Mis recuerdos de Che en Minas de Frío (VIII)
La Emboscada
Jorge
Betancourt Herrera
Entre los ejercicios militares estaba el
de enmascaramiento y emboscada.
El Che se ocultaba en el monte, detrás de un árbol y grandes piedras, en
un sitio que nadie podía imaginarse. A ese lugar le llamaba su “trinchera”
y decía muy seguro: “¡Ahí no hay quien me coja!”
Se posesionaba allí apuntando con el M-1 y siempre capturaba desprevenidos
a los reclutas a los que había orientado buscarle y encontrarle.
Pero el integrante del Ejército Rebelde Esteban Delfín Leyva Torres,
acostumbrado a jugar a los escondidos en el monte, decidió demostrarle lo
contrario y le dijo: ¡Argentino, te voy a meter una bomba… “Ya veremos”,
le contestó el comandante guerrillero.
Una de esas tardes el joven recorrió el área de prácticas y la revisó
bien, hasta encontrar el escondite. El sitio era muy seguro, resguardado
detrás por un barranco., muy difícil de atravesar para llegar por la
retaguardia.
Había que dar un salto grande para llegar allí.
El día que el Che ordenó realizar un ejercicio similar, y se marchóg para
emboscarse, seguro de cogernos por sorpresa. Sin que mis compañeros se
dieran cuenta, m escabullí hasta llegar al barranco.
Como la vez anterior en que atravesé el barranco, me agarré de un bejuco
grueso, que por suerte aguantó de nuevo mi poco peso –estaba muy flaco
–porque si se hubiera roto me hubiera matado o sufrido la fractura de un
hueso, y brinqué al otro lado.
Me arrastré silenciosamente hasta llegar por la parte de atrás de donde
estaba el Che, seguro de que era difícil sorprenderlo, y le dije: ¡Vaya,
te cogí, sí o no!
Asintió y pidió que me quedara junto a él. Estuvimos riéndonos y pasé bien
esa tarde. Le manifesté como en otras ocasiones que no me gustaban ni las
granadas ni las explosiones.
Pero se mantuvo inflexible: Yo era “el granadero” de la tropa..
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