Camina toda la noche por una laguna llena de unas
matas con hojas filosas que lastiman los pies, sobre todo a los que
van descalzos. La tiranía los persigue con efectivos y la aviación.
En Cuba en ocasión del acto de presentación del
Comité Central del Partido Comunista, el Comandante en Jefe Fidel
Castro da a conocer su carta de despedida. Al respecto expresa:
"... para nosotros la situación fue muy embarazosa, porque ya él se
había despedido, había hecho la carta al partir, y se marchó, como
es lógico, discretamente; del país salió -se puede decir-
clandestinamente. Nosotros, guardamos la carta. Eso dio lugar a que
corrieran muchos rumores..., incluso se levantaron verdaderas
calumnias: hubo quienes hablaron de Che desaparecido. Che muerto,
discrepancias y todas aquellas historias. Nosotros soportamos
calladamente aquel chaparrón de rumores e intrigas simplemente para
no arriesgar la misión que él quería cumplir y el personal con que
él debía partir a su destino final, a Suramérica.
"... resultó inevitable publicar la carta, pues
ya era muy perjudicial aquella campaña sin una respuesta y una
explicación a la opinión internacional, y, no quedó más alternativa
que publicar la carta, la carta, desde luego no decía cuál era su
misión. Hablaba sólo de luchar en otras tierras del mundo..."
En San Andrés, cerca de Viñales, Pinar del Río,
efectúa un contacto colectivo con el grupo de cubanos
internacionalistas que irán a combatir. Está irreconocible, lo
presentan como un gallego llamado Ramón. Está extremadamente calvo,
fuma una pipa, con traje impecable, corbata en combinación,
espejuelos, botas muy lustradas.
Después de pasar revista a la tropa e intercambiar
algunas frases, comienza a desaparecer el gallego y aparecer la
figura del guerrillero conocido por todos sus compañeros. Dariel
Alarcón, Benigno, narra que se quitó los espejuelos, las pestañas
postizas, la prótesis de los dientes, el traje. Antonio Sánchez
Díaz, Pinares, le puso su gorra y le dio su camisa.
Explicó a todos lo riesgoso de la misión y
preguntó varias veces la disposición a cumplirla sin ninguna presión
y consciente del peligro que entrañaba.
Escogió el territorio donde operaría y elaboró su
plan de lucha.
Día largo e innecesariamente intenso: al
movilizarnos para llegar a nuestro campamento base, llegó Urbano con
la noticia de que había oído comentar a unos campesinos que pasaban:
“ésos son los que hablaban anoche”, mientras nosotros estábamos en
camino. A todas luces, el informe lucía inexacto, pero decidí hacer
como si fuera perfectamente real y, sin mitigar la sed, subimos
nuevamente a un firme que domina el camino de los soldados. El resto
del día permaneció en absoluta calma y al anochecer bajamos todos e
hicimos café, que supo a gloria a pesar del agua amarga y la manteca
de la olla en que se hizo. Luego hicimos harina para comer allí y
arroz con carne de anta para llevar. A las 3 emprendimos la marcha,
previa exploración y sorteamos con toda felicidad el chaco, cayendo
a la cañada elegida, la que no tiene agua y sí huellas de haber sido
explorada por los soldados.
La radio trajo la noticia de dos prisioneros: Antonio Domínguez
Flores (León) y Orlando Jiménez Bazán (Camba), éste reconoce haber
luchado contra el Ejército; aquél dice haberse entregado confiado en
la palabra presidencial. Ambos dan abundantes noticias de Fernando,
su enfermedad y todo lo demás, sin contar lo que habrán hablado y no
se publica. Así acaba la historia de dos heroicos guerrilleros.
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Se escuchó una entrevista de Debray, muy valiente frente a un
estudiante provocador.