Es verdad que Fidel Castro es uno solo, Fidel como nos gusta llamarlo saltando todo los protocolos presidenciales. Pero aquí muchos tenemos el nuestro, el que llegó después de un ciclón, el que pasó por mi (tu) calle y dio la mano a mi (tu) madre alfabetizadora, el que fundó fábricas y escuelas y centros científicos, culturales y deportivos, el que hizo esta mi (tu), nuestra Revolución.

Decir aquí, allá o acullá, "conocí a Fidel" es un orgullo enorme, de esos que nadie se atreve a borrar de su "autobiografía", porque aunque no da puntos para el currículum si es una tremendísima experiencia. Yo también lo vi, no tan cerca como hubiese querido para robarle un beso y darle un cariño de esos que solo daba a mi abuelo Ñico, pero lo vi y vi sus botas firmes que avanzaban hacia nosotros. Cuando llegó era como si nada ni nadie más estuviera en aquel enorme salón del Palacio de Convenciones en agosto de 2005, porque si él está no sobra espacio, lo abarca todo, las miradas, la atención y los saludos.

En la esquina de la casa de mi infancia, cuando en tardes- noches de apagón se hablaba de meteorología y pelota, también se hablaba de él, de que si éramos fidelistas o revolucionarios, de lo que pasaría un día si él no estaba al frente del país. Eran tiempos difíciles, de carencias, mucho más que las actuales, pero todo resultaba más fácil porque Fidel estaba allí.

Nadie entiende cómo sobrevivió este pueblo a tantos embates económicos y políticos, y yo creo que la respuesta tiene un nombre: el suyo. Siempre estuvo, hablándonos, dándonos cuenta de por dónde andaba esto o lo otro. Iba a todos lados, despedía a nuestros atletas y los recibía tras cada evento internacional, conversaba durante horas con pioneros, periodistas, científicos, cederitas... con todos; y se las arreglaba para siempre hacernos sentir que un mundo y una sociedad mejores es posible.

Hay cosas que en mi vida que aprendí de él, la importancia de dar siempre el ejemplo, el nunca perder los detalles y el defender sobre todas las cosas al pueblo, a la gente de a pie, que son la razón de ser de esta Revolución.

Qué bueno que ya son 88 los años que cumplió este 13 de agosto. Quiera la vida que el amor de todos los que lo queremos "así de grande" le de fuerzas y salud para que nos dure siempre.

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