Si no se ha llegado a esa cifra está muy cerca de cumplirse, porque tristemente estos hechos ocurren a lo largo y ancho de la Isla con elevada frecuencia.
El último que presencié fue hace unos días cuando vi como ardían los laterales de la autopista nacional, la mayor arteria vial en la Isla con cerca de 597 kilómetros transitables.
Las causas recurrentes en los 342 hechos reportados entre enero y mayo del pasado 2013 fueron el arrojo de objetos encendidos, las quemas deficientemente controladas de vegetación, la circulación de vehículos con desperfectos y actividades asociadas a la pesca y caza furtivas, indicó la fuente.
Tales afectaciones costaron al país unos 17 millones de pesos cubanos (680 mil dólares), que podrían haber sido utilizados en acciones para la reforestación, la compra de productos e instrumentos agrícolas.
Esos siniestros son provocados, también, por fumadores y transeúntes, quienes con una actitud negligente votan colillas de cigarros o fósforos encendidos en lugares donde se concentra, principalmente, maleza y otros materiales combustibles.
El denominador común de esos desastres es el ser humano, quien no interioriza que los primeros cinco meses del año son calificados como los más favorables para la ocurrencia de estos lamentables acontecimientos, tan dañinos a la economía y al medio ambiente.
Precisamente, es en ese intervalo de tiempo cuando mayores precauciones deben tomarse, pues en él sucede más del 80 por ciento de los incendios forestales en el país, explicaron los especialistas de esa sección del Ministerio del Interior.
Por su parte, los científicos insisten en que desde finales de 2009, Cuba está bajo los efectos de una intensa sequía, lo que unido a períodos alternos de altas temperaturas y el cambio climático favorecen la presencia más seguida de fuegos.
Si no se actúa de una manera rápida y objetiva para minimizar el daño de esos fenómenos, llegará el día en que los bosques y los suelos no saldrán de la "sala de quemados", sino que desaparecerán y se harán infértiles, provocando la muerte de animales y la del propio hombre.
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