Mis recuerdos de Che en Minas de Frío (lV)
Una noche, el asma
Jorge Betancourt Herrera.
Una noche tarde, no se por qué sería,
porque estaba acostumbrado, pasé mucho frío en la hamaca. Me desperté con
ganas de orinar. Al bajarme, vi al Che dormido debajo, en el suelo, con un
ataque de asma. La imagen que observé nunca se me olvidará: Con la nariz,
al respirar y exhalar el aire,
levantaba el polvo. “El recuerdo es del combatiente del Ejército Rebelde
Esteban Delfín Leyva , cuando la lucha de liberación en la Sierra Maestra,
Cuba.
Tenía limpiecita esa parte del suelo y su boquilla de hacer inhalaciones
estaba al lado… ¡Coño, con que silencio vino, no molestó a nadie, y se
acostó a dormir ahí debajo, ahogándose!, pensé.
Se le veía lindo el pelo largo, suelto. Era un hombre bien parecido, eso
nadie puede negarlo. Esta escena, digna de estar pintada en un cuadro, es
para mi inolvidable. Le vi de forma distinta a como era cada día, tan
recto conmigo y otros compañeros.
Y pese a que yo era un muchachón de casi veinte años, valoré su gran valor
y desinterés al venir de tan lejos a Cuba, a pasar tanto trabajo,
privaciones y hambre, al riesgo de su vida, lo que demostró después en el
Congo y más tarde en Bolivia, al frente de su abnegado grupo de cubanos,
bolivianos y otros hermanos latinoamericanos, durante su práctica
internacionalista. “Es duro, seco, a veces algo irónico con algunos. Sus
modales son suaves.” (2)
(2).- Acevedo, Enrique. Descamisados. Editorial Ciencias Sociales, La
Habana
Cuba. 2001. Página 16.
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