| 31
de Diciembre
Diario
de Bolivia, 1966
A las 7.30 llegó el
Médico con la noticia de que Monje estaba allí. Fui con Inti, Tuma,
Urbano y Arturo. La recepción fue cordial, pero tirante; flotaba en
el ambiente la pregunta: ¿a qué vienes?. Lo acompañaba "Pan
Divino" (1),
el nuevo recluta, Tania, que viene a recibir instrucciones y Ricardo
que ya se queda.
La conversación con
Monje se inició con generalidades pero pronto cayó en su
planteamiento fundamental resumido en tres condiciones básicas:
- El renunciaría a
la dirección del partido, pero lograría de éste al menos la
neutralidad y se extraerían cuadros para la lucha.
- La dirección
político-militar de la lucha le correspondería a él mientras
la revolución tuviera un ámbito boliviano.
- El manejaría las
relaciones con otros partidos sudamericanos, tratando de
llevarlos a la posición de apoyo a los movimientos de
liberación (puso como ejemplo a Douglas
Bravo) (2)
Le contesté que el
primer punto quedaba a su criterio, como secretario del partido,
aunque yo consideraba un tremendo error su posición. Era vacilante
y acomodaticia y preservaba el nombre histórico de quienes debían
ser condenados por su posición claudicante. El tiempo me daría la
razón.
Sobre el tercer
punto, no tenía inconveniente en que tratara de hacer eso, pero
estaba condenado al fracaso. Pedirle a Codovila
(3)
que apoyara a Douglas Bravo era tanto como pedirle que condonara un
alzamiento dentro de su partido. El tiempo también sería el juez.
Sobre el segundo
punto no podía aceptarlo de ninguna manera. El jefe militar sería
yo y no aceptaba ambigüedades en esto. Aquí la discusión se
estancó y giró en un círculo vicioso.
Quedamos en que lo
pensaría y hablaría con los compañeros bolivianos. Nos
trasladamos al campamento nuevo y allí habló con todos
planteándoles la disyuntiva de quedarse o apoyar al partido; todos
se quedaron y parece que eso lo golpeó.
A las 12 hicimos un
brindis en que señaló la importancia histórica de la fecha. Yo
contesté aprovechando sus palabras y marcando este momento como el
nuevo Grito de
Murillo (4)
de la revolución continental y que nuestras vidas no significaban
nada frente al hecho de la revolución.
Fidel me envió los
mensajes adjuntos.
|