado absoluto. Este domingo en el “Mario Pérez Cuesta” vertientino Orlando González echó mano a todo lo que tenía a su alcance –a diferencia de otras ocasiones, en las que insistió en dejar que las aguas tomarán por sí mismas su nivel–. A su favor vota también la premisa ineludible de que “tampoco hay tanto de donde escoger”.

Como el resto de las novenas, Camagüey ha intentado poner sus mejores cartas en función de las aperturas. Incluso un hombre que en sus comienzos tomaba la bola para intermediar o cerrar (José Ramón Rodríguez) ha sido especializado en la función de abridor con el objetivo de asegurar en la medida de lo posible los compromisos en que trabaja.

Por eso no sorprende que ocho relevistas tricolores hayan tenido que escalar la lomita intentando concluir la faena que había comenzado Yosimar Cousin (5.1, dos limpias y cuatro hits). En la derrota de 8-12 con que los Gallos equilibraron su cotejo como visitantes se resume la problemática del caso para nuestra selección: ocho hombres no pudieron preservar una ventaja de seis carreras a solo once outs del final. A todas luces son demasiados como para pretender que la clasificación sea una meta alcanzable.