Mis recuerdos de Che en Minas de Frío (X)
Un prisionero
Jorge
Betancourt Herrera
El propio día que el comandante Ernesto
Che Guevara le cambió la guardia al descubrir sus marañas y triquiñuelas
para hacerlas bien temprano, antes de que apareciera la aviación enemiga a
bombardear y ametrallar, Esteban Leyva Torres capturó a un prisionero,
incidente que procede a narrar:
En medio de la metralla vi venir a un hombre afeitado, pelado y vestido
con uniforme verde olivo limpiecito, y trató de subir. Pensé que era un
guardia de la tiranía porque en la Sierra Maestra, zona oriental de Cuba,
los combatientes del Ejército Rebelde andábamos por lo regular mal
vestidos, sucios, desgreñados y con el pelo largo…
“¡Ah, ahí vienen los guardias!, pensé, porque siempre después de concluir
su bombardeo los aviones trataban de avanzar hacia nuestra posición.
“¡Coño, me tocará enfrentarlos solo, porque los demás compañeros están
ocultos en los hueco y trincheras!
Y el tipo caminaba, miraba a los aviones y seguía, y yo lo tenía como a
diez metros de distancia en la mirilla del Garand. Le voy a romper la
“pechuga” –así decíamos meterle los balazos en el pecho.
Siguió su avance y no me decidía a apretar el gatillo. Me entretuve
mientras miraba para ver dónde estaban mis compañeros, para ver si venían
en mi ayuda, y llegó a unos cuatro metros de distancia antes de que le
diera el ¡alto!
Se paró. Tenía un revolvito e hizo ademán de extraer. ¡Cuidado con
tocarlo, porque lo voy a acribillar! Grité. “¡No, no, yo soy compañero
tuyo!” Yo no lo conocía. ¡Compañero mío, con ese uniforme, acabado de
bañar y afeitar! Me acerqué sin dejar de apuntarle. “Dame acá ese
revolvito!, dije al quitárselo.
Le dejé explicarse y aseguró que traía un mensaje para el Che. ¡Coño,
compadre, te has salvado no se ni cómo!, contesté. No obstante, “por si
las moscas” –había que ser siempre desconfiado- lo envié prisionero.
Al rato el Che vino a verme donde me encontraba y me dijo que así era como
había que hacer las guardias, siempre alerta...
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