CAMAGÜEY.- Francisco Pérez Rodríguez nunca pensó que su nombre se robara un titular en ninguna página especializada en deportes, ni siquiera cuando consiguió el cinturón negro en el arte marcial jiu-jitsu. El rigor de su carrera militar le dejó poco espacio para soñar con las glorias deportivas, aunque en esas décadas fue cuando cultivó el talento que lo trae a Adelante Digital.

La noticia pasó un poco desapercibida el pasado sábado, pero ese fue su deseo: “ser parte del gran movimiento atlético que se suma a la lucha contra el cáncer”. Por eso decidió comenzar su proeza al finalizar el Maratón de la Esperanza, ese que inició el gran Terry Fox en 1979 y que nunca terminará. Con 55 años de edad Francisco, ahora profesor de la Universidad de Camagüey, realizó una exhibición pública en la ejercitación continua de más de 3 000 ejercicios de abdominales clásicos.

“Realicé 3070 abdominales en homenaje a mi padre, que falleció de cáncer a los 70 años, por eso quise que fuera esa la cifra. La práctica sistemática de ejercicios físicos posibilita un mejoramiento notable de la calidad de vida, con un poco de voluntad y esfuerzo se pueden lograr cosas como esta. Este es mi mensaje en un día tan simbólico”, dijo al finalizar la maratónica tanda a la entrada del Palacio de los Deportes Rafael Fortún Chacón.

La increíble marca, avalada por especialistas de la actividad física de la Dirección Provincial de Deportes, podría servir de motivación para nuevos retos o retadores. Pero quizás su autor no ha reparado en que ni siquiera en los famosos archivos de los Récords Guinness se encuentra un acto similar. En una búsqueda que realizó nuestro equipo por varias páginas especializadas, revistas deportivas y redes sociales como Youtube, no encontramos un evento de estas características, pues quienes han intentado récords en abdominales no realizan el clásico en ángulo de 90 grados y mucho menos lo hacen sin parar, como es el caso del camagüeyano.

La otra característica que ha asombrado a todos sus estudiantes y compañeros de trabajo, y ahora a la prensa y los expertos en educación física, es que lo haga a su edad y no termine totalmente extenuado. Según nos contó el propio Francisco, “esto comenzó como parte de mi preparación integral y luego lo asumí como un hobby. Habitualmente hago tandas de 300 y descanso uno o dos días a la semana. Nunca pensé retar a nadie o intentar este tipo de cosas, pero mucha gente me ha animado y decidí hacerlo siempre en apoyo a alguna campaña o fecha importante”.

Si usted no se enteró o no pudo ver la demostración de voluntad y fortaleza psicológica del “hombre bisagra” de Camagüey, no se preocupe, porque estoy seguro que pronto intentará superar su logro. Ya habrán otras motivaciones, o retadores para él, y quizás su “juego” termine en algún libro de récords.